Esa tristeza profunda que se te cuela en el alma cuando escuchas palabras injustas de alguien a quien amas mucho y no reconoces. Esa tristeza profunda que sientes cuando esa persona que viste crecer ya no es la misma porque otras voces llenaron de murmullos sus oídos ensuciando sentimientos…duele, duele en ese rincón del alma donde habitan los amores incondicionales, aquellos que por mas lluvias y tempestades que los azoten permanecen intactos como el primer día. Y desde ese dolor e infinita tristeza se escapa el resplandor de la esperanza de que llegará un día en que nuestros caminos vuelvan a unirse y un abrazo tierno volverá a fundirnos.
Etiqueta: Dolor
Si supiera…
Si supiera escribir…
Escribiría la historia más triste de mi vida.
Si supiera cantar…
Cantaría la historia más triste de mi vida.
Sería como exorcizar mis demonios.
Librarme de ellos y vivir…
Vivir plenamente…
Pero si me preguntaras,
¿qué cosas no haría si volviera a nacer..?
No lo sé, repetiría mis pasos,
repetiría mis errores.
¿Por qué?
Porque creo en el destino y en la sabiduría de Dios.
*Libro «Reconociéndonos»
El dolor de Miranda
Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera.
Cuando piensa en ello todavía tiembla.
Tanto sufrimiento manifiesto… Esa expresión de tristeza pintada en el rostro. Toda ella es la imagen de un dolor muy profundo. Es una mujer hermosa, delicada, de esas bellezas nacidas desde el alma. No merecía el padecimiento que la vida le había deparado.
Miranda se casó muy joven con el hombre que la familia aprobaba y que estaba muy enamorado de ella. Le brindaba una vida acomodada pero vacía, ella sólo le tenía cariño, no había conocido el amor. Únicamente había experimentado el de madre por esa pequeña que era el centro de su mundo.
El motivo de tanta desdicha se inició en unas de esas reuniones que se llevaban a cabo en la casa de campo de la familia. Allí se dio cuenta de que los hombres despertaban otros sentimientos, además del cariño que sentía por su marido. Al ser presentada al apuesto amigo de su primo, quedó deslumbrada.
El día le resultó corto, a pesar de que la niñera se ocupó de la beba y ella dispuso de tiempo completo. Por primera vez escuchó palabras de halago. Por primera vez la hicieron sentir bella y deseada. El enamoramiento fue tan rápido que no le permitió notar la expresión de los rostros que la rodeaban; estaba más allá de los cuchicheos.
Mientras su esposo observaba con atención cada movimiento acumulando rencor, ellos dedicaron la tarde a recorrer los senderos del parque abstraídos en lo que estaban viviendo.
Llegó la noche… el regreso al hogar… la explosión del marido cuando estuvieron en la soledad del dormitorio. Nunca lo había visto así, su rostro era una máscara, estaba demudado, la trató de “mujerzuela”, de “mal ejemplo para su hija”, y de muchas otras cosas que cayeron en su corazón como piedras en el agua. Apenas se dio cuenta de que estaba preparando un bolso y que era expulsada de la casa con los brazos vacíos.
María se estremece y piensa con culpa que forma parte de la desdicha de su hija. Ella influyó en ese matrimonio de conveniencia. Levanta la taza de té y, por sobre el borde, mira a su marido manifestando con lentitud:
– Somos responsables de su desgracia y debemos asumirlo.
Fernando devuelve la mirada con desolación: Miranda, la niña de sus ojos está sufriendo, aquella pequeña que llenaba la casa de alegría y henchía su corazón de ternura, con el cascabel de su risa, hoy está hundida en un pozo de melancolía alejada del pequeño retoño.
– ¿Sigue en el dormitorio? –pregunta.
– Sí, no salió desde el momento en que regresó a casa. Debimos educarla mejor. Fortalecer su carácter y no presionar con ese matrimonio.
Los ruidos del corredor se hacen más intensos, la puerta se abre y la mucama con el rostro enrojecido anuncia:
– ¡La niña no despierta…!
Un grito de dolor y la silla que cae es la repuesta.
Lelia Di Nubila
LLorando en silencio
Hay dolores profundos que nos postran.
Sentimos que no podremos recuperarnos.
Ya los pase, ocupan un lugar muy profundo en mi corazón.
Hoy siento tristeza, la tristeza que trae la desilusión.
Cuántas personas que ayer me acompañaban hoy dan la espalda.
¿Por qué?
Porque en los momentos difíciles reconocemos la fidelidad?
El miedo hace retroceder.
Solo los fieles, los íntegros permanecen de pie, los otros, tropiezan
y está en nosotros tenderles una mano o dejarlos ir.
Señor, ¿cuántas manos deberé tender…?
Lelia Di Nubila
Niño Toba
Con tu carita redonda de rasgos marcados…
Por el origen de tus antepasados,
Los dueños de la tierra.
Fue tan fuerte, la semilla que sembraron
Que las guerras y la mezcla de razas
No permitieron que a través de los siglos se perdiera.
Con tu carita redonda de rasgos marcados…
Miras con asombro la mano que te tienden,
Ya no sabes de donde viene…
Y si esto también tiene un precio.
Con tu carita redonda de rasgos marcados…
Mirada perdida y sin esperar nada.
Golpeas mi corazón…quiero abrazarte,
Protegerte, pero no puedo.
Necesito muchos brazos y muchos besos,
Para apagar el grito que se estrangula en tu garganta desde toda la vida.
Ya no confías…te han usado demasiado,
Sólo palabras que no entiendes,
La pobreza te sigue rodeando.
El hambre se hace carne en tu familia, en tu pueblo.
Tu pueblo originario, orgullo de un país que no te ve.
Niño Toba, hay alguien que nadie te dijo:
Eres un niño chaqueño, eres un niño argentino.
Niño Toba todos los días son tu día porque tienes los mismos derechos de todos los niños de esta tierra.
Con tu carita redonda de rasgos marcados,
Regálame una sonrisa…sólo eso te pido.
Lelia Di Nubila

