Famiglia Di Nubila

Trabajar en Genealogía no se puede medir por tiempo, hay documentos que los encontramos en horas o días y otros que nos llevan años.

Hace ocho años  hice un amigo en Facebook, buscando mi apellido, si bien no se escribía exactamente igual,  la intuición me decía que podía ser  “familia”. Pertenecer a alguna de las tantas ramas de Di Nubila que abandonaron Italia por diferentes razones para afincarse en distintos lugares del mundo.

Después de ocho años puedo decirle a mi “primo” colombiano, como nos llamamos, que encontré algunos de los eslabones perdidos. Encontré su abuelo, que al igual que el mio tiene sus raíces en Montemurro, allá en la Basilicata. Todavía no uní las ramas pero estamos cerca. ¡Brindo por Colombia y Argentina primo!…¡por la Italia de nuestros ancestros…por Scipione De Nubila hijo de Francesco Rocco Maria Di Nubila y Carminella Giordano! ¡ Por nosotros!

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Sueños compartidos

En mi familia es común hablar dormido, nos persigue cierto sonambulismo. También “soñar en voz alta”, en ese estadio del sueño liviano que nos confunde y no sabemos si lo que estamos viviendo es real o no, si la voz que escuchamos, que suena tan parecida a la nuestra sólo es escuchada por nosotros o hacemos partícipes a los otros.

Un día mi nieta, asombrada con el sueño que había tenido, con mucho entusiasmo comenzó a contármelo. Y, en ese momento, descubrí que disfrutaba de sus sueños tanto como yo, le pasé mi celular y le pedí que me lo grabara para poder compartirlo los mas exacto posible Aquí va el sueño de Abril:

Estábamos en dos cabañas pegadas, “había como seis mil…”, encontré una gata igual que la Mimi, parecía perdida, empiezo a jugar y ella me guía hasta un lugar, entro y estaban todos, los tíos, los abuelos, todos .. todos…  en una ronda de silla y en el medio  sentada como indiecito la tía Vero, todos decían “que lindo bebé” y le tocaban la panza.

Entré escondida, porque con mi papá y mis hermanos estábamos en el lugar y no sabíamos que ustedes también y tampoco sabíamos que la tía esperaba un bebé. Le aviso a mi papá y él vino y se sentó en una esquina sin que nadie se diera cuenta, de pronto habló sorprendiéndolos. Agustín, Mateo y Emma eran mucho más grandes y andaban correteando por ahí.

Me despierto…vuelvo a dormirme y entro nuevamente en el sueño, pero vuelvo a la cabaña y sólo estaban los abuelos y la tía Celia, pregunto y me dicen que fueron al hospital. Nació el bebe al que le pusieron un nombre raro que no recuerdo, pregunté porque se llamaba así y la tía Vero me dijo que era el nombre del hijo de  su mejor amiga.

Me desperté nuevamente y volví a dormirme siguiendo con el sueño, los chicos eran más grandes, el bebé también…y yo… tenía como 13 años. Nos fuimos a comer para festejar “el cumple mes” del bebé y decían los chisten de siempre . Los chicos jugaban cada uno por su lado, se cae Emma y nadie hace caso  porque estaban todos atentos al bebé.

De pronto escucho Abril, Abril, Abriiiiiiiiiiiiil, pensé que era parte del sueño, me tocan, me doy vuelta y era Santiago que me llamaba para me levante porque ya era tarde…

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Christian Schloe

Tu mano en mi espalda

Tu mano en mi espalda,
es la más dulce y suave
que posarse pudiera…
Tu mano en mi espalda
es ave y es volcán.
Tu mano en mi espalda
es caricia y es fuego…
Es fuerza… Es empuje…
Es esperanza… Es futuro…
Es vida…
Gracias, Dios mío
por apoyar… tu mano en mi espalda
todos los días.

Lelia Di Nubila-libro Reconociéndonos

Ioannes Iacobus di Nubila

Hace unos días subí un escalón más en mis Di Nubila. Se trata de la línea directa de mis ancestros. Sin esperarlo, en medio de un expediente matrimonial apareció “Ioannes Iacobus di Nubila”casado con Carmina Montesano, segunda esposa, hijos de Montemurro, fallecido el 17 de Noviembre de 1794,  a los 63 años.

Giangiacomo, como se italianizó su nombre, es mi 4º abuelo y de él descienden casi todos los Di Nubila de Francavilla Sul Sinni. Es nuestro ancestro en común. El une la Familia Argentina, Brasileña e Italiana. Las ramas se van uniendo.

 

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Angustia oral

Y si, todos pasamos por esos momentos que llamamos de “angustia oral”. Justo lo que me pasa ahora, y como muchos hacemos voy a “papá Google” dónde encuentro cantidades de  artículos, todos hablan de los mismo: enojo, desilusión, carencia de esperanza, descontrol, sentirse despreciado, aburrimiento.

¿Pues que pasa conmigo? no me encuadro en ninguno de ellos. No estoy enojada con nadie y menos conmigo misma. ¿Desilusión ? por supuesto que casi todos los días pasamos por una pero eso no me lleva a enterrarme en la alacena y la heladera. ¿ Carencia de esperanza?Nunca me falta  esperanza, siempre veo la luz a través de oscuridad. ¿Sentirme despreciado? la verdad … nunca me lo plantee y si fuera así no me enteré, por lo tanto tampoco es un motivo. ¿Descontrol? …¿cuándo, cómo, donde? Aburrimiento?, no tengo tiempo, tengo tantos proyectos de todos los tamaños y se me dificulta plasmarlos.

Bien he llegado hasta aquí sin una respuesta. Resultado… estoy padeciendo angustia oral de origen desconocido y si no encuentro pronto la solución mi cuerpo no me lo agradecerá, mis huesos crujirán más fuerte y las neuralgias aumentarán.

Si alguien tiene una solución a mi problema espero su ayuda.

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Te extraño

Anoche estuviste presente en la mesa familiar, en mis sueños por supuesto. ¡Cómo te disfruté padre! Eras vos y no lo eras. Estabas algunos años más joven, con traje blanco, y hablando del cigarrillo como una debilidad tuya. Lejos, muy lejos de la realidad, lo detestabas y cuándo de jovencita saqué uno de mi cartera en una fiesta y fumé delante tuyo, sentí tu mirada punzante y un dejo de desilusión.

Anoche también hablamos de eso, de que mi rebeldía sólo duró un par de años.

Que lindo verte sentado a la cabecera de la mesa, chispeante, recién llegado de un “largo viaje”.

¿Puedo decirte que te extraño?

¡Te extraño Salva!. No importa la cantidad de años que hayan pasado desde tu partida. Si voy a visitarte sé que terminaré postrada sobre tu lápida llorando.

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Sentimientos

Cuándo alguien se enferma de gravedad en nuestro círculo de conocidos, nos vuelve tan vulnerables, nos recuerda que no somos eternos.

Que debemos dejar de proyectar a largo plazo para disfrutar del presente.

Que nuestros amigos de la vida no están tan lejos como pensamos y bien vale un reencuentro.

Que nuestra familia es el abrazo más acogedor que nos brindó Dios y debemos agradecerlo todos los días.

Que la naturaleza que nos rodea está aquí y ahora.

Debemos disfrutar todo lo bueno y aceptar lo malo porque de ello aprendemos.

De eso se trata la sanación.

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Confusión

Si ayer te buscaba desesperadamente,

como es que hoy que te tengo no me doy cuenta.

Será que estos años de convivencia

¿borraron toda melancolía?

 

Si tanto añoré un hijo tuyo.

Como es que hoy que lo tengo

no me doy cuenta.

¿Será que el saberlo nuestro bastó para aplacar mi anhelo?

 

¡Ay! amor mío,

cuántos sueños llevados a cabo,

cuánta unión en cada hora pasada.

Cuánto amor.

¡Cuánta esperanza…!

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Doña Elena Saquer de Puente

Doña Elena Saquer de Puente, para muchos una institución de General San Martín, para mi…significa otra cosa. Ella fue alumna de mi madre en el Colegio “Ntra. Sra de Itatí” de Resistencia. Cuándo unos años después nos mudamos a San Martín fue la amiga que la recibió con los brazos abiertos, que la hizo no sentirse tan sola en un lugar desconocido. Fue su amiga de toda la vida, con los vaivenes que esta puede tener, con las discusiones y reencuentros, con los abrazos y las disputas. Amigas…hasta el momento en que mi madre partió. Fueron muchísimos años.

Para mi, Elena viene a ser como una tía, una tía a la que respetaba por que también la tuve de Jefa de Preceptores en el secundario, y para ella, allí no había familia, yo era una más y en muchas ocasiones sentí el peso del reglamento.

Haberla visitado después de tantos años y verla tan bien, tan lúcida, tan entera, fue como volver a recuperar la memoria de mi madre,y  sumado a ello  también   parte de la memoria de mi tía Estela Quattrochio.

Elena… a quien nunca pude llamar tía, salvo ahora que me surgió naturalmente.Es la persona que me puede contar historias desconocidas de mi familia y otras que conozco a través de la visión de la niña que fui, que siempre tiene un tinte diferente.

Elena… la de sus ochenta y largos años, que sigue tan activa, ocupada con el teléfono, el celular, llamadas y agendas, organizando cosas… es parte de mi infancia, de mi adolescencia, de mi juventud y también de mi madurez. Siempre estuvo allí, como esas hermanas de nuestros  padres a quien quizás no vemos mucho pero sabemos que están y que podemos volver a ellos en cualquier momento, que nos escucharán y que se harán oír.. ¡oh sí! ¡se harán oír! Contarán todo lo que han tenido guardado durante tantos años, con ciertos retoques por supuesto, cada uno le pone el acento en aquello que más quiere o más le disgusta.

De muchas maneras ella es parte de mi memoria, parte de la memoria que perdí con la partida de mi madre.

elena y mamá.-

El sueño prometido

  Cada vez que toma entre sus manos esa caja de plata con incrustaciones de nácar, proveniente de India,  se sume en un temor desconocido; a la vez, que queda subyugada.

  Había sido un regalo de Carlos, para su último cumpleaños, y todo lo que viniera de él tenía un interés especial.

   Alejandra, sentada al borde de la cama,  recuerda a Carlos como un  hombre posesivo, de aspecto rudo, pero de amores intensos. No  había tenido reparos en enlistarse en el ejército de su Majestad, la Reina de Inglaterra, para sostener el poder de la Corona, en la India. Para él era una necesidad demostrar persisténtemente su virilidad, pero de la forma más extrema, la exacerbaba.

   Se pone de pie, camina hasta su tocador y se mira en el espejo;  en él ve reflejada a una mujer de una belleza especial: cabellos oscuros que destacan sobre una piel de porcelana; estas evocaciones la retrotraen a las miradas que recibía al ingresar a un sitio, cuando el vaivén de su vestido acompañaba el movimiento de su cuerpo. Desde muy niña  había sido el centro de la familia gracias al carácter alegre y extrovertido que  poseyera siempre, y desde el momento en que comenzó a asistir a reuniones sociales se destacó  más que su hermana, todos la rodeaban de atenciones que ella aceptaba con naturalidad.

  Un sólo error  había cometido en su vida: enredarse en esa relación amorosa con Carlos,  relación que duró apenas un suspiro, pero que la marcó. A partir de  entonces, se volvió  mesurada y cuidadosa en el trato con los hombres, prueba de ello fue su matrimonio con Eduardo.

   El matrimonio le brindó una vida cómoda y buena, pero no impidió que continuara unida a Carlos a través de las cartas, mediante  las cuales se enteraba de la vida llena de riesgos que llevaba su ex enamorado, y eso la emocionaba.

   Piensa en Eduardo, tan diferente de Carlos. Él es un hombre elegante, de una prolijidad extrema. Desde su boda con  él, no existen los imprevistos, su vida está organizada hasta en los pequeños detalles, esto la tranquiliza… pero las cartas de Carlos le provocan esas cosquillas por lo impensado, por la aventura.

   Se siente aletargada, producto del discurrir por el camino de los recuerdos, se vuelve  y se echa en la cama abrazada a la caja de plata. Paso a paso va del letargo al sueño y la caja de plata se transforma en un cofre que contiene una botella verde con un raro líquido, y  la promesa de que al beberlo podrán vivirse  los sueños más escondidos, compartidos con la persona amada… Carlos.

Se estremece en la cama, profundamente dormida; desesperada, ve a su marido recriminándole por el abandono y rogándole que regrese al hogar que conformaron con tanto esfuerzo. Carlos, desde una esquina, con su risa sarcástica, agita la botella llena de promesas. Se encuentra tironeada por estos dos hombres que representan  pasado  y  presente de su vida. La decisión le resulta muy difícil.

  Ve una figura en las sombras que observa la escena: es su padre, quien con expresión dolorida le pide que regrese.

  Gira sobre si misma, se estira y lentamente  despierta; mientras lo hace, le parece escuchar a su padre que susurra a lo lejos:

  -¿Tomará ella la decisión de despertar?

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George Friedrich Kersting