Palabras ausentes- Capítulo I


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Esta es una historia muy peculiar, todavía no puedo descifrar si la he vivido o el imaginario colectivo la grabó en mi memoria.
Es una historia de vida, de alguien a quien conozco mucho. Alguien cuyos recuerdos se disparan desde muy pequeña, en el patio de la casa familiar, corriendo con sus hermanos mayores y gritando a viva voz, disfrutando, riendo.
El siguiente recuerdo es penoso la tiene como testigo mudo de una discusión entre su madre y una desconocida. Ella sentada en el suelo con una bolsa de juguetes, en una casa diferente de habitaciones grandes y muebles antiguos, sombría y silenciosa salvo por esas voces disonantes y rostros serios que no comprende. En otra provincia…
Son estampas grabadas a fuego, únicas por su significado: era testigo inocente del cambio de vida de una familia que se disolvía, pero no tenía la suficiente edad para advertirlo.
A partir de allí el álbum imaginario da vuelta sus páginas, a veces lentamente, otras muy rápido. Es como una cortina que se va corriendo y deja ver ciertas cosas, y por la gracia de la naturaleza sólo muestra aquellas que menos daño hacen, matizadas con otras más traumáticas.
Si los adultos pudieran adentrarse en la mente de un niño, serian diferentes, verían las marcas indelebles que plasman en ellos, pensar de otro modo sería perverso.
La infancia, la infancia merece un capítulo aparte.

Estela

Hoy hace 67 años que partía Estela, por decisión propia, dejando un halo de misterio sobre sus motivos y mucho dolor en su familia. Estela, la tía que compartió mi vida a pesar de no conocerla. La que amé y admiré  a través de las historias escuchadas de aquellos que compartieron con ella sus clases, sus alumnos.

Hace 5 años la recordaba así:

Un día como hoy, hace 62 años, ESTELA QUATTROCHIO decidió partir para siempre. Era una persona única e irrepetible como muchos, pero ella marcó nuestra vida porque fue la tía nunca conocida pero siempre “presente”, nos acompañó permanentemente porque Pacita, su hermana, mi madre, no se permitió olvidarla.
Estela partió unos días antes de cumplir los 33 años, pero ya con toda una trayectoria cumplida. Fue una referente cultural del Chaco.
Nacida en Victoria, Entre Ríos y apenas recibida de Profesora en Letras vino a Resistencia a ejercer la docencia, lo hizo en el Colegio “Ntra. Sra. de Itatí”, Colegio Nacional y Escuela de Comercio. Fue Presidente de la Biblioteca “Rivadavia”, Miembro del Ateneo del Chaco, participó del inicio del “Fogón de los Arrieros”. Dictó conferencias sobre Literatura Americanista, en la provincia, en Buenos Aires y viajó a España auspiciada por la Embajada Argentina. En Madrid conoció a quien fuera su esposo por apenas unos meses y entre otros a al poeta que le dedicó estos versos…
ESTELA fue una Quattrochio, adelantada a su época “la fea más linda” le decían sus amigos, y en su corta vida hizo lo que muchos no hacemos en una vida entera.

ESTELA
Buscando la luz del agua
Se convirtió en agua viva
Primero la escuché hablando
Cerca de su voz
Y ardía.
Me pareció que la vi
Me parecía.
Después la sentí soñando
Que soñaba
Y que vivía.
Me pareció que la vi
Me parecía.
Después se quedó tan quieta
Que se me iba
Me pareció que la vi
Me parecía.

Luis Rosales
Madrid, 29 de enero de 1949

Estela

Ellos y sus sombras

En momentos como este cuándo el cuerpo se relaja y la mente despierta…y la madrugada avanza…Avanza tanto que se acerca el alba sin poder dormir, pienso en mis amores, los que me acompañan y los otros que han partido pero siguen aquí conmigo.

Ruego por ellos, por la paz de sus almas y su bienestar.

Hablo con ellos como tantas veces lo he hecho desde el silencio o en sueños.

Los siento aquí…acurrucados junto a mí.

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Despedida

Dos años,

Dos años significan poco en el almanaque común,

pero en el del corazón,

son mucho, mucho más largos.

 

Dos años de aquel día, comienzos de clase

en que te vi como una más de nosotras.

 

¿Te acuerdas Antonia?

La algarabía cundía en las filas.

 

Pasaron días y días,

días de alegría,

días de tristeza,

pero todos… días de compañerismo.

 

Hoy seguimos juntas

pero por muy poco tiempo.

Ha llegado el momento en que nuestros caminos,

como aquellos que enmarañan el mapa,

se dirigen a rumbos distintos.

En esa bifurcación hay un cartel que dice: ADIÓS

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Nuestros pueblos originarios: Los Tobas o Quom

Recuerdos de infancia me traen la imagen de “los paisanos” como los llamábamos entonces, vendiendo yuyos curativos recogidos del monte, canastos tejidos con hojas de totora , máscaras labradas en palma, arcos y flechas, jarrones, animales nativos de la zona, rosarios modelados en barro, dándoles la impronta de su cultura.

En aquellos años se manejaba mucho con trueque, recibían ropa o comida a cambio. Hoy los encontramos en ferias artesanales, rutas, veredas céntricas o recorriendo la ciudad. Mucho se ha hablado en estos tiempos sobre los “Derechos Humanos”, pero no fueron incluidos o no se cumplieron para ellos.

En la Provincia del Chaco, en 1962, hace 55 años  por iniciativa de Doña Inés Garcia de Márquez se creó el Coro Chelaalapí (Bandada de Zorzales), con sus instrumentos propios, atuendos propios de su etnia tejidos  con fibra de la “yica” y el lamento de sus voces que al escucharlos hace temblar el corazón.

Fue consagrado como Patrimonio Cultural Viviente por la UNESCO.

Actualmente el grupo Tonolec  interpreta sus canciones, respetando sus orígenes. Aquí comparto un video de ellos junto al Coro.