¿Cuándo fue el día en que te apoderaste de mi vida, que socavaste mis decisiones?
¿Cuándo renuncié a mi libertad y me dejé atrapar?

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¿Cuándo fue el día en que te apoderaste de mi vida, que socavaste mis decisiones?
¿Cuándo renuncié a mi libertad y me dejé atrapar?

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Hay días en que me siento otra… No habito en mi cuerpo.
Vuelo en el tiempo y repaso mi historia. Tal vez, historias imaginarias…
Quizás aquellas que quise ser y la vida cambió su derrotero.
Hay días en que no habito en mi cuerpo,
navego en la fantasía de lo que no pudo ser.
Mis alas en algún momento se quebraron, y entre esas fisuras, se perdió mi ilusión.
Si me buscas y no estoy, quizás la nostalgia se apoderó de mí.
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Cada ciudad tiene su particularidad -al menos para quienes vivimos del otro lado del mundo- y las diferencias culturales lo dejan en evidencia.
Hace años, con un grupo de amigos, la visitamos en un recorrido por varias ciudades europeas. Lo que más nos llamó la atención era la prioridad de paso: los ciclistas van en primer lugar y los peatones debemos esperar. No se trataba de un par de ciclistas, la espera era constante ya que para ellos es un medio de transporte habitual. La diferencia en educación vial con Argentina es abismal.
Y hablando de bicicletas, había estacionamientos de varios pisos, repletos de ellas. Algo que para nosotros sería un problema grave: ¡jamás habríamos podido reconocer la nuestra si la dejábamos ahí!

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Nunca sabré cuándo será el último día que te vea, por eso… todos los días te digo cuánto te quiero…
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Sentir,
sentir que el mundo se me escapa de las manos.
Sentirte lejos, tan lejos, que aún tocándote no te sintiera.
Saber que hoy y mañana pierden significado
para dar paso al ayer.
No saber si reír o llorar porque al fin todo da lo mismo.
Reír bien fuerte, con carcajadas agrias;
los nervios y el rencor de alguna forma tienen que salir.
Dormir,
dormir aunque el sueño no venga,
con los ojos abiertos, pero dormir volando de la realidad.
Llorar, llorar histéricamente,
donde se confundan lágrimas y risas.
¿Qué importa si hoy o mañana?
¿Qué importa si nunca…?
¿Qué importa si todo o nada…?
¿Qué importa si el ayer y hoy metidos en una coctelera,
es esta bebida tan amarga, que hace vomitar antes de tomarla?
Vivir no es difícil, pero dejarse vivir es más fácil aún:
es vegetar, es dejarse arrastrar, hoy por esto, mañana por…
Mañana… ¡qué fea palabra!, tan hueca, vacía de cosas,
ni siquiera tiene recuerdos que paseen por sus calles.
Prefiero el ayer, siempre es mejor; allí todo ya está hecho,
no hay por qué preocuparse, total: “lo hecho, hecho está”.
Jugar, me gusta jugar… Nunca supe jugar.
Antes no sabía hacerlo porque era muy chica;
hoy, no puedo, me siento muy vieja.
Mi vida fue un salto, como Fulgencio.
No tuve la dulce inconciencia de la infancia.
Problemas más problemas igual traumas.
Ergo: mi vida.
Pero aprendí a decir algo:
«TE QUIERO».
Porque no importa, porque es fácil.
Que importa si el mundo va para atrás o para adelante,
total… Yo sé que «TE QUIERO».

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