Pasaste por mi sueño muy raudamente, casi sin mirarme, como lo hiciste en mi vida. Tus palabras fueron: «avísale a mamá» ¡Vaya incógnita!

Pasaste por mi sueño muy raudamente, casi sin mirarme, como lo hiciste en mi vida. Tus palabras fueron: «avísale a mamá» ¡Vaya incógnita!

Si ayer te buscaba desesperadamente,
como es que hoy que te tengo no me doy cuenta.
Será que estos años de convivencia
¿borraron toda melancolía?
Si tanto añoré un hijo tuyo.
Como es que hoy que lo tengo
no me doy cuenta.
¿Será que el saberlo nuestro bastó para aplacar mi anhelo?
¡Ay! amor mío,
cuántos sueños llevados a cabo,
cuánta unión en cada hora pasada.
Cuánto amor.
¡Cuánta esperanza…!

Giran y con ellas giran mis pensamientos.
Veo mi infancia triste,
triste y con pequeñas alegrías.
Una infancia donde miro desde el afuera lo que me rodea,
sólo observo, no tengo participación.
Mi adolescencia con mucho dolor, pero aprendiendo a amar.
Mi juventud luchando, luchando por sobrevivir…
y en la madurez llegó la serenidad.
Miro hacia atrás y comprendo…
Comprendo que valió la pena esperar…

Es el atardecer,
estoy sentada mirando las nubes que barren el cielo.
¿Qué cosas podrían contarme si hablaran?
Quizás podrían hablar de sufrimientos.
Quizás disfrutarían recordando momentos felices.
Quizás, quizás, hasta el infinito…
Son mágicas y me arrastran con ellas…
Veo figuras que se forman y deforman,
por su libre albedrío.
Son mágicas y me arrastran con ellas…
Veo esperanza, felicidad y sobre todo veo paz.
Son mágicas y me arrastran con ellas…
*Libro «Reconociéndonos»

Los rutas de Entre Ríos marcaron mi infancia. Con su cuchillas tapizadas de diversos colores —de verde o amarillo, dependiendo del cultivo— o la tierra recién roturada preparada para la siembra. Esas pendientes del camino vistas desde la ventanilla del ómnibus, se veían como algo irreal para mi, una niña nacida en el Chaco de tierra llana y mucho monte.
Las rutas de Entre Ríos no solo quedaron grabadas en mis pupilas, sino también en mi corazón. Las recorría los veranos junto a mi madre que volvía a su terruño y al seno de su familia. Esas ciudades y pueblos como Victoria, Nogoyá, Gobernador Mansilla o Conscripto Bernardi, con sus construcciones antiguas y esos portales y rejas que maravillaban, los recorríamos visitando a la familia, o la tumba de mi abuela.
Los veranos pasados en Entre Ríos, sus casas, sus rutas, sus calles, sus pueblos y …el «coche motor» —el tren— que tomábamos para llegar a Conscripto Bernardi eran toda una aventura en mi cabeza de niña.
Hace unos días, de regreso de Buenos Aires pasamos por el sur de la provincia de Entre Ríos y no pude evitar grabar un pequeño video para plasmar algo de mis recuerdos. Como mi blog no me permite subirlo, quizás unas tomas sirvan de muestra.
No digas no,
no lo haré.
Di “quizás…”
Deja una puerta abierta
que la necesitarás.
El ser terminante en nuestras decisiones
nos lleva a lamentarlo.
Una puerta abierta al futuro…
es lo que necesitamos.
Una puerta abierta…
Una promesa de algo más.
*libro Reconociéndonos

-Memorias de una Princesa-
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