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Ntra. Sra. de Aranzazú
Es el nombre de la Parroquia de Victoria, Entre Ríos, ciudad dónde nació mi madre y donde está guardada la historia de mis antepasados maternos.
Hace unos años viajé a esa Provincia para reencontrarme con mis recuerdos de infancia… Esos viajes que hacía con mi madre quedaron grabados en mi memoria y en mi corazón- Esa familia desconocida para mi —aunque muy pequeñita estuve allí, no lo recordaba—, a mis doce años me sorprendían por su cariño y expresividad a la que no estaba acostumbrada. A partir de ese momento se abrió un mundo nuevo: una relación a la distancia con tías y primos.
Volver a Entre Ríos con otra mirada… Llevaba varios años dedicada a la Genealogía e iba tras la búsqueda de registros civiles y eclesiásticos de mis ancestros, todos en Victoria, antigua ciudad donde había nacido mi madre y ya no me quedaba familia.
Entrar a la parroquia fue muy emocionante y tener esos libros centenarios en mis manos hacían que estas temblaran y no pudiera fotografiar las actas, de ello se encargó mi marido.
Es una Parroquia bella, llena de historia, como tantas otras, pero ésta atesora la mía.

Poema LIII
En la oscuridad de la noche
y en la soledad de mi cuarto,
te pienso a mi lado.
Sin donde, ni cuándo,
sin muchos horarios.
Sólo tú y yo estamos.
Son sueños lejanos,
que a la realidad escapan.
Déjame olvidarte
Siento que te quiero,
pero esto nada cambia.
Te mantienes lejos, a igual distancia.
Puedo hacer miles de cosas
pero antes de todas ellas, estas tú.
Ante cada libro, ante cada verso,
tu rostro aparece,
fantasma, de un pasado reciente
orlado de recuerdos sin fin.
Persigues mis noches.
Persigues mis días.
¿Porqué?…
Sino piensas darme tan sólo un minuto.
Deja tranquila mi imaginación.
Olvida que existo.
Esconde tu recuerdo para que no venga a mí.
Te quiero, pero ya nada importa,
tus noches se han ido muy lejos de mí.
Sólo tus recuerdos bailan en mi mente
al son de un disco de jazz.
Lelia Di Nubila
Poema para tu olvido
No te importa
ni me importa,
aquello que vivimos.
No te importa, ni me importa,
aquello que no fue…
No me importa
el mundo que vivimos.
No me importas tú.
No me importa ser.
Recuerdos de un mundo que he soñado,
se queman en la hoguera del ayer.
Recuerdos de caricias que me has dado,
en el álbum del olvido ya han quedado.
No me importa tu existencia.
No me importan tus creencias.
No me importas tú…
Has muerto…!
Lelia Di Nubila
CUENCA, ESTOY ALLÍ… NO ME HE IDO
Recorrí medio mundo, sin saber que encontraría. Lo único que conocía de España era una parte de mi familia que se desmembró y buscó otro rumbo, cuando en Argentina se vivía el peligro a diario, aunque muchos perteneciéramos a esa gran mayoría que se mantenía en la ignorancia, con nuestras rutinas, sin ver la trastienda.
España, algo tan lejano por años, sólo el hogar que cobijó a los míos.
Y llegó el día… fue un largo viaje… con el corazón oprimido esperamos en Barajas, con mi marido, que mi hermana nos buscara. Estaba parada frente a mí y no podía reaccionar. ¿Cuántos años habían pasado? Una década desde que nos había visitado, pero sentía que no nos habíamos separado, que no existía el tiempo entre nosotras.
Subimos y bajamos escaleras, subimos y bajamos subterráneos, caminamos por Madrid, todo dentro de una nebulosa, no era yo, era mi espíritu, el espíritu que se liberaba y descubría otro mundo, tan lejano a mi vida habitual.
Y por fin llegamos a Cuenca, la casa de mi hermana… nuestra habitación, a partir de allí nos miramos con mi esposo
y ninguno pudo expresar lo que sentía. Nos consideramos transportados a otra cultura, otro espacio que nada tenía que ver con nuestra Resistencia de origen.
Aún hoy cierro los ojos y camino por esas callecitas empedradas de la antigua Cuenca, me pierdo en sus pasadizos,
descubro sus edificios a los que los siglos no han podido quitar su majestuosidad. Abro una puerta y una pequeña Capilla con su Santo Patrono me envuelve en su espiritualidad. Camino un par de cuadras y un balcón me invita a disfrutar de una naturaleza pródiga, un vergel, rodeado de siglos, de puentes que cuelgan en el vacío casi infinito.
Estoy de vuelta en mi casa, pero una parte de mi ser quedó allá, quedó disfrutando de esas caminatas por callecitas
empinadas, estoy frente a la Virgen de las Angustias que impacta en su esplendor, estoy sentada en un barcito de la plaza rodeada de casas pintadas de colores vivos con sus balcones floridos sin perder su historia. Sí… me siento rodeada de una historia de siglos que me abraza cálidamente y ni los transportes con abuelos, niños, jóvenes, ni su bullicio, sus risas y su sorpresa empañan el espectáculo… es sólo el marco de uno de los cuadros más hermosos de mi vida.
Recorrer museos, sorprenderme con cada cosa que veo, ingresar a una casa colgante y sentir que estoy entre el cielo y el abismo y no tengo miedo. El pánico que nubla mi vida desapareció, ante tanta fortaleza.
Cuenca está allí al alcance de mi imaginación, nunca me fui una parte de mi ser sigue paseando por sus callejuelas…
Lelia Di Nubila del libro «Reconociéndonos»



