Poesía maternal · Sentimientos

Poema para tu espera

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Todavía eres un sueño

que anida su cuerpo.

En tu apuro por liberarte,

das esa forma dulce al cuerpo de tu madre.

Eres un sueño,

sin nombre ni sexo…

pero la realidad

ya atrapándote está.

No soy tu madre,

pero quiero contarte algo

de ese mundo que te rodeará.

Ya tienes una hermanita

que llena el día de travesuras

y que te espera para jugar.

Un papá que te quiere varón…

Una mamá a quien ya conoces.

Y esta tía que espera poder ser la primera

en vestir tus carnes rosadas.

 

Santa Fe, 14 julio 1973

Prosa Poética · Reflexiones de vida

Cómo decirte…

Cómo decirte que la luna no es tan blanca ni el cielo tan azul como lo ves. Que las personas no son blanco y negro… todas estamos llenas de grises.

Que los besos de mamá no se comparan con los de nadie; que podemos estar resentidos, podemos pasar por malos momentos, que quizás nuestra relación con mamá ya no es la de antes, quizás ella ya no esté aquí…

Pero los besos de mamá siguen siendo los besos de mamá. Los besos de mamá siguen siendo únicos…

Historia de Familia · Pensamientos · Reflexiones · Sentimientos

A nuestro ángel

Los designios de Dios hicieron que cuando partiste los caminos se desviaran…y tus sueños en algunos casos se modificaran.

Aquello que quisiste para tus hijos no seguirá el camino que soñaste, para algunos.

A veces los sueños sueños son y sólo Dios decidirá cual de ellos llegará a buen término.

Pero hicimos, hicimos el esfuerzo para que tus deseos se cumplieran. No fue fácil, no es fácil vivir a contramano, pero la esperanza todavía nos queda… Que todos sigan el rumbo que habías planeado.

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Historia de Familia · Historias de vida/Memorias · LibroReconociéndonos · Viajes y experiencias

CUENCA, ESTOY ALLÍ… NO ME HE IDO

        Recorrí medio mundo, sin saber que encontraría. Lo único que conocía de España era una parte de mi familia que se desmembró y buscó otro rumbo, cuando en Argentina se vivía el peligro a diario, aunque muchos perteneciéramos a esa gran mayoría que se mantenía en la ignorancia, con nuestras rutinas, sin ver la trastienda.
España, algo tan lejano por años, sólo el hogar que cobijó a los míos.
Y llegó el día… fue un largo viaje… con el corazón oprimido esperamos en Barajas, con mi marido, que mi hermana nos buscara. Estaba parada frente a mí y no podía reaccionar. ¿Cuántos años habían pasado? Una década desde que nos había visitado, pero sentía que no nos habíamos separado, que no existía el tiempo entre nosotras.
Subimos y bajamos escaleras, subimos y bajamos subterráneos, caminamos por Madrid, todo dentro de una nebulosa, no era yo, era mi espíritu, el espíritu que se liberaba y descubría otro mundo, tan lejano a mi vida habitual.
Y por fin llegamos a Cuenca, la casa de mi hermana… nuestra habitación, a partir de allí nos miramos con mi esposo
y ninguno pudo expresar lo que sentía. Nos consideramos transportados a otra cultura, otro espacio que nada tenía que ver con nuestra Resistencia de origen.
Aún hoy cierro los ojos y camino por esas callecitas empedradas de la antigua Cuenca, me pierdo en sus pasadizos,
descubro sus edificios a los que los siglos no han podido quitar su majestuosidad. Abro una puerta y una pequeña Capilla con su Santo Patrono me envuelve en su espiritualidad. Camino un par de cuadras y un balcón me invita a disfrutar de una naturaleza pródiga, un vergel, rodeado de siglos, de puentes que cuelgan en el vacío casi infinito.
Estoy de vuelta en mi casa, pero una parte de mi ser quedó allá, quedó disfrutando de esas caminatas por callecitas
empinadas, estoy frente a la Virgen de las Angustias que impacta en su esplendor, estoy sentada en un barcito de la plaza rodeada de casas pintadas de colores vivos con sus balcones floridos sin perder su historia. Sí… me siento rodeada de una historia de siglos que me abraza cálidamente y ni los transportes con abuelos, niños, jóvenes, ni su bullicio, sus risas y su sorpresa empañan el espectáculo… es sólo el marco de uno de los cuadros más hermosos de mi vida.
Recorrer museos, sorprenderme con cada cosa que veo, ingresar a una casa colgante y sentir que estoy entre el cielo y el abismo y no tengo miedo. El pánico que nubla mi vida desapareció, ante tanta fortaleza.
Cuenca está allí al alcance de mi imaginación, nunca me fui una parte de mi ser sigue paseando por sus callejuelas…

Lelia Di Nubila del libro «Reconociéndonos»

Cuenca