Prosa Poética · Reflexiones de vida

Recuerdos de infancia

Mi Madre: Paz María Quattrochio

     Hay palabras que no se han borrado de mi memoria, por lo significativas que fueron: 1) franelógrafo (una franela sujeta por dos varillas sobre la que se prendían figuritas que detrás tenían papel con lija para que se adhirieran), 2) pizarrón magnético (se adherían figuras imantadas), 3) hectógrafo (venía en una caja que contenía la gelatina hectográfica, recuerdo su color rosado) servía para hacer copias, 4) dibujos creativos: en papel canson se cuadriculaba y pintaba con crayones de diferentes colores, se cubría todo con tinta china y una vez seco con un elemento punzante se dibujaba y ¡oh sorpresa!  allí aparecían todos esos  colores bonitos, esos hermosos colores resplandecientes. 5) las composiciones creativas tantas cosas… todas aplicadas por mi madre. 

     Durante las vacaciones viajaba a Buenos Aires y allí hacía cursos en el Instituto Bernasconi. Nunca tuvo una capacitación paga, siempre  cubrió sus  gastos y en sus vacaciones. No había feriados ni capacitación en ejercicio para docentes, pero lo hacían con tal vocación, con tal amor que no significaba una carga, lo disfrutaba y lo que aprendía no sólo lo aplicaba en sus alumnos sino que lo  multiplicaba, compartiendo con sus compañeros docentes.

     En mi casa podía jugar con ellos,  mi imaginación volaba, y la creatividad no tenía limites. Lo mismo con las composiciones creativas la consigna podía ser una palabra, una frase  y eso bastaba para que la fantasía se disparara , crear … componer …

     Mi madre fue maestra y personal directivo de una Escuela Rural la N° 363 dónde además vivimos casi todo el período de mi escuela primaria,  Profesora de Castellano y Educación Cívica  en  la Escuela Normal y  la Escuela Técnica de Gral. José de San Martín, un pueblo de la Provincia del Chaco.

     Hoy a la  distancia puedo reconocerlo, también fue mi maestra,   porque  todo esto lo viví con mucha naturalidad,  jugando  a aprender o aprendiendo mientras jugaba.

     Un gracias inmenso!! Imágenes de infancia…

Poesía · Sentimientos

Mi ceibo coral

Hay algo que me pasa cada vez más seguido y es que no puedo entender a las personas que se comportan como vándalos.

¿Por que  un árbol que te brinda sombra  y en la belleza de su floración se cubre de un halo coral puede llegar a molestar como para prenderle fuego?

Mi ceibo coral, hermoso, rozagante, erguido en mi vereda como el gran vigía luego de que la tormenta hiciera estragos con el lapacho gigante, una noche ardió junto con las ramas del lapacho y la palmera emplazada muy cerca. Fue tanta la impotencia que sentí esa noche mientras hablaba con la policía y los bomberos trataban de apagar el fuego. No entendía el motivo y sigo sin entenderlo aún hoy cuándo lo miro elevar sus brazos quemados hacia el cielo tratando de lucir la mitad de su fronda verde.

Mi hermoso ceibo al que cuidé a partir de un pequeño plantín y me regaló años de belleza, me mira con tristeza preguntándose ¿por qué?

Historias de vida/Memorias · Homenajes/Recuerdos

Doña Elena Saquer de Puente

Doña Elena Saquer de Puente, para muchos una institución de General San Martín, para mi…significa otra cosa. Ella fue alumna de mi madre en el Colegio «Ntra. Sra de Itatí» de Resistencia. Cuándo unos años después nos mudamos a San Martín fue la amiga que la recibió con los brazos abiertos, que la hizo no sentirse tan sola en un lugar desconocido. Fue su amiga de toda la vida, con los vaivenes que esta puede tener, con las discusiones y reencuentros, con los abrazos y las disputas. Amigas…hasta el momento en que mi madre partió. Fueron muchísimos años.

Para mi, Doña Elena viene a ser como una tía, una tía a la que respetaba por que también la tuve de Jefa de Preceptores en el secundario, y para ella, allí no había familia, yo era una más y en muchas ocasiones sentí el peso del reglamento.

Haberla visitado después de tantos años y verla tan bien, tan lúcida, tan entera, fue como volver a recuperar la memoria de mi madre, y  sumado a ello  también   parte de la memoria de mi tía Estela Quattrochio.

Doña Elena… a quien nunca pude llamar tía, salvo ahora que me surgió naturalmente. Es la persona que me puede contar historias desconocidas de mi familia y otras que conozco a través de la visión de la niña que fui, que siempre tiene un tinte diferente.

Doña Elena… con sus ochenta y largos años, que sigue tan activa, ocupada con el teléfono, el celular, llamadas y agendas, organizando cosas… es parte de mi infancia, de mi adolescencia, de mi juventud y también de mi madurez. Siempre estuvo allí, como esas hermanas de nuestros  padres a quien quizás no vemos mucho pero sabemos que están y que podemos volver a ellos en cualquier momento, que nos escucharán y que se harán oír.. ¡oh sí! ¡se harán oír! Contarán todo lo que han tenido guardado durante tantos años, con ciertos retoques por supuesto, cada uno le pone el acento en aquello que más quiere o más le disgusta.

De muchas maneras ella es parte de mi memoria, parte de la memoria que perdí con la partida de mi madre.

elena y mamá.-

Historias de vida/Memorias

Cerrando círculos

Hace unos años atrás, después de mucho postergar, pudimos viajar con mi esposo en la Semana Santa de 2012 a Entre Ríos.

Existían dos motivos muy importantes: visitar a la hermana menor de mi madre única sobreviviente de esa generación, la de mis tíos, la de mis recuerdos de infancia, y la otra trasladar los restos de mi abuela que se encontraban en Nogoyá.

Fue un viaje emotivo,  recorrimos en Nogoyá y Victoria: Cementerios, Municipios, Registros Civiles, Iglesias recolectando documentación y sintiéndolos rozár  mi cuerpo.

El final del viaje en casa de mi tía Julia en Paraná, un par de días irrepetibles, con ronda de primos, sobrinos y ella con sus 87 años, nos acompañaba hasta la madrugada, compartiendo anécdotas, historias familiares, música, «comida», los infaltables mates y por sobre todo risas. No parecía que habían pasado 20 años de la última vez que nos vimos. Disfrutamos en familia. La tía me permitió escanear fotos que desconocía de mi madre y hermanos cuando eran  niños y del abuelo -fue la primera vez que vi  a Don Carlos Eliseo Quattrochio-

Ese viaje tenía un propósito, quería cerrar el círculo que mi madre había dejado abierto con su muerte, lo único que me quedaba por hacer era trasladar su madre de Nogoyá y su hermana del Cementerio Municipal para que descansaran con ella en el Jardín de Paz. Lo necesitaba, fue un proceso solitario, la única persona que me acompañó en él fue mi marido. Abrir urnas, trasladar restos y una ceremonia de inhumación que ellas se merecían. Al verlas descender me quebré por primera vez y me quedé allí por mucho tiempo, sentada mirando esa fosa que cobijaba mucha de la historia de mi vida.

Cuando voy al cementerio, pongo la mano sobre la lápida donde están grabados los nombres de las tres y sé que están en paz.

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