A veces sientes que estás a un paso de caer al abismo,
pero el leve soplo del viento recarga tu energía
y sin darte cuenta…
tu tronco se endereza,
tus ramas se equilibran,
y esas raíces profundas te sostienen con más fuerza.

A veces sientes que estás a un paso de caer al abismo,
pero el leve soplo del viento recarga tu energía
y sin darte cuenta…
tu tronco se endereza,
tus ramas se equilibran,
y esas raíces profundas te sostienen con más fuerza.


Tu y yo, con raíces débiles, debimos luchar para lograr ramas fuertes y no solo lo logramos, hoy podemos disfrutar de los retoños que crecen más fuertes aún.
@poupeedinubila
Si, aquel vestido rosa de seda, el de la pollera con pliegues…
Si ese, el que tenía un ramillete de flores en la cintura.
Ese… el que que estrené en unas Navidades…
Recuerdos de infancia….

Mi Madre: Paz María Quattrochio
Hay palabras que no se han borrado de mi memoria, por lo significativas que fueron: 1) franelógrafo (una franela sujeta por dos varillas sobre la que se prendían figuritas que detrás tenían papel con lija para que se adhirieran), 2) pizarrón magnético (se adherían figuras imantadas), 3) hectógrafo (venía en una caja que contenía la gelatina hectográfica, recuerdo su color rosado) servía para hacer copias, 4) dibujos creativos: en papel canson se cuadriculaba y pintaba con crayones de diferentes colores, se cubría todo con tinta china y una vez seco con un elemento punzante se dibujaba y ¡oh sorpresa! allí aparecían todos esos colores bonitos, esos hermosos colores resplandecientes. 5) las composiciones creativas tantas cosas… todas aplicadas por mi madre.
Durante las vacaciones viajaba a Buenos Aires y allí hacía cursos en el Instituto Bernasconi. Nunca tuvo una capacitación paga, siempre cubrió sus gastos y en sus vacaciones. No había feriados ni capacitación en ejercicio para docentes, pero lo hacían con tal vocación, con tal amor que no significaba una carga, lo disfrutaba y lo que aprendía no sólo lo aplicaba en sus alumnos sino que lo multiplicaba, compartiendo con sus compañeros docentes.
En mi casa podía jugar con ellos, mi imaginación volaba, y la creatividad no tenía limites. Lo mismo con las composiciones creativas la consigna podía ser una palabra, una frase y eso bastaba para que la fantasía se disparara , crear … componer …
Mi madre fue maestra y personal directivo de una Escuela Rural la N° 363 dónde además vivimos casi todo el período de mi escuela primaria, Profesora de Castellano y Educación Cívica en la Escuela Normal y la Escuela Técnica de Gral. José de San Martín, un pueblo de la Provincia del Chaco.
Hoy a la distancia puedo reconocerlo, también fue mi maestra, porque todo esto lo viví con mucha naturalidad, jugando a aprender o aprendiendo mientras jugaba.
Un gracias inmenso!! Imágenes de infancia…

Hay algo que me pasa cada vez más seguido y es que no puedo entender a las personas que se comportan como vándalos.
¿Por que un árbol que te brinda sombra y en la belleza de su floración se cubre de un halo coral puede llegar a molestar como para prenderle fuego?
Mi ceibo coral, hermoso, rozagante, erguido en mi vereda como el gran vigía luego de que la tormenta hiciera estragos con el lapacho gigante, una noche ardió junto con las ramas del lapacho y la palmera emplazada muy cerca. Fue tanta la impotencia que sentí esa noche mientras hablaba con la policía y los bomberos trataban de apagar el fuego. No entendía el motivo y sigo sin entenderlo aún hoy cuándo lo miro elevar sus brazos quemados hacia el cielo tratando de lucir la mitad de su fronda verde.
Mi hermoso ceibo al que cuidé a partir de un pequeño plantín y me regaló años de belleza, me mira con tristeza preguntándose ¿por qué?
Doña Elena Saquer de Puente, para muchos una institución de General San Martín, para mi…significa otra cosa. Ella fue alumna de mi madre en el Colegio «Ntra. Sra de Itatí» de Resistencia. Cuándo unos años después nos mudamos a San Martín fue la amiga que la recibió con los brazos abiertos, que la hizo no sentirse tan sola en un lugar desconocido. Fue su amiga de toda la vida, con los vaivenes que esta puede tener, con las discusiones y reencuentros, con los abrazos y las disputas. Amigas…hasta el momento en que mi madre partió. Fueron muchísimos años.
Para mi, Doña Elena viene a ser como una tía, una tía a la que respetaba por que también la tuve de Jefa de Preceptores en el secundario, y para ella, allí no había familia, yo era una más y en muchas ocasiones sentí el peso del reglamento.
Haberla visitado después de tantos años y verla tan bien, tan lúcida, tan entera, fue como volver a recuperar la memoria de mi madre, y sumado a ello también parte de la memoria de mi tía Estela Quattrochio.
Doña Elena… a quien nunca pude llamar tía, salvo ahora que me surgió naturalmente. Es la persona que me puede contar historias desconocidas de mi familia y otras que conozco a través de la visión de la niña que fui, que siempre tiene un tinte diferente.
Doña Elena… con sus ochenta y largos años, que sigue tan activa, ocupada con el teléfono, el celular, llamadas y agendas, organizando cosas… es parte de mi infancia, de mi adolescencia, de mi juventud y también de mi madurez. Siempre estuvo allí, como esas hermanas de nuestros padres a quien quizás no vemos mucho pero sabemos que están y que podemos volver a ellos en cualquier momento, que nos escucharán y que se harán oír.. ¡oh sí! ¡se harán oír! Contarán todo lo que han tenido guardado durante tantos años, con ciertos retoques por supuesto, cada uno le pone el acento en aquello que más quiere o más le disgusta.
De muchas maneras ella es parte de mi memoria, parte de la memoria que perdí con la partida de mi madre.
