Se dio cuenta que aunque ocurrieran cosas desagradables se puede crecer, con muchas cicatrices pero haciéndose la promesa que tendría una familia distinta, una familia feliz, como la que representaba cuando jugaba con los lápices de colores, donde papá y mamá estaban juntos y querían mucho a sus hijitos. No repetiría errores.
Fue difícil crecer bajo el sometimiento, la amargura y el rencor, ya llegaba la adolescencia pero la infancia no se quería ir. Era el anclaje de una psiquis perturbada, era la casa protectora. Fue una transición larga donde convivieron ambas etapas. Para los demás era una adolescente, en su intimidad se encerraba y jugaba con sus muñecas como una niña.
Le costó hacer amigas, no podía abrirse y solo lograba compartir momentos, temporadas… pero más temprano o más tarde ese lazo se rompía.
Por más esfuerzo que hiciera en atarse a la niñez, la naturaleza era más fuerte y se impuso. Triunfó la adolescencia y con pena tuvo que dejar marchar la niñez, regalando sus juguetes y muñecas, menos una, la más linda y querida que su papá le regalara cuando cumplió doce años. Esa muñeca la acompañó por el camino de la vida.

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Palabras Ausentes-Cap.5
Su madre consideró que tenía mucho tiempo libre y había que ocuparlo en algo más que juegos solitarios y lectura, un día apareció con un cuaderno pentagramado, lápiz y borrador y le entregó simplemente diciendo: “A partir de mañana vas a estudiar piano…”
Sintió miedo ante esta decisión pero la acató sin una palabra, sin un gesto. Obediente, tomó sus clases pero además de aprender a ejecutar un instrumento le sirvió para desarrollar sus habilidades educativas, ocupaba el tiempo ayudando a la profesora, dando clases a aquellos que estaban en un nivel más bajo.
No fue suficiente, su madre le incorporó el estudio de tejido y bordado en un colegio religioso. El resultado fue el mismo: ayudaba a atender los pequeños del jardín de infantes que allí funcionaba y luego, hasta que la buscaran al anochecer para el regreso a su casa, se unía a las monjas en la oración de la tarde. Era un cuarto muy acogedor, austero, sólo tenía unos bancos y una mesita pero se sentía muy confortada en ese círculo de paz.
La madre no lo entendió así, le parecía tiempo perdido, no veía resultado en el aprendizaje de las labores, ella no percibía que lo que estaba haciendo era el aprendizaje de la vida y del servicio. Las monjas que la comprendieron desde el primer momento, se dieron cuenta que allí era feliz e intentaron retenerla. Fue inútil cuando su madre se proponía algo no había retroceso.
Era más fácil su relación con los adultos que con los niños. Sorprendentemente el desparpajo y la desinhibición con la que los niños hablan la hacían sentir avergonzada y su timidez se agudizaba aún más. No podía compartir juegos porque no disfrutaba. Era un adulto escondido en el cuerpo de una niña.
Pero por suerte se abrió una nueva puerta. Por propia iniciativa pidió permiso para estudiar danzas y se lo concedieron, fue su logro personal. La conjunción de la música y la danza la hacían vibrar y vivir con toda su intensidad, podía expresar sus miedos y alegrías, sus dolores y fantasías. Fue el lenguaje que le permitió liberarse y la acompañó toda la vida.
Pero había algo que se mantuvo como una constante, su disociación, cuando debía enfrentar cosas difíciles se enroscaba en si misma, oía y veía todo a través de una ventana, escuchaba su voz y observaba desde afuera, desde el espacio.
Sus mejores momentos eran cuando deambulaba por el campo como un animalillo salvaje, descalza y con pantaloncitos cortos, disfrutando con su amigo de correrías a la orilla de la laguna juntando conchillas que después decoraría. Volvía desgreñada, llena de arañazos de las plantas y moretones por los golpes pero conforme con la aventura, no se quejaba y su madre no lo notaba.
Adoraba la libertad y la lograba leyendo. Durante sus expediciones, eran los únicos momentos en que podía sentirla en la realidad, por ello se relacionaba mejor con varones, ellos no competían, ni lloriqueaban, compartían pequeños descubrimientos como grandes hechos históricos, ellos no preguntaban.

Visiones
Cierro los ojos lentamente y allí están …esos ojos que miran a la distancia, y otros hacia mí. Son ojos de niños, jóvenes y ancianos, unos de dulce mirar y otros con el cansancio a cuesta.
Siempre que cierro los ojos los visualizo.
¿Quienes son? No los conozco, pero allí están.

Palabras Ausentes-Cap.4
La infancia transcurre con altibajos, con muchas piedras en el camino, las que sirvieron para que creciera espiritualmente y aprendiera que siempre alguien nos protege.
Una parte muy importante de la infancia transcurre en la escuela, para ella era una prueba diaria, resultaba muy difícil integrarse, la vivía desde afuera como espectadora.
Lo contradictorio era la participación que tenía en todos los actos patrios, no sólo en la escuela, también en aquellos que se realizaban en la plaza del pueblo con toda la pompa que se les otorgaba. Parecía que recitando, actuando o llevando una ofrenda floral, se transformaba y allí sólo estaban ella y su voz, disociadas, ella flotando en el aire mientras caminaba delante del público.
En ese instante no era la tímida niña, era otra persona que vivía el momento a través del vidrio de una ventana.
La vida tiene esas cosas, las aceptamos o sucumbimos y ella aprendió que en su refugio íntimo nadie podía herirla, allí todo era amor, calor, color y belleza, allí practicaba formando familias con elementos insólitos, familias felices, donde mamá y papá estaban juntos y protegían a sus hijitos.
Unas vacaciones en casa de papá le prestaron una caja llena de lápices de colores de todos los tamaños, para que se entretuviera a la siesta sin molestar su descanso. Nunca había visto tantos lápices, ni esa gama de colores tan completa y contrariamente a lo que hubiera hecho cualquier niño que era pintar, ella los separó por colores y creo familias, los mosaicos de la cocina se transformaron en casas con sus diferentes habitaciones donde vivían los rojos, con sus familiares rosados y vecinos azules y amarillos. En tan fecunda imaginación la cocina se transformó en un barrio, con adultos y niños viviendo
las rutinas comunes a cada uno, conviviendo en un ambiente alegre y amoroso. Como siempre todo terminó mal, con una crisis de llanto de su hermana porque había tocado sus lápices.
En casa de su mamá su habitación se transformaba en escuela, colocaba en fila los medicamentos, ubicando los frascos de acuerdo al tamaño, los chiquitos delante y los grandes detrás. Podía pasar horas dándoles clase y haciendo hincapié en los modales que debían mantener.
Esos juegos infantiles fueron su escudo y perduraron en el tiempo más allá de la infancia.
¿Cuál era el motivo de esa transformación? Ni ella lo sabía y menos que ella los demás, porque estas situaciones eran de las que “… no se hablan, no se cuentan, no se pregunta”.
Existía un mandato tan fuerte que no era necesario averiguar, ya se sabía la respuesta.

Palabras Ausentes -Cap.3
Sus hermanos, un tema especial. No se habían criado juntos ni los habían educado como tal, sólo eran hermanos porque la vida lo había decidido así, porque sus padres eran los mismos. No tenían nada en común, nada por compartir. Eran nómadas, no poseían un hogar estable y según las circunstancias cambiaban de residencia, tratando de sacar el mejor provecho en cada caso. Sólo en ocasiones convivían y en esas pocas oportunidades marcaron la diferencia, no eran iguales siempre estaba sometida a ellos.
Con papá de por medio se sentía protegida, era algo que sus hermanos detestaban, era la intrusa, y no faltaba oportunidad de hacérselo saber.
¿Por qué tan agresivos? Nunca lo supo, eran dañinos por naturaleza. Pero Dios sabe que nada es por generación espontánea, probablemente era una forma de autodefensa. Esa respuesta sólo ellos la tienen y nunca la compartieron.
Las temporadas de convivencia no dejaban buenos recuerdos, cada uno luchaba por su espacio sin importar cuanto podía invadir el del otro ni cuanto daño podía causar.
Invariablemente quedaron cicatrices, no solamente en el cuerpo, comunes a todo niño, también en el espíritu. Esas cicatrices que a pesar del tiempo, siguen doliendo. Esto se
compensaba con los hermanos del alma, con los que la vida recompensa y que acompañan incondicionalmente.

Visiones
Cierro los ojos y en esa niebla oscura que se produce veo esas miradas… Esos ojos tan profundos, diferentes todos, que me miran sin mirar… Que miran al más allá…
