#RecuerdosDeInfancia · #Sensaciones

Hipnosis

Con mis pequeños y frágiles seis años te descubrí.

Enrollada como una dama alrededor del gran plantero que adornaba el ingreso de la escuela.

Tu cuerpo, era el de una bailarina lista para el gran salto,

tu cabeza en alto y tus ojos verdes fijos en los míos.

Estaba sola y debía volver al aula… me deslicé hacia el lado opuesto de la puerta doble y me escabullí.

Me hipnotizaste, no comenté con nadie, ni tan siquiera con mi compañera de banco.

El tiempo pasó, sonó la campana dando por finalizado el día…

En fila nos dirigimos a la puerta de salida.

Y fue ahí… recién ahí, cuando te veía pelear con garrotes y pedradas con los que intentaban matarte, pude hablar y contar.

#Historia de Familia · #RecuerdosDeInfancia · #Sentimientos

Los espíritus de mi infancia

Mi infancia en general fue solitaria. Tan acostumbrada estaba a ello que aunque hubiera personas en mi derredor yo seguía en mi mundo.

Viví rodeada de espíritus/sombras, algunos de ellos todavía vivos y otros ya no; aun así para mí eran sólo nombres familiares a quienes conocía a través de la evocación de mis padres.

Eran tan vívidos que formaban parte de mi entorno a pesar de no conocerlos. Las fotografías me acompañaban y aún hoy lo siguen haciendo, desde allí me dicen «seguimos aquí, estamos contigo».

#Historias de vida/Memorias · #RecuerdosDeInfancia

Mi Escuela N°363

A casi todos nos pasa que cuándo recordamos hechos de nuestro pasado, imaginamos su entorno, lo vemos tal cual fue en la época que ocurrió. Cuando volvemos, podemos encontrarlo igual, peor o desconocido. Esto fue lo que me ocurrió en mi vuelta al pueblo.

Quise visitar la escuela donde viví muchos años e hice casi toda mi primaria. La escuela estaba cambiada, algo ampliada, bastante abandonada y su entorno desconocido. Mis sentimientos fueron tan dispares: alegría por volver y desilusión por lo que encontré. Mis recuerdos se agolpaban. El gran aserradero que existía enfrente hoy es un baldío, sucio y abandonado, no queda nada; la casa de los dueños, que estaba edificada detrás también desapareció. ¡Que tristeza!

Sé que no todos lo comprenden porque no vivieron la escuela de la que yo disfruté, de mi patio… Entre la casa y la escuela no habían divisorias; sus hamacas, sube y baja, balancín y galerías eran mis lugares de juego habituales los fines de semana y cuando las clases concluían. Podía disfrutar de  andar en bicicleta en su patio áspero que dejaba mis rodillas machucadas cuando me caía.

Fue una infancia solitaria pero de muchas aventuras. A unos cien metros había una  laguna donde buscábamos conchillas para después pintarlas y al anochecer se escuchaba el aullido de los monos carayá proveniente del monte cercano. No había luz, dependíamos del «sol de noche», lámpara que primero fue a querosen y luego a gas. Si nos sentábamos en el patio la luna y las estrella iluminaban para nosotras, siempre con los pies sobre un banco para evitar que nos sorprendieran las serpientes.

Hermosos recuerdos de una época que para muchos quedó en el olvido, pero para mí  sigue presente en la memoria.

#Prosa Poética · #RecuerdosDeInfancia · #Reflexiones de vida

Las rutas de Entre Ríos

Los rutas de Entre Ríos marcaron mi infancia. Con su cuchillas  tapizadas de diversos colores —de verde o amarillo, dependiendo del cultivo— o la tierra recién roturada preparada para la siembra. Esas pendientes del camino vistas desde la ventanilla del ómnibus, se veían como algo irreal  para mi, una niña nacida en el Chaco de tierra llana y mucho monte.

Las rutas de Entre Ríos no solo quedaron grabadas en mis pupilas, sino también en mi corazón. Las recorría los veranos junto a mi madre que volvía a su terruño y al seno de su familia. Esas ciudades y pueblos como Victoria, Nogoyá, Gobernador Mansilla o Conscripto Bernardi, con sus construcciones antiguas y esos portales y rejas que maravillaban, los recorríamos visitando a la familia, o la tumba de mi abuela.

Los veranos pasados en Entre Ríos, sus casas, sus rutas, sus calles, sus pueblos y …el «coche motor» —el tren—  que tomábamos para llegar a Conscripto Bernardi eran toda una aventura en mi cabeza de niña.

Hace unos días, de regreso de Buenos Aires pasamos por el sur de la provincia de Entre Ríos y no pude evitar grabar un pequeño video para plasmar algo de mis recuerdos. Como mi blog no me permite subirlo, quizás unas tomas sirvan de muestra.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.