Poema · Reflexiones · Sentimientos

…si hubiera dado el primer paso…

Siempre que vienen a mi, recuerdos de infancia y juventud también veo tu imagen padre…

Sentado en el sillón con la mirada perdida en el infinito, tus suspiros…

y esa tristeza que acompañó tus últimos años.

Hoy mirando hacia atrás me pregunto por qué nunca te hablé de la abuela y esa familia grande que llenaba tu

corazón pero no permitían que las historias fluyeran.

Eras un libro con cerradura y candado.

Cuando te volviste niño algo se filtró…

Me quedé con cierta culpa por no haber dado el primer paso,

seguramente las anécdotas hubieran fluido a borbotones.

Cuando miro hacia atrás te veo sentado en el sillón …

con la mirada perdida en el infinito, tus suspiros y esa tristeza….

@poupeedinubila Junio 2026

Cuentos y Relatos · Mundo Onírico · Sentimientos

El sueño prometido

  Cada vez que toma entre sus manos esa caja de plata con incrustaciones de nácar, proveniente de India,  se sume en un temor desconocido; a la vez, que queda subyugada.

  Había sido un regalo de Carlos, para su último cumpleaños, y todo lo que viniera de él tenía un interés especial.

   Alejandra, sentada al borde de la cama,  recuerda a Carlos como un  hombre posesivo, de aspecto rudo, pero de amores intensos. No  había tenido reparos en enlistarse en el ejército de su Majestad, la Reina de Inglaterra, para sostener el poder de la Corona, en la India. Para él era una necesidad demostrar persisténtemente su virilidad, pero de la forma más extrema, la exacerbaba.

   Se pone de pie, camina hasta su tocador y se mira en el espejo;  en él ve reflejada a una mujer de una belleza especial: cabellos oscuros que destacan sobre una piel de porcelana; estas evocaciones la retrotraen a las miradas que recibía al ingresar a un sitio, cuando el vaivén de su vestido acompañaba el movimiento de su cuerpo. Desde muy niña  había sido el centro de la familia gracias al carácter alegre y extrovertido que  poseyera siempre, y desde el momento en que comenzó a asistir a reuniones sociales se destacó  más que su hermana, todos la rodeaban de atenciones que ella aceptaba con naturalidad.

  Un sólo error  había cometido en su vida: enredarse en esa relación amorosa con Carlos,  relación que duró apenas un suspiro, pero que la marcó. A partir de  entonces, se volvió  mesurada y cuidadosa en el trato con los hombres, prueba de ello fue su matrimonio con Eduardo.

   El matrimonio le brindó una vida cómoda y buena, pero no impidió que continuara unida a Carlos a través de las cartas, mediante  las cuales se enteraba de la vida llena de riesgos que llevaba su ex enamorado, y eso la emocionaba.

   Piensa en Eduardo, tan diferente de Carlos. Él es un hombre elegante, de una prolijidad extrema. Desde su boda con  él, no existen los imprevistos, su vida está organizada hasta en los pequeños detalles, esto la tranquiliza… pero las cartas de Carlos le provocan esas cosquillas por lo impensado, por la aventura.

   Se siente aletargada, producto del discurrir por el camino de los recuerdos, se vuelve  y se echa en la cama abrazada a la caja de plata. Paso a paso va del letargo al sueño y la caja de plata se transforma en un cofre que contiene una botella verde con un raro líquido, y  la promesa de que al beberlo podrán vivirse  los sueños más escondidos, compartidos con la persona amada… Carlos.

Se estremece en la cama, profundamente dormida; desesperada, ve a su marido recriminándole por el abandono y rogándole que regrese al hogar que conformaron con tanto esfuerzo. Carlos, desde una esquina, con su risa sarcástica, agita la botella llena de promesas. Se encuentra tironeada por estos dos hombres que representan  pasado  y  presente de su vida. La decisión le resulta muy difícil.

  Ve una figura en las sombras que observa la escena: es su padre, quien con expresión dolorida le pide que regrese.

  Gira sobre si misma, se estira y lentamente  despierta; mientras lo hace, le parece escuchar a su padre que susurra a lo lejos:

  -¿Tomará ella la decisión de despertar?

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George Friedrich Kersting

 

 

 

LibroReconociéndonos · Poema · Sentimientos

Hombre gris

Ayer, cuando te vi

con esa tristeza opaca que te da la melancolía,

sentí que toda tu tristeza adormecía mis sentidos.

Cuando tu paso lento se apagaba ante tantos pasos de gente como tú.

Llegué a pensar, hombre de mi ciudad

– hombre gris-, que tu cansancio,

era cansancio de siglos, de pueblos enteros.

Y me sentí cansada…

Ayer, cuando pude mirar en tus ojos,

y en ellos se reflejó un mundo,

de colores claros… apagado, cotidiano.

Temí que la rutina que te aplastaba sobre mis espaldas cayera.

Y quise huir… 

fue como si un ejército de hombres grises cubriera todos los caminos,

y recién entonces comprendí que el mundo está hecho

de hombres como tú,

que con sus pequeñas-grandes fuerzas, sostienen esta Tierra.

-1974-

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