Aun si escribes del revés, puedo leerte de corrido,
Si hablas sin emitir sonido, puedo leer tu mente.
No importa el idioma que uses, siempre serás un libro abierto.

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Cuentos, Poemas, Sentimientos , Genealogía
Aun si escribes del revés, puedo leerte de corrido,
Si hablas sin emitir sonido, puedo leer tu mente.
No importa el idioma que uses, siempre serás un libro abierto.

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Desde niños nuestros caminos se entrecruzaron en ese tren de la vida lleno de curvas y escollos.
Algunos se alejaron por un tiempo, pero volvieron.
A otros los perdimos porque su camino fue más corto.
Esos, viven en nosotros, en las anécdotas. Nunca partieron de nuestros corazones.
Los que quedamos, aunque pase tiempo sin vernos estamos a un clic del chat…
Cerca para abrazarnos, porque no importa la edad cuando estamos juntos, seguimos adoleciendo a pesar de ella, y la alegría y la pena se unen para reconfortarnos.
Los que quedamos seguimos siendo Amigos del Alma, y recordando con alegría a los que se fueron a otra dimensión, muy cerca, a una milésima de distancia.





Un día hojeando un diario -raro en mí, no me gustan en papel, me traen malos recuerdos- vi tu nombre…te hacían una misa en recuerdo al día en que partiste.
Hacía un año…
Cuando tenemos alguien tan cerca en el corazón olvidamos lo lejos que los tenemos visualmente.
Nos parece que ayer nos vimos, pero los días pasan, los años pasan, los recuerdos pasan…y te das cuenta que hace muchísimo que no hablaste.
Una sensación de dolor me recorrió por haber perdido a alguien que fue muy importante en mi vida.
Eras el cascabel que alegraba mis días en la oficina, de chiste fácil, sin medias tintas, decías lo que pensabas y eso lo hacía más gracioso.
Era raro verte triste, pero podía haber algunos días cuando se acercaban tus exámenes.
Nuestra vida no terminaba en la oficina…éramos una familia grande, familia de familias. Siempre había un motivo para reunirnos en alguna casa. Siempre había un cumpleaños que festejar.
Un asado por las dudas…
Selva fuiste una de las pocas personas que podía decirme lo que fuere y con la que era imposible enojarme.
Ni siquiera hoy cuando pienso que ya no estás, para mi seguís aquí diciéndome:- «Gracias a Dios tu marido te encontró a tiempo sino te hubieras dado a la mala vida por no saber decir que NO».
Tuvimos que separarnos porque decidiste concluir tu carrera y ya se hizo difícil vernos.
Sé que tus hijos te han mimado y habrás sido una excelente madre, como lo fuiste como amiga y compañera.
Selva, bendito el corazón que te conoció y pudo reír a sus anchas.
A ti …GRACIAS!!!



Tanta gente ha subido al tren de mi vida,
muchos han ido bajando y subiendo en distintas estaciones,
otros quedaron en el recuerdo.
Pero son pocos los que se mantienen y siguen acompañando lo bueno/malo a través de los años.

“Querida amiga:
No te imaginas cuánto necesito de tu compañía en este momento.
En el tiempo que llevamos sin vernos pasaron muchas cosas, para ser más exacta me ocurrieron muchas cosas, hechos lamentables como la pérdida de Miguel, mi hermano. Lo más triste de ello es que, hasta el momento, a pesar del trabajo policial, el cuerpo no aparece.
Estoy desconsolada y extraño tu presencia.”
Cuando llego a este punto de la carta, viene a mi memoria el verano pasado en casa de Manuela, nuestros paseos por el bosque cercano: un lugar calmo donde los únicos sonidos eran el canto de los pájaros o el crujido de ramas tras la fuga de una liebre o un venado. Nuestras conversaciones se dirigían, invariablemente, a su familia.
Con la carta apretada en mis manos pienso en él: hermoso, de rasgos irregulares y manos lánguidas, era la representación de una persona débil ante los riegos del mundo. Se enredó en una relación amorosa con una mujer fuerte que lo contuviera, quien estaba casada, y esto generó la maledicencia en las reuniones sociales.
La familia de Miguel se sentía molesta por aquel descaro. Quedaba a la vista, que una mujer con tal carácter dominaba la relación, y lo hacía a vistas de su marido para crear una situación que lo enfureciera.
Pienso en mi amiga: erguida, a la defensiva, con el abrazo protector a Miguel y la mirada atenta, observando siempre el entorno. Algo en su interior le decía que ese joven la necesitaba, y él lo exteriorizaba acurrucándose en el hueco del brazo que se le tendía.
En las largas tardes del verano el tema era recurrente entre Manuela y yo.
Me contaba su sufrimiento por esta situación, se sentía impotente para romper los lazos enfermizos a los que estaba atado su hermano, y temía por el final.
Rápidamente tomo papel y lapicera para contestar a su pedido de socorro, pero mi mente está en blanco, mis manos tiemblan y sólo pienso en Manuela, mi amiga de toda la vida que me necesita.
Automáticamente me prendo del teléfono para reservar pasajes, debo estar con ella…

Con pasos lentos recorre la sala con un libro apretado en sus manos. Pedro comenta a su amigo Alejandro el bosquejo de la obra que intenta escribir, la misma estará ambientada en el siglo XVII:
-En esa época, el pueblo no tenía la más mínima educación, ni existía la intimidad ni el respeto; se vivía expuesto y con temor. Se mezclaban la doncella con la comadrona, el anciano con el rufián, el caballero con el granjero. Todos estaban agobiados por los impuestos que debían pagar para cubrir la vida pródiga de los Señores.
Pedro se acerca al escritorio revuelve unos papeles y toma una libreta de apuntes. Es alto y esbelto. Tiene una mirada penetrante e inteligente. Se sienta en el borde del escritorio y continúa:
-El protagonista principal es un hombre sumiso, acostumbrado a pasar horas estudiando, alejado de la vida mundana. De modo encubierto, apoya la lucha contra la diferencia de clases sociales; sin embargo, su postura es puramente intelectual. Es considerado la inteligencia del grupo, respetado por sus pares y por las clases bajas que se suman al movimiento. Además, es médico y pelea por evitar muertes provocadas por las epidemias que resultan de esa vida promiscua y carente de higiene.
Levanta la vista, mira a Alejandro para asegurarse que le está prestando atención.
-El segundo protagonista, partícipe importante del grupo, es representante fiel del hombre del siglo XVII, con barba, bigote y cabello largo y desprolijo, que cae sobre los hombros, viste la infaltable chaqueta de piel. En ese rostro cetrino se destacan sus ojos de mirada desconfiada. Alejado de las creencias religiosas, lucha contra el poder de la iglesia. Tú me entiendes, ¿verdad? –dice consultando a su amigo-. Es lo que llamamos un idealista, su fe está ligada a la igualdad de clases y a acabar con las artimañas de los poderosos. De él se puede decir que está librando una lucha heroica sin final previsible.
Se acerca al ventanal y por un minuto queda cautivado por la maravillosa estampa del sol perdiéndose en el ocaso. Con una sonrisa, camina hacia el sillón que ocupa Alejandro y le ofrece un cigarrillo, Agita la cabeza y vuelve a hablar:
-Este último personaje tiene una debilidad, el amor por Elizabeth. Ella es una mujer educada en la riqueza, pero de una sencillez que no afecta la relación con los demás. Su figura inspira respeto y en la mirada se refleja comprensión por el sufrimiento ajeno. Lleva una doble vida: participa del grupo social al que pertenece, y a través del hombre que ama, ayuda a la revolución.
Alejandro se remueve en el sillón para cambiar de posición y toma el vaso de whisky que está en la mesita ratona mientras sigue con atención el relato.
-La situación se ve agravada cuando Isabel, una cortesana de la época, en una reunión importante, denuncia ante el rey las actividades del protagonista principal. Le susurra que el médico investiga con la alquimia, nuevos remedios mágicos, y que los usa con gente del pueblo. Tal acusación enfurece al rey, quien que imparte la orden de detención inmediata. Todos saben que quien cae en desgracia termina en un calabozo y de allí a la muerte no hay muchos pasos.
La alta figura de Pedro se recorta en el vano de la ventana. Los débiles rayos del sol lo envuelven dando un brillo especial a su cabello, mientras sigue el hilo de la historia hojeando la libreta:
-Él es una persona muy querida en el palacio y la maledicencia de Isabel tiene pronta respuesta de la Princesa -joven bella y generosa-, quien con un suave ademán impide que continúen los comentarios. Este es un personaje pequeño, pero de mucho peso- dice mirando a Alejandro-. La Princesa, con su dulzura, sabe que tiene poder de convicción sobre el padre; por ello insiste en la defensa. Con palabras elogiosas, presenta al médico como uno de los sabios más importantes de la corte y recuerda que fue él quien la salvó de la grave fiebre que padeciera impidiendo que muriera. Está convencida de que este recuerdo cambiará la decisión del rey.
Pedro se entusiasma tanto con el tema que olvida el transcurrir del tiempo. La oficina se llena de sombras y el bostezo de Alejandro lo vuelve a la realidad. Suspira, sonríe y pregunta:
-¿Te parece una buena base para la historia?

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-Memorias de una Princesa-
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