Tu mano en mi espalda es la luz que me sostiene.
Tu mano es ave y es nidal.
Tu mano es la fuerza que empuja suavemente,
y hace de mi camino un sendero pródigo.
@poupeedinubila

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Tu mano en mi espalda es la luz que me sostiene.
Tu mano es ave y es nidal.
Tu mano es la fuerza que empuja suavemente,
y hace de mi camino un sendero pródigo.
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Ver este bloc de apuntes me enfrenta a lo efímero que somos.
Nuestro trabajo, parte fundamental de la vida, hoy se transformó en algo desechable.
De estos documentos dependía la labor de muchas personas; sin esa designación, no percibirían haberes.
A la distancia, veo cuántas horas de atención plena se convirtieron en algo descartable, y me deja un vacío inexplicable.
Mi hijo, lo reconoció y me envió la imagen. Primero me sorprendió, pero cuando me lo trajo y lo tuve en mis manos, sí que dolió. No niego el avance ni las nuevas técnicas -las he aprendido, aplicado y vivido-, pero pasar de la innovación al olvido es ignorar el esfuerzo de quienes nos precedieron y construyeron el camino.
¿Acaso estamos construyendo una sociedad carente de empatía y respeto?
@poupeedinubila

En mi otoño solo espero sosiego.
Que mis días me sorprendan,
que cada amanecer sea diferente y cada paisaje me ilumine.
En mi otoño no espero grandes sorpresas;
me conformo con abrazos cariñosos y dulces besos de mi gente querida,
con las melodías que me retrotraen al pasado y
con los brazos contenedores de aquellos que partieron, pero aún están conmigo.
Me conformo con el pimpollo que asoma tímidamente y llenará de colores mi jardín,
con las palabras que brotan cada día y me permiten expresar mis sentimientos.
En mi otoño no preciso riquezas, tan solo sosiego.
@poupeedinubila

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Nunca sabré cuándo será el último día que te vea, por eso… todos los días te digo cuánto te quiero…
@poupeedinubila

El aleteo de una mariposa puede decirte mil cosas…
El beso de un ángel, la caricia nunca recibida,
o tal vez, el beso de quien ya partió.
@poupeedinubila
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Desde un retrato en la pared me viste crecer…
Desde allí me observaste,
siempre alegre, con esa generosa sonrisa pintada en tu rostro.
Fuiste la tía más presente, la de todos los días.
¡Qué paradoja!
Cuando nací ya te habías ido a recorrer otros mundos;
no obstante, desde allí tu sonrisa alegró mis días y
tus cartas me hablaron de ti.
¡Gracias!
