Si me remonto a mi infancia, en una casa dónde no faltaban libros y tampoco la libertad para leerlos, me viene a la memoria una niña de apenas ocho años recitando el «Piu Avanti» de Almafuerte y seguramente allí estaba mi madre sonriendo:
¡PIU AVANTI! No te des por vencido, ni aun vencido, no te sientas esclavo, ni aun esclavo; trémulo de pavor, piénsate bravo, y arremete feroz, ya mal herido. Ten el tesón del clavo enmohecido que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo; no la cobarde estupidez del pavo que amaina su plumaje al primer ruido. Procede como Dios que nunca llora; o como Lucifer, que nunca reza; o como el robledal, cuya grandeza necesita del agua y no la implora… Que muerda y vocifere vengadora, ya rodando en el polvo, tu cabeza!