
Tan solo el árbol tapizando de hojas rojas el suelo,
es todo lo que recuerdo de él…
@poupeedinubila -agosto 2026
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Tan solo el árbol tapizando de hojas rojas el suelo,
es todo lo que recuerdo de él…
@poupeedinubila -agosto 2026
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No solo giras en nuestro derredor,
eres la guardiana de nuestros sueños,
la musa del poeta y la compañía de los insomnes.
¿Qué sería del árbol sin tu compañía… del espejo del agua?
¿Dónde quedaría la magnificencia de sus reflejos?
Fiel a tu creación, allí estás,
y cada quien te verá según su pertenencia.
@poupeedinubila -Agosto 2026
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Es ese árbol con sus hojas cobrizas quien le dice al agua:
– Mírame, yo soy tu espejo.
@poupeedinubila – agosto 2026
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Cuando vives tu mundo como un paraíso.
Sientes el aleteo de las mariposas en tu derredor;
el aroma de las flores… tan suave pero tan intenso.
El canto de las aves, distintos todos pero armoniosos.
El sol te acaricia… la brisa te revuelve el cabello.
Tienes todos los tesoros que la vida te brinda.
Debes aprender a disfrutar.
@poupeedinubila – agosto 2026
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Cuando el viento sopla amorosamente y los pájaros vuelan bajo,
el camino se llena de flores y una luz cálida me ilumina.
¿Sueño o realidad?
Apoyada en el vano de la ventana, la joven mira el paisaje, se zambulle en él, lo disfruta, percibe el aroma de las flores y el roce del aire en sus mejillas.
El aroma de las flores… nunca pudo escapar del embrujo que le produce, y este pensamiento la retrotrae a otra época, la de su niñez.
La niñez… que etapa tan bella; la inocencia y la falta de miedos llevan a realizar cosas instintivamente, sin pensar en los peligros que pueden traer aparejados.
La mente vuelve atrás, a cálidos recuerdos de niña, cuando su madre le leía cuentos y ella los vivía imaginariamente. ¿El preferido? El de la princesa que vivía prisionera en un castillo. Le parece escuchar:
“…Había una vez un castillo, rodeado de bosquecillos y prados por cuyos senderos paseaban los señores del lugar. Un surco de agua lo dividía y a la vez lo unía al resto del paisaje formado por pueblos lejanos y cumbres montañosas.
El castillo era deslumbrante, con murallas y torres, con ventanas desde donde se podía observar el paisaje, pero todo ello perdía brillo porque en él habitaba una princesa de una especial hermosura, vestida con esplendidos trajes de seda bordada en hilos de oro, y del cuello colgaba un hilo con un pequeño diamante, su mirada…era melancólica y triste.
La princesa se encontraba encerrada en el castillo debido a que no había escuchado los consejos dados por las doncellas, sobre no subir a la cumbre de la montaña, esa que admiraba desde su ventana. La gente temía hacerlo porque creían en la existencia de obstáculos mágicos que hacían que, quienes visitaran el lugar, corrieran el riesgo de ser castigados. La princesa creyó que eran supersticiones y las desoyó.
Un día, muy tempranito, cuando el sol aún no aparecía en el horizonte, subió por el sendero empinado de la ladera mientras escuchaba el canto de los pájaros que despertaban. Iba mirando asombrada ese paisaje tan colorido, cuando de pronto, debajo de un declive espinoso, vio esa pintura de la naturaleza que con trazos de diferentes colores vestía las laderas, echando raíces en grietas y tapizando el suelo como la más cara alfombra que verse pudiera: eran flores de los colores más bonitos y las formas más vistosas. Las fue cortando una a una, seleccionando los colores y, en tanto fue alejándose de espaldas, para tener una mejor vista, casi resbala en los pantanos que por allí había.
No se detuvo, arrastró su vestido enlodado y continuó embelezada ante este prodigio. Se sentó sobre una piedra y, lentamente, mientras canturreaba acompañando los sonidos de la naturaleza, tejió una hermosa corona de flores. Cuando la hubo terminado, miró a su alrededor satisfecha, y allí se dio cuenta de lo tarde que se había hecho. Los árboles, por la altura del sol, proyectaban una larga sombra. Eso le advirtió que era tarde. Se levantó, se colocó la corona y regresó a paso rápido.
A esta altura del cuento, ella respiraba profundamente y su madre concluía con estas palabras:
«…la corona que la princesa tejió estaba hecha con flores mágicas que no debían salir de la montaña; las mismas trajeron tristeza al hogar, el padre enfermó muy gravemente y, al no poder atender los negocios, perdieron riqueza; la princesa fue castigada por desobediente y entonces, no pudo salir del castillo hasta que un caballero la pretendiera en matrimonio. Esto llevó mucho, mucho tiempo…”
Toda vez que el aroma de las flores la embarga siente a su lado la presencia de la princesa.

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-Memorias de una Princesa-
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