Mi ceibo coral

Hay algo que me pasa cada vez más seguido y es que no puedo entender a las personas que se comportan como vándalos.

¿Por que  un árbol que te brinda sombra  y en la belleza de su floración se cubre de un halo coral puede llegar a molestar como para prenderle fuego?

Mi ceibo coral, hermoso, rozagante, erguido en mi vereda como el gran vigía luego de que la tormenta hiciera estragos con el lapacho gigante, una noche ardió junto con las ramas del lapacho y la palmera emplazada muy cerca. Fue tanta la impotencia que sentí esa noche mientras hablaba con la policía y los bomberos trataban de apagar el fuego. No entendía el motivo y sigo sin entenderlo aún hoy cuándo lo miro elevar sus brazos quemados hacia el cielo tratando de lucir la mitad de su fronda verde.

Mi hermoso ceibo al que cuidé a partir de un pequeño plantín y me regaló años de belleza, me mira con tristeza preguntándose ¿por qué?

Las rutas de Entre Ríos

Los rutas de Entre Ríos marcaron mi infancia. Con su cuchillas  tapizadas de diversos colores de verde o amarillo, dependiendo del cultivo, o la tierra recién roturada preparada para la siembra. Esas pendientes del camino  desde la ventanilla del ómnibus se veían como algo irreal  para mi , una niña nacida en el Chaco de tierra llana y mucho monte.

Las rutas de Entre Ríos no sólo quedaron grabadas en mis pupilas, sino también en mi corazón. Las recorría los veranos junto a mi madre que volvía a su terruño y al seno de su familia. Esas ciudades y pueblos como Victoria, Nogoyá, Gobernador Mansilla, Conscripto Bernardi con sus construcciones antiguas y esos portales y rejas que maravillan, los recorríamos visitando a la familia, o la tumba de mi abuela.

Los veranos pasados en Entre Ríos, sus casas, sus rutas, sus calles, sus pueblos y …el “coche motor” -el tren-  que tomábamos para llegar a Conscripto Bernardi eran toda una aventura en mi cabeza de niña.

Hace unos días de regreso de Buenos Aires pasamos por el sur de la Provincia de Entre Ríos y no pude evitar grabar un pequeño video para plasmar algo de mis recuerdos, como mi blog no me permite subirlo quizás unas tomas sirvan de muestra.

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Poema LXV

Quisiera ser la brisa

que tus cabellos agitan,

ser aquél árbol,

que a su sombra pasas.

El viento Norte

que por cada poro penetra,

adueñándose de nuestros cuerpo.

El sol ardiente,

que nos recuerda que en el Chaco estamos.

La dulce llovizna,

que cual caricia,

se apodera de ti.

Ser yo misma.

Naturaleza, yo.

Ser todo aquello

que atándote no dañara.

Ser mucho

y  ser poco.

Ser solo yo.

Lelia Di Nubila-libro Reconociéndonos

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