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Ese tic tac de los músculos faciales que comienzan con un movimiento leve y pausado. Ese tic tac que va marcando un ritmo cada vez más intenso hasta contraer medio rostro, causando dolor y lleva  mi mente a un refugio profundo dónde ruego que pase pronto. Ese tic tac que me acompaña cada vez más seguido. Ese tic tac que se inicia sin motivo aparente cuándo los demás músculos de mi cuerpo se preparan para el descanso. Si, ese tic tac…

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Pidiendo ayuda

Siento el peso del mundo cargado en mis espaldas. Suena una música relajante que me acompaña, pero no es suficiente, mis preocupaciones, y aquellas otras que sumo porque forman parte de mi entorno familiar, duelen. Y cuándo digo duelen es literal, mi esqueleto duele en casi toda su extensión. Sé que debo relajarme y que lo que deba pasar, pasará y sino es así aprenderé a sobrellevar. ¡Pero que difícil es concientizarme!

Ángeles que me guardan, mi seres queridos que partieron, necesito un abrazo desde el infinito. No me abandonen.

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Dolores

Hay hechos que ocurren en la vida de una mujer muy difíciles, tristes, oscuros, pesados.

Cuando se es niña se calla por miedo, cuando crecemos por culpa, porque creemos que nosotras somos culpables de los que nos pasó.

Cuando ya somos más grandes, hemos dado vuelta el recodo de la vida, sabemos que eso no es así… sabemos que no somos responsables de NADA  de lo que nos ocurrió…y es el momento en que tenemos ganas de gritar el abuso que hemos sufrido…el acoso que hemos sufrido…

No importa si se trata de una persona cercana. ¿Por qué callar, por qué seguir callando?

¿Por mandato? Siento que es mejor liberarnos del peso, dejar que fluya y limpiar nuestra

alma de culpas, que no son tales.

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Cómo decir adiós

Hay muchos libros que explican los pasos del duelo, pero nadie te dice lo duro que puede ser. No soy psicóloga, ni tengo una preparación especial. Soy una mujer común que ha transitado la vida golpeándose y aprendiendo, cayendo…cayendo hasta tocar fondo y levantándose tambaleante. La lectura y los psiquiatras fueron de relativa ayuda, tuve que vivir paso a paso y reconstruirme lentamente hasta que llegó el día  en que me sentí entera.

Pero aprendí  …y me dí cuenta que habían sanado mis heridas  el día en que dejé de recordar la fecha de sus muertes para celebrar sus cumpleaños. A partir de allí, conviven conmigo en las alegrías y las tristezas para acompañarme, aconsejarme en sueños y compartir.

Hoy puedo recordarlos con una sonrisa, evocar anécdotas, sentirme sensible, percibir unas lágrimas resbalar por mi rostro, pero no hay dolor en ello.

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Vladimir Kusch

Te extraño…

 Experimentar la pérdida de un ser querido es muy doloroso. Hay dos formas de transitar el camino. Cuando la sentimos directamente nosotros y cuando nos trasciende a través de un hijo.

 La pérdida de nuestros padres por ejemplo nos arranca de cuajo el corazón y podemos abandonarnos al dolor, caer cuanto sea necesario, ausentarnos por el tiempo necesario, no existir y volver lentamente. Pero cuando la pérdida nos trasciende a través de un hijo, ese tiempo no existe…el dolor debemos llevarlo en silencio, no tenemos tiempo para llorar, primero está nuestro hijo a quien debemos acompañar en este camino. El dolor que sentimos es muy profundo pero no podemos permitir que nos inmovilice.

 Así transcurrió este año, fue una experiencia única, te tuve día a día, con el dolor de mi hijo, de los nietos, en las anécdotas, en las risas. Me costó mucho llorarte, debía ser fuerte…ser el hombro en que se apoye Pablo para no derrumbarse, mirarte a través de él y los nietos, continuar sus vidas. Es un camino duro y lo hice lo mejor que pude, porque nadie nos enseña cómo actuar en estas circunstancias, surge instintivamente y como siempre aprendemos de nuestros errores.

 Hoy se cumple un año desde que Dios decidió llevarte y creo que no te lloré lo suficiente, no hubo ninguna posibilidad de que me abandonara al dolor. Te fuiste luchando, a pesar de lo inesperado de tu partida, el último domingo compartido dijiste que sólo pedías un año más de vida, que ya sentías cumplida tu existencia. Cuando pregunté por tus hijos tu respuesta fue clara “para eso están ustedes…los abuelos” y nada hacía presagiar lo que ocurriría salvo ese profundo presentimiento de pérdida que yo sentía y que  lo interpreté erróneamente mientras hablaba del tema con vos, que hacías de mi confidente.

 Gracias por los años compartidos, por los nietos que me diste y por acompañarme cada día de este año que pasó. ¡¡Te extraño Mosa!!

Tristeza

Esa tristeza profunda que se te cuela en el alma cuando escuchas palabras injustas de alguien a quien amas mucho y no reconoces. Esa tristeza profunda que sientes cuando esa persona que viste crecer ya no es la misma porque otras voces llenaron de murmullos sus oídos ensuciando sentimientos…duele, duele en ese rincón del alma donde habitan los amores incondicionales, aquellos que por mas lluvias y tempestades  que los azoten permanecen intactos como el primer día. Y desde ese dolor e infinita tristeza se escapa el resplandor de la esperanza de que llegará un día en que nuestros caminos vuelvan a unirse y un abrazo tierno volverá a fundirnos.