- Villa Gualeguay CENSO 1820 VILLA DE GUALEGUAY
- Gualeguay Censo de Gualeguay 1824
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TOMO N°5
TOMO 4- Año 1820
Por una cuestión de espacio en el blog, se complicó la subida de los censos, son fotografías de archivos muy antiguos, algunos tienen más de doscientos años, y por su peso ocupan mucho volumen que aquí no tengo.
Tardé bastante tiempo en lograr la solución, pero al fin la hallé.
En este blog solo publicaré el Link que los llevara a la carpeta dónde están archivados.
Gracias y espero seguir siendo de ayuda.
Hace unos años atrás, después de mucho postergar, pudimos viajar con mi esposo en la Semana Santa de 2012 a Entre Ríos.
Existían dos motivos muy importantes: visitar a la hermana menor de mi madre única sobreviviente de esa generación, la de mis tíos, la de mis recuerdos de infancia, y la otra trasladar los restos de mi abuela que se encontraban en Nogoyá.
Fue un viaje emotivo, recorrimos en Nogoyá y Victoria: Cementerios, Municipios, Registros Civiles, Iglesias recolectando documentación y sintiéndolos rozár mi cuerpo.
El final del viaje en casa de mi tía Julia en Paraná, un par de días irrepetibles, con ronda de primos, sobrinos y ella con sus 87 años, nos acompañaba hasta la madrugada, compartiendo anécdotas, historias familiares, música, «comida», los infaltables mates y por sobre todo risas. No parecía que habían pasado 20 años de la última vez que nos vimos. Disfrutamos en familia. La tía me permitió escanear fotos que desconocía de mi madre y hermanos cuando eran niños y del abuelo -fue la primera vez que vi a Don Carlos Eliseo Quattrochio-
Ese viaje tenía un propósito, quería cerrar el círculo que mi madre había dejado abierto con su muerte, lo único que me quedaba por hacer era trasladar su madre de Nogoyá y su hermana del Cementerio Municipal para que descansaran con ella en el Jardín de Paz. Lo necesitaba, fue un proceso solitario, la única persona que me acompañó en él fue mi marido. Abrir urnas, trasladar restos y una ceremonia de inhumación que ellas se merecían. Al verlas descender me quebré por primera vez y me quedé allí por mucho tiempo, sentada mirando esa fosa que cobijaba mucha de la historia de mi vida.
Cuando voy al cementerio, pongo la mano sobre la lápida donde están grabados los nombres de las tres y sé que están en paz.

Los rutas de Entre Ríos marcaron mi infancia. Con su cuchillas tapizadas de diversos colores —de verde o amarillo, dependiendo del cultivo— o la tierra recién roturada preparada para la siembra. Esas pendientes del camino vistas desde la ventanilla del ómnibus, se veían como algo irreal para mi, una niña nacida en el Chaco de tierra llana y mucho monte.
Las rutas de Entre Ríos no solo quedaron grabadas en mis pupilas, sino también en mi corazón. Las recorría los veranos junto a mi madre que volvía a su terruño y al seno de su familia. Esas ciudades y pueblos como Victoria, Nogoyá, Gobernador Mansilla o Conscripto Bernardi, con sus construcciones antiguas y esos portales y rejas que maravillaban, los recorríamos visitando a la familia, o la tumba de mi abuela.
Los veranos pasados en Entre Ríos, sus casas, sus rutas, sus calles, sus pueblos y …el «coche motor» —el tren— que tomábamos para llegar a Conscripto Bernardi eran toda una aventura en mi cabeza de niña.
Hace unos días, de regreso de Buenos Aires pasamos por el sur de la provincia de Entre Ríos y no pude evitar grabar un pequeño video para plasmar algo de mis recuerdos. Como mi blog no me permite subirlo, quizás unas tomas sirvan de muestra.