Fue tan grande tu dolor que, cuando pudiste llorar, tus ojos derramaron tempestades.
No necesitaste un hombro donde apoyarte, sino una pared para deslizarte y, en cuclillas, dejarte llevar a lo más hondo de tu ser.
Esa pérdida que arrasó tu vida te transformó en un ente que vagaba en solitario, con las noches en blanco; y si el cansancio te agobiaba, soñabas con ella.
Costó que volvieras al mundo: en tu rostro se dibujaba una sonrisa, pero tu mente volaba.
@poupeedinubila

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