#Historia de Familia · #Reflexiones de vida · #Sentimientos

Te extraño…

 Experimentar la pérdida de un ser querido es muy doloroso. Hay dos formas de transitar el camino. Cuando la sentimos directamente nosotros y cuando nos trasciende a través de un hijo.

 La pérdida de nuestros padres por ejemplo nos arranca de cuajo el corazón y podemos abandonarnos al dolor, caer cuanto sea necesario, ausentarnos por el tiempo necesario, no existir y volver lentamente. Pero cuando la pérdida nos trasciende a través de un hijo, ese tiempo no existe…el dolor debemos llevarlo en silencio, no tenemos tiempo para llorar, primero está nuestro hijo a quien debemos acompañar en este camino. El dolor que sentimos es muy profundo pero no podemos permitir que nos inmovilice.

 Así transcurrió este año, fue una experiencia única, te tuve día a día, con el dolor de mi hijo, de los nietos, en las anécdotas, en las risas. Me costó mucho llorarte, debía ser fuerte…ser el hombro en que se apoye Pablo para no derrumbarse, mirarte a través de él y los nietos, continuar sus vidas. Es un camino duro y lo hice lo mejor que pude, porque nadie nos enseña cómo actuar en estas circunstancias, surge instintivamente y como siempre aprendemos de nuestros errores.

 Hoy se cumple un año desde que Dios decidió llevarte y creo que no te lloré lo suficiente, no hubo ninguna posibilidad de que me abandonara al dolor. Te fuiste luchando, a pesar de lo inesperado de tu partida, el último domingo compartido dijiste que sólo pedías un año más de vida, que ya sentías cumplida tu existencia. Cuando pregunté por tus hijos tu respuesta fue clara “para eso están ustedes…los abuelos” y nada hacía presagiar lo que ocurriría salvo ese profundo presentimiento de pérdida que yo sentía y que  lo interpreté erróneamente mientras hablaba del tema con vos, que hacías de mi confidente.

 Gracias por los años compartidos, por los nietos que me diste y por acompañarme cada día de este año que pasó. ¡¡Te extraño Mosa!!

#Prosa Poética · #Reflexiones de vida

Cómo decirte…

Cómo decirte que la luna no es tan blanca ni el cielo tan azul como lo ves. Que las personas no son blanco y negro… todas estamos llenas de grises.

Que los besos de mamá no se comparan con los de nadie; que podemos estar resentidos, podemos pasar por malos momentos, que quizás nuestra relación con mamá ya no es la de antes, quizás ella ya no esté aquí…

Pero los besos de mamá siguen siendo los besos de mamá. Los besos de mamá siguen siendo únicos…

#Prosa Poética · #Reflexiones de vida · #Viajes y experiencias

Soñando con Tabarca

Soñar, soñar es liberar nuestro inconsciente para que, aún despiertos, podamos cerrar los ojos y sentirnos transportados a otra realidad. La mejor forma de soñar es soñar despiertos para poder disfrutar en su máximo esplendor lo que nuestros sentidos perciben, aunque nos encontremos del otro lado del mundo.
Soñar, es vivir, crear, permitirnos descubrir imágenes, sensaciones felices y dolorosas que alimentan nuestro espíritu.
Soñar con Tabarca, es un símbolo, es bello, es único.
Cierro los ojos y dejo volar mi imaginación: estoy sentada en la popa del catamarán que nos lleva a la isla, el ronroneo del motor se pierde, me abstraigo de los turistas que me rodean y sólo estamos el agua del Mediterráneo, que me moja, y ese viento tan particular que a pesar de su brío es acariciador, revuelve mis cabellos, roza mi piel.
El sol, es lo único que distrae mi mirada del mar y el cielo, una paleta donde se mezcla el azul con el verde en una continuidad constante.
Siento que la velocidad disminuye lentamente, aparece Tabarca, voy descubriendo mientras recorro con la mirada esa
costa escarpada, la piedra con sus diferentes rugosidades que el mar y el viento de tantos siglos lograron tallar en ese peñón.
Recorro ese camino empinado, despacio y con esfuerzo hasta llegar a la planicie. Sólo el cielo, el mar y el sol estamos en ese instante. Me siento abrazada, acariciada por la luminosidad y el murmullo del mar que me dice: por fin estas aquí, te esperaba.
Es bello. Me siento en intimidad con Dios. ¿Qué pudo lograr que la naturaleza creara ese lugar tan sólido, donde el espíritu puede elevarse y gozar sintiendo la protección de una fortaleza que nos aleja de odios, penurias, dolores y sólo podemos agradecer estar vivos?
La camino lentamente… sus construcciones sin edad me hace sentir un sintiempo donde pierdo los límites del ayer y el hoy, la gente vive su rutina como si ignorara el lugar que habita, las gaviotas deambulan, sobrevuelan con la libertad de sentirse dueñas de casa y como en las pinturas de Monet los turistas disfrutan del día, sentados en bares, paseando en su playa agreste o recorriendo pequeños negocios buscando algo que les recuerde que un día estuvieron allí… en Tabarca.
Soñar con Tabarca me permite revisar mi vida y meditar.
Sentada en una piedra, desde esa fortaleza, puedo verme de lejos y apreciar el camino recorrido, sorteando piedras, golpeándome con otras sabiendo que igual que en el camino a la isla, hay viento y sol que me acarician y me contienen… mi familia, mi hogar.

Soñar con Tabarca, es bello…

Lelia Di Nubila – libro «Reconociéndonos»

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