Sueños compartidos

El sueño de Abril:

Me levanté y le pregunté a mi papá donde estábamos.  Era una casa hermosa con vista a la playa…estaban ustedes los abuelos, los tíos:Vero, Mati y Celia, los primos: Agustín, Mateo y Penchi, mi hermano Santiago, papá y yo.

Papá me  explicó: -Vos dormías y no te querías levantar así que te trajimos dormida. Nos mudamos a Miami.

-¡Mudarnos! ¿creí que estábamos de viaje?

-Nos mudamos, compramos esta casa y el tío un local para vender remeras.

-¡Queeee!-

-Vamos a disfrutar de la playa- dijo papá.

Me puse la malla, todo re bien. En la playa vi una cosa semienterrada en la arena, la levanto y era una piedra envuelta en un papel que decía “Abril” y en la otra punta de la playa había otra que decía “corazón”. Le pregunté a mi hermano a que estábamos jugando y él me contestó “que palabras”. Le pregunté a mi papá porque escribió esas palabras, me contestó que no lo había hecho y así sucesivamente todos.

Pensé que no era una casualidad y nadie conoce mi nombre. Las guardé en un libro de los estantes de mi pieza. A la tarde las saqué para ver de quien era la letra, pero no coincidía con nadie de mi familia, dí vuelta el papel y detrás decía “soy yo”. Pensé que era una broma, hay diez mil yo.

Salimos a caminar con vos abuela, recorriendo el centro de Miami, entramos a un shopping, quisiste ir al baño, te esperé, en ese momento las personas comenzaron a correr hacia la calle, sorprendida no entendía nada. Habían anunciado un tornado, y nosotras también corrimos.

Llegamos a la casa, cerramos todas las puertas, en ese momento se me voló el papel que decía “Abril”, quería correr tras él y no me dejaban, logré salir y lo perseguí hasta el agua, lo agarré, volvió a volar por el viento del tornado, logré regresar a la casa y en ese momento… ¡Puff….! me levantaron para el colegio…Era un sueño!!

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Cristian Schloe

Acuario te pinta madre

Si, ya lo sé, un nuevo aniversario de tu partida se cumple.

Pero..¿ acaso no estás, acaso te fuiste?

Tu figura inquieta aún recorre la casa.

Tu temperamento avasallante empuja mis días.

Acuario sigue mostrándote explosiva y ardiente en el recuerdo de quienes te conocieron.

Acompañas mis sueños con tu verborragia de siempre.

Hace diez años te despedí con todo el dolor aplastando mi ser.

Pero no te fuiste, aquí estás rondando mis días.

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Ese tic tac de los músculos faciales que comienzan con un movimiento leve y pausado. Ese tic tac que va marcando un ritmo cada vez más intenso hasta contraer medio rostro, causando dolor y lleva  mi mente a un refugio profundo dónde ruego que pase pronto. Ese tic tac que me acompaña cada vez más seguido. Ese tic tac que se inicia sin motivo aparente cuándo los demás músculos de mi cuerpo se preparan para el descanso. Si, ese tic tac…

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Angustia

Cuándo la angustia pesa y aprieta el pecho sin poder saber cuál es el dolor que se avecina. Cuándo mi mente está en blanco pero mi pecho duele sé que algo va a ocurrir, lo presiento. Fue el modo en que viví acontecimientos de mi vida previo a que ocurrieran. Estos días la angustia pesa y la incertidumbre aún más.

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Palabras Ausentes -Cap.3

Sus hermanos, un tema especial. No se habían criado juntos ni los habían educado como tal, sólo eran hermanos porque la vida lo había decidido así, porque sus padres eran los mismos. No tenían nada en común, nada por compartir. Eran nómadas, no poseían un hogar estable y según las circunstancias cambiaban de residencia, tratando de sacar el mejor provecho en cada caso. Sólo en ocasiones convivían y en esas pocas oportunidades marcaron la diferencia, no eran iguales siempre estaba sometida a ellos.
Con papá de por medio se sentía protegida, era algo que sus hermanos detestaban, era la intrusa, y no faltaba oportunidad de hacérselo saber.
¿Por qué tan agresivos? Nunca lo supo, eran dañinos por naturaleza. Pero Dios sabe que nada es por generación espontánea, probablemente era una forma de autodefensa. Esa respuesta sólo ellos la tienen y nunca la compartieron.

Las temporadas de convivencia no dejaban buenos recuerdos, cada uno luchaba por su espacio sin importar cuanto podía invadir el del otro ni cuanto daño podía causar.
Invariablemente quedaron cicatrices, no solamente en el cuerpo, comunes a todo niño, también en el espíritu. Esas cicatrices que a pesar del tiempo, siguen doliendo. Esto se
compensaba con los hermanos del alma, con los que la vida recompensa y que acompañan incondicionalmente.

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