#Abrazo · #Pensamientos · #Sentimientos

A #Selva Soler

Un día hojeando un diario -raro en mí, no me gustan en papel, me traen malos recuerdos- vi tu nombre…te hacían una misa en recuerdo al día en que partiste.

Hacía un año…

Cuando tenemos alguien tan cerca en el corazón olvidamos lo lejos que los tenemos visualmente.

Nos parece que ayer nos vimos, pero los días pasan, los años pasan, los recuerdos pasan…y te das cuenta que hace muchísimo que no hablaste.

Una sensación de dolor me recorrió por haber perdido a alguien que fue muy importante en mi vida.

Eras el cascabel que alegraba mis días en la oficina, de chiste fácil, sin medias tintas, decías lo que pensabas y eso lo hacía más gracioso.

Era raro verte triste, pero podía haber algunos días cuando se acercaban tus exámenes.

Nuestra vida no terminaba en la oficina…éramos una familia grande, familia de familias. Siempre había un motivo para reunirnos en alguna casa. Siempre había un cumpleaños que festejar.

Un asado por las dudas…

Selva fuiste una de las pocas personas que podía decirme lo que fuere y con la que era imposible enojarme.

Ni siquiera hoy cuando pienso que ya no estás, para mi seguís aquí diciéndome:- «Gracias a Dios tu marido te encontró a tiempo sino te hubieras dado a la mala vida por no saber decir que NO».

Tuvimos que separarnos porque decidiste concluir tu carrera y ya se hizo difícil vernos.

Sé que tus hijos te han mimado y habrás sido una excelente madre, como lo fuiste como amiga y compañera.

Selva, bendito el corazón que te conoció y pudo reír a sus anchas.

A ti …GRACIAS!!!

@poupeedinubila

#Reflexiones · #Sentimientos · #Superación Personal

¿Cómo decir adiós?

Hay muchos libros que explican los pasos del duelo, pero nadie te dice lo duro que puede ser. No soy psicóloga, ni tengo una preparación especial.

Soy una mujer común que ha transitado la vida golpeándose y aprendiendo, cayendo… cayendo hasta tocar fondo y levantándose tambaleante.

La lectura y los psiquiatras fueron de relativa ayuda, tuve que vivir paso a paso y reconstruirme lentamente hasta que llegó el día  en que me sentí entera.

Pero aprendí… y me di cuenta que habían sanado mis heridas  el día en que dejé de recordar la fecha de sus muertes para celebrar sus cumpleaños.

A partir de allí, conviven conmigo en las alegrías y las tristezas para acompañarme, aconsejarme en sueños y compartir.

Hoy puedo recordarlos con una sonrisa, evocar anécdotas, sentirme sensible, percibir unas lágrimas resbalar por mi rostro, pero no hay dolor en ello.

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Vladimir Kusch

#Pensamientos · #Reflexiones · #Sentimientos

Despedida

Acongojado la miro. Lucía, triste  y con  expresión totalmente ausente,  la cabeza inclinada, mirando un punto inexistente se aferra a mi mano para no caer; es la imagen misma del dolor. Siento una rara sensación, no sé discernir quién de los dos es el más fuerte, parece que nos sostuviéramos mutuamente.

La noticia de la muerte de su madre llegó inesperadamente, la sabíamos enferma pero no esperabamos un desenlace tan rápido.

Observo a Lucía y no puedo dejar de ver en ese rostro a Laura; es igual a ella, y los recuerdos me atormentan aún más.

Laura, de una belleza inigualable, con  larga cabellera rubia que suelta o recogida en una trenza era el marco perfecto. ¿Cuántas veces caminamos juntos por los senderos del jardín? ¿Cuántas veces besé su mano sintiendo el temblor que le producía? No lo sé, pero había tanta pasión en ese beso que lograba trasmitirle todo el amor que en mí cuerpo estallaba.

Fue inútil nuestro amor compartido; la familia buscaba un excelente matrimonio para su única hija y yo no era el mejor partido. Sólo era un joven noble que había perdido riqueza en una desafortunada vida de despilfarros. Era inexperto y me dejé llevar por las amistades, vivíamos cada día como si fuera el último, mis padres lo perdonaban todos y creían que si disfrutaba de los placeres de la vida luego sería un buen esposo, un esposo sosegado y austero.

En algo tuvieron razón: cuando perdí a Laura me convertí en un hombre sosegado y austero, pero de un solo amor. Nunca pude encontrar otra mujer, viví  en la sombra, a la sombra de su familia, disfruté alegrías y la acompañé en los pesares.

La imagino durmiendo el sueño eterno en aquella habitación que conocí cuando la visité durante  la enfermedad. Su cama que se recorta en el centro del ambiente con una imagen angelada en la cabecera;  ese rincón preferido, la pequeña mesa y una banqueta con todo lo necesario para escribir. La imagino durmiendo, pero imagino a mi Laura. La Laura que conocí hace veinte años.

La presión de la mano de Lucía,  me trae a la realidad. Laura se nos fue. Laura ya no está.

Lelia Di Nubila