Vos que siempre estuviste a mi lado cuando lo necesité, no me sueltes la mano ahora.

Vos que siempre estuviste a mi lado cuando lo necesité, no me sueltes la mano ahora.

Te soñé. Te soñé diferente…
Hablábamos como siempre, vos estabas en la casa de General San Martín, sentada con alguien conocido y a quien no recuerdo. La casa totalmente pintada de un tono vainilla, la pared externa del lado izquierdo cubierta por un mural que representaba a la Virgen y el Niño.
Era una situación extraña. Venía con mi prima de su casa , hablábamos de los niños, de una colonia de niños pequeños, como mis nietos, jugando a expresarse con música. Nuestra conversación estaba detenida en el tiempo y los niños de los que hablábamos eran mis hijos.
No sé si fue la música que sonaba en mi sueño o los juegos de los niños los que me despertó y como era de suponer estaba sola y en el silencio más absoluto.
Cómo siempre… nos encontramos en mi próximo sueño…

Cuándo alguien se enferma de gravedad en nuestro círculo de conocidos, nos vuelve tan vulnerables, nos recuerda que no somos eternos.
Que debemos dejar de proyectar a largo plazo para disfrutar del presente.
Que nuestros amigos de la vida no están tan lejos como pensamos y bien vale un reencuentro.
Que nuestra familia es el abrazo más acogedor que nos brindó Dios y debemos agradecerlo todos los días.
Que la naturaleza que nos rodea está aquí y ahora.
Debemos disfrutar todo lo bueno y aceptar lo malo porque de ello aprendemos.
De eso se trata la sanación.

Si ayer te buscaba desesperadamente,
como es que hoy que te tengo no me doy cuenta.
Será que estos años de convivencia
¿borraron toda melancolía?
Si tanto añoré un hijo tuyo.
Como es que hoy que lo tengo
no me doy cuenta.
¿Será que el saberlo nuestro bastó para aplacar mi anhelo?
¡Ay! amor mío,
cuántos sueños llevados a cabo,
cuánta unión en cada hora pasada.
Cuánto amor.
¡Cuánta esperanza…!

En el camino me encuentro con grandes piedras y otras pequeñas fáciles de sortear, haz que esta no sea tan empinada y ayúdame a costearla. Señor en vos confío.
Es el atardecer,
estoy sentada mirando las nubes que barren el cielo.
¿Qué cosas podrían contarme si hablaran?
Quizás podrían hablar de sufrimientos.
Quizás disfrutarían recordando momentos felices.
Quizás, quizás, hasta el infinito…
Son mágicas y me arrastran con ellas…
Veo figuras que se forman y deforman,
por su libre albedrío.
Son mágicas y me arrastran con ellas…
Veo esperanza, felicidad y sobre todo veo paz.
Son mágicas y me arrastran con ellas…
*Libro «Reconociéndonos»

-Memorias de una Princesa-
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