#Historia · #Música, · #Sentimientos

Nuestros pueblos originarios: Los Tobas o Quom

Recuerdos de infancia me traen la imagen de «los paisanos» como los llamábamos entonces, vendiendo yuyos curativos recogidos del monte, canastos tejidos con hojas de totora , máscaras labradas en palma, arcos y flechas, jarrones, animales nativos de la zona, rosarios modelados en barro, dándoles la impronta de su cultura.

En aquellos años se manejaba mucho con trueque, recibían ropa o comida a cambio. Hoy los encontramos en ferias artesanales, rutas, veredas céntricas o recorriendo la ciudad. Mucho se ha hablado en estos tiempos sobre los «Derechos Humanos», pero no fueron incluidos o no se cumplieron para ellos.

En la Provincia del Chaco, en 1962, hace 55 años  por iniciativa de Doña Inés Garcia de Márquez se creó el Coro Chelaalapí (Bandada de Zorzales), con sus instrumentos propios, atuendos propios de su etnia tejidos  con fibra de la «yica» y el lamento de sus voces que al escucharlos hace temblar el corazón.

Fue consagrado como Patrimonio Cultural Viviente por la UNESCO.

Actualmente el grupo Tonolec  interpreta sus canciones, respetando sus orígenes. Aquí comparto un video de ellos junto al Coro.

 

#RecuerdosDeInfancia · #Sensaciones

Mi profesora de piano

Cuando veo un piano pienso en ella, mi profesora, sentada marcando la partitura y corrigiendo con su voz cascada de tanto fumar. Era muy expresiva, si estaba alegre inclinaba la cabeza hacia atrás y reía con todo el cuerpo, sus manos temblaban permanentemente, pero bastaba que se posaran en el teclado para que lo hiciera vibrar con una melodía clásica o un tango.

 Esther era muy personal. Amiga de mi madre, compañera de viajes y secretos. Ambas estaban solas y con hijos, pero hacían de sus vacaciones periodos de soltería; creo que juntas lograron ese punto de locura donde el bien y el mal se unen para redimirse.

 ¿Como la veo a la distancia? La veo como ese cuadro de McNeill Whistler donde la niña vestida primorosamente de blanco, con balerinas negras atadas a los tobillos y los brazos cruzados apoyados con suavidad en el piano escucha a la profesora ejecutar el instrumento; la dama tiene un aire místico, el pelo recogido en la nuca deja el rostro al descubierto y con él sus sentimientos que se traslucen con el correr de los dedos sobre el teclado. La mujer y la niña son la representación del amor y la admiración. Esa pintura me la recuerda por la magia que lograba despertar en mí.

 Esther era de estructura pequeña y cuerpo esbelto, lucía polleras muy ajustadas o pantalones que marcaban su silueta, y tenía la sonrisa pintada en el rostro.

 ¿Cómo la veo a la distancia?, igual, eternamente igual, los años no pasaron para ella, siempre estaba igual.

 Un día enfermó de gravedad y con Esther sufrió mi madre, se perdían sus encuentros, la memoria compartida. Llegó la jornada de la despedida y también se fue el corazón de mamá. Nunca volvió a ser la misma, con la amiga partió parte del alma. Los secretos tan bien guardados por tantas décadas, los amores de verano, todo quedó enterrado en lo profundo de su ser y reflotó la pena y el resentimiento que la acompañó en el último período.

 ¿Como recuerdo a Esther? Como a la gemela de mi madre en un período en que lo guardaron para sí, un tiempo que permaneció en la nebulosa. La evoco con la imagen que quedó grabada en mí… riendo, mientras su cuerpo se agita tembloroso.

Lelia Di Nubila