#Pensamientos · #Sentimientos

La belleza de soltar recuerdos

Llega un momento en que empezamos a desprendernos de aquellas cosas que pensábamos que eran únicas y muy nuestras; es un proceso natural de crecimiento y transformación personal.

Es hora de delegar en otros su atesoramiento o no, reflexionando sobre la conexión emocional que teníamos con esos objetos, recuerdos o incluso relaciones. En este acto de dejar ir, a menudo encontramos nuevas oportunidades para redescubrir quiénes somos, permitiéndonos avanzar con una carga más ligera.

Algunas de ellas las heredamos de un ser querido o solo llegaron a nuestras manos sin que supiéramos cuál fue su ruta, tal vez a través de una serie de conexiones inesperadas tejidas en el tapiz de nuestra historia familiar. Estas piezas, cargadas de memorias y emociones, pueden evocar historias de épocas pasadas y personas que han dejado huella en nuestros corazones.

Recuerdos de viajes, nuestros u obsequiados, bijú adquirida en cada etapa de nuestra vida. Cómo ese prendedor con forma de mariposa que me compré cuando estaba embarazada de mi primer hijo, momentos de ilusión y amor. A lo largo de los años, he acumulado cosas que evocan historias diferentes: collares que pertenecieron a una tía, los que volví a enhebrar sus piezas para cambiar el estilo pero siguen recordándome la risa contagiosa de su dueña y las vacaciones de mi adolescencia compartidas.

…y ese cuaderno de la primaria que todavía conservo o mis primeras poesías escritas en cuadernos amarillentos por el paso del tiempo.

Los regalos de nuestros niños (ya hombres), dibujos, tarjetas, pequeños obsequios que hoy llenan cajas con un sinfín de historias. Recuerdos de nuestra infancia, adolescencia… vida… que hoy ocupan lugares en nuestra casas y en nuestros corazones, llenando cajas y cajones con nostalgias. Pequeños regalos de los que ya no recuerdo su origen, pero que transmiten sonrisas y momentos compartidos.

Herencias, cosas similares que pertenecieron a mi madre, pequeñas joyas del pasado que nos conectan con nuestras raíces. En cada objeto, hay un eco de risas infantiles, de abrazos cálidos y de sueños que, aunque ya se han transformado, aún perduran en la memoria.

Carpetas atiborradas con los dibujos de nuestros nietos, cada uno de ellos es un reflejo único de su creatividad e imaginación. Estas obras de arte infantil no solo son coloridas y vibrantes, sino que también representan momentos especiales y memorables de su crecimiento. Cada trazo y cada mancha de pintura cuentan historias de risas y juegos, de sueños inocentes y de su forma de ver el mundo.

Libros que acompañaron otra etapa de mi vida…libros para mis hijos…a pesar de haber regalado muchísimo siguen allí.

Todo ello tiene un valor afectivo y representan etapas vividas, tristezas, alegrías…pero nos damos cuenta que ha llegado el momento de desprendernos y dejar que otros decidan su destino.

A pesar de no considerarme una acumuladora, acumulé mucho en mi vida, desde objetos pequeños que tienen un valor sentimental significativo, como cartas y fotos, hasta pertenencias más grandes que han marcado momentos importantes. Con el tiempo, me he dado cuenta de que estos elementos no solo ocupan espacio físico, sino que también representan recuerdos, experiencias y las relaciones que he cultivado a lo largo de los años. Esta acumulación, aunque involuntaria, se ha transformado en un reflejo de mi historia personal.

A pesar de practicar el uso circular de ropa, muebles , libros, elementos de cocina, cada día me enfrento al dilema de «que se va ahora» y las negociaciones con la familia. No todos nos desprendemos de nuestras cosas en igual medida.

Todo puede reciclarse, en mi casa o en otra, es cuestión de tomar la decisión y aplicarla.

¿En sus casas ocurre lo mismo?

@poupeedinubila

Junio 2026

#Reflexiones · #Sentimientos · #Superación Personal

¿Cómo decir adiós?

Hay muchos libros que explican los pasos del duelo, pero nadie te dice lo duro que puede ser. No soy psicóloga, ni tengo una preparación especial.

Soy una mujer común que ha transitado la vida golpeándose y aprendiendo, cayendo… cayendo hasta tocar fondo y levantándose tambaleante.

La lectura y los psiquiatras fueron de relativa ayuda, tuve que vivir paso a paso y reconstruirme lentamente hasta que llegó el día  en que me sentí entera.

Pero aprendí… y me di cuenta que habían sanado mis heridas  el día en que dejé de recordar la fecha de sus muertes para celebrar sus cumpleaños.

A partir de allí, conviven conmigo en las alegrías y las tristezas para acompañarme, aconsejarme en sueños y compartir.

Hoy puedo recordarlos con una sonrisa, evocar anécdotas, sentirme sensible, percibir unas lágrimas resbalar por mi rostro, pero no hay dolor en ello.

imagen25
Vladimir Kusch

#Poema · #Sentimientos

Déjame olvidarte

Siento que te quiero,

pero esto nada cambia.

Te mantienes lejos, a igual distancia.

Puedo hacer miles de cosas

pero antes de todas ellas, estas tú.

Ante cada libro, ante cada verso,

tu rostro aparece,

fantasma, de un pasado reciente

orlado de recuerdos sin fin.

Persigues mis noches.

Persigues mis días.

¿Porqué?…

Sino piensas darme tan sólo un minuto.

Deja tranquila mi imaginación.

Olvida que existo.

Esconde tu recuerdo para que no venga a mí.

Te quiero, pero ya nada importa,

tus noches se han ido muy lejos de mí.

Sólo tus recuerdos bailan en mi mente

al son de un disco de jazz.

Lelia Di Nubila

#Pensamientos · #Reflexiones · #Sentimientos

Despedida

Acongojado la miro. Lucía, triste  y con  expresión totalmente ausente,  la cabeza inclinada, mirando un punto inexistente se aferra a mi mano para no caer; es la imagen misma del dolor. Siento una rara sensación, no sé discernir quién de los dos es el más fuerte, parece que nos sostuviéramos mutuamente.

La noticia de la muerte de su madre llegó inesperadamente, la sabíamos enferma pero no esperabamos un desenlace tan rápido.

Observo a Lucía y no puedo dejar de ver en ese rostro a Laura; es igual a ella, y los recuerdos me atormentan aún más.

Laura, de una belleza inigualable, con  larga cabellera rubia que suelta o recogida en una trenza era el marco perfecto. ¿Cuántas veces caminamos juntos por los senderos del jardín? ¿Cuántas veces besé su mano sintiendo el temblor que le producía? No lo sé, pero había tanta pasión en ese beso que lograba trasmitirle todo el amor que en mí cuerpo estallaba.

Fue inútil nuestro amor compartido; la familia buscaba un excelente matrimonio para su única hija y yo no era el mejor partido. Sólo era un joven noble que había perdido riqueza en una desafortunada vida de despilfarros. Era inexperto y me dejé llevar por las amistades, vivíamos cada día como si fuera el último, mis padres lo perdonaban todos y creían que si disfrutaba de los placeres de la vida luego sería un buen esposo, un esposo sosegado y austero.

En algo tuvieron razón: cuando perdí a Laura me convertí en un hombre sosegado y austero, pero de un solo amor. Nunca pude encontrar otra mujer, viví  en la sombra, a la sombra de su familia, disfruté alegrías y la acompañé en los pesares.

La imagino durmiendo el sueño eterno en aquella habitación que conocí cuando la visité durante  la enfermedad. Su cama que se recorta en el centro del ambiente con una imagen angelada en la cabecera;  ese rincón preferido, la pequeña mesa y una banqueta con todo lo necesario para escribir. La imagino durmiendo, pero imagino a mi Laura. La Laura que conocí hace veinte años.

La presión de la mano de Lucía,  me trae a la realidad. Laura se nos fue. Laura ya no está.

Lelia Di Nubila