Si miraras más seguido el cielo verías señales.
Quizá una paloma…o un camino de piedras.
Las caras de niños o ancianos que te sonrien.
¿Qué que significa?
Imagínalo tú.
@poupeedinubila
Imagen Pinterest

Si miraras más seguido el cielo verías señales.
Quizá una paloma…o un camino de piedras.
Las caras de niños o ancianos que te sonrien.
¿Qué que significa?
Imagínalo tú.
@poupeedinubila
Imagen Pinterest
La casa se vistió de fiesta. Marieta se comprometía en matrimonio. Ella y Rodolfo eran una pareja ideal, ambos acostumbrados a una vida de holgura se complementan con sus ademanes elegantes, siempre atentos el uno con el otro.
Llegaron huéspedes para asistir a la ceremonia, entre ellos la prima Luisa, una joven alegre, que vestía con soltura ropa de colores brillantes, acostumbrada a llamar la atención y a disfrutar de ello. Esta vez fue inoportuna.
Creó una situación confusa entre dos caballeros que se disputaban su atención; uno de ellos, Hugo, tuvo la ocurrencia de obsequiarle un pendiente con pequeñas esmeraldas engarzadas, como demostración de su amor. Ella aceptó con total displicencia sólo para causar celos al otro. Tal actitud obligó a su tío a mediar en la disputa y el hecho fue considerado de mal gusto para el resto de la familia que se encontraba disfrutando de un clima agradable.
En la cocina Pedro y yo, los sirvientes, murmurábamos sobre las novedades. Nos juntábamos para compartir dolores, reclamando el trato injusto que recibíamos; éramos los criados más antiguos de la familia; habíamos crecido en esa residencia junto con la Damita que se acordaba de nosotros cuándo le urgía algún servicio, y nos daba toda clase de órdenes con el desdén y la prepotencia de la mala educación recibida que la hiciera crecer como centro del mundo.
Esa boda era esperada por la familia. Se vio a Marieta inclinada sobre la mesa con la pluma en una mano y, la otra, apoyada con languidez sobre el papel; el rostro tenía un leve resplandor y en la mirada se traslucía la firmeza del carácter. Su porte era el de una dama muy segura de sí, acostumbrada a ser respetada y obedecida ciegamente, pero en ese momento se encontraba inusualmente nerviosa.
El día de la boda se acercaba y toda la casa se encontraba revolucionada; querían destacarse socialmente realizando una fiesta inolvidable. De pronto, Pedro y yo escuchamos un grito y un ruido sordo en la sala. Corrimos y, lo primero que vimos, fue a la señorita Luisa caída a los pies de la mesa, donde se hallaba un jarrón de porcelana dorado con un ramo de flores de colores, arreglado exquisitamente.
Dimos la alarma y, con urgencia, llegó el médico, pero ya era tarde: ella estaba muerta.
Los criados nos miramos y observamos aquellos pálidos rostros de nuestros patrones y los de los invitados: expresaban temor; más aún cuando el médico informó que fue envenenada
Todo era miedo, todo era sospecha. El jefe de policía inspeccionó el lugar y descubrió que el ramo de flores estaba envenenado y Luisa era alérgica.
Comenzó el interrogatorio en una habitación contigua, los primeros fuimos los criados.
La pregunta: -¿Quien preparó el adorno floral?
La respuesta repetida fue:-La señorita Marieta.
Nadie vio nada anormal era una tarea cotidiana. El interrogatorio continuó con las restantes personas y la policía se retiró dando por terminada su tarea dejando un clima tenso.
Quien hizo el arreglo floral sabía que llamaría la atención y tentaría a acercarse a descubrir el aroma; por ello, en el agua con la que fueran rociadas puso unas gotas de veneno.
La intención y el destinatario, eran desconocidos…

Imagen Pinterest
-Es Juan, el hombre que reparte la correspondencia, enloqueció y cree que lo están acosando.
El desorden lo cubre todo, la gente corre desesperada mientras unos yacen en el suelo. El caos es tan grande que solo piensan en salvarse.
Desde mí puesto de observador miro como en una película lo que está sucediendo a mí alrededor. No puede ser Juan quien haya sacado el arma y disparado a mansalva. Lo veo a diario, recorre las oficinas repartiendo la correspondencia, es un hombre tranquilo, que para cada uno de los empleados tiene una palabra amable.
Hoy vino desquiciado, nos miró con desconfianza, y se sentía perseguido y gritaba frases incoherentes. Solo entendí que se dirigió al gerente diciendo:
-¿Me ha estado observando? -inquirió con una mirada rencorosa dibujada en su cadavérico rostro.
El gerente es un hombre que no acostumbra mentir.
-Confieso -dijo- que he observado su comportamiento y que ha despertado mi interés y curiosidad en el más alto grado.
El hombre sacó un revolver que tenía oculto en el pecho, giró sobre si mismo y comenzaron los balazos.
-Es Juan, el hombre que reparte la correspondencia, enloqueció y cree que lo están acosando –me repito para que no me queden dudas.
Veo algunos compañeros tirados en el piso con graves heridas, otros escondidos tras los escritorios. ¿Yo?, estoy aquí detrás de él, oculto pues me molestaría mucho que me acosaran con preguntas; afortunadamente Juan no me ha visto. Las sirenas se escuchan muy cerca, los gritos continúan y yo sigo diciéndome, no vaya a quedar alguna duda:
-Es Juan, el hombre suave y cordial que todas las mañanas me da la correspondencia.