#Reflexiones de vida · #Sentimientos

Cansancio

 


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Por mucho tiempo me he mantenido dispersa, activa en  sitios de acuerdo con mis diferentes intereses y necesidades y esto es agotador.

No  estoy dividida… soy un todo. Así soy…tengo variados intereses, me gusta escribir poesías, cuentos…porque de ese modo me resulta más fácil  expresar mis sentimientos. Pero también soy yo en esa búsqueda interminable de mis raíces —que va más allá de un simple árbol genealógico—; soy yo quien, como Penélope tiene las agujas en un bolso bien a mano porque siempre está  tejiendo algo; y soy yo quien hunde las manos en la tierra para trabajar con las plantas o quien pincel en mano arremete con los muebles, canastos, y  todo aquello que quiero renovar.

¿Si la vida me permitió  expresarme de tantos modos diferentes por qué decidio dividirme en tantas partes? Quizás porque mi obsesión me lleva a clasificar todo, hasta mis actividades. Puede ser… pero es muy agotador.

#Narrativa · #Relatos

El símbolo

Es un día caluroso, Elisa y sus amigas se reúnen bajo la glorieta para oír música y hablar, es un lugar muy placentero, están tumbadas en los sillones, envueltas por el perfume de las flores y la vista perdida en el prado que se extiende hasta el horizonte, sólo el sonido de los pájaros las acompaña. Es el lugar preferido para las reuniones; allí pueden conversar libremente sin que las interrumpan. Entre tantos temas se  filtra una historia contada por Sara.

Tumbada en su asiento, casi desmayada, revuelve los cubos de hielo de su vaso con la punta de un dedo;  luego, lo lleva a la boca y dice:

 – Hace un tiempo, leí una novela que me impactó, quizás porque en ese momento estaba sensible. Los personajes tenían nombres muy particulares: ella, Enero; él, Macías. Ella   era una doncella de naturaleza sensual pero con alma de niña, pelo renegrido, suelto sobre sus espaldas, túnica envolvente y pies siempre descalzos. Tenía una debilidad: un bonsai cultivado en una bella vasija y que se encontraba  bajo la ventana de la sala; lo mimaba y hablaba con él como si fuera un amigo, le contaba sus secretos y, a vista de todos, parecía  que la planta le  devolvía la atención creciendo hermosa y saludable. En los momentos de tristeza se abrazaba a la vasija y la acariciaba suavemente.

Sara levanta la vista, mira a sus amigas con detenimiento para asegurarse de recibir la atención general y luego de un suspiro continúa:

– Macías  era demasiado bello para ser terrenal: la versión del ángel de la tentación, el óvalo del rostro perfecto, sus labios  tenían un toque de femineidad, los ojos almendrados, de un tono verdoso,  traslucían sus pensamientos y el pelo le caía  desordenado  dándole un toque aniñado que lo  hacía irresistible.

 Enero  vivía con su madre, una dama educada en la alta sociedad, de modales y conducta acorde a su posición a la que se le sumaba una inteligencia cultivada por los mejores profesores. Era una persona especial que cuidaba de su hija con esmero.

El trino de un zorzal distrae la atención. Elisa y su grupo de amigas aprovechan para disfrutar del refresco y, acomodándose en sus butacas, se vuelven a Sara que espera tranquila a que regrese el silencio.

– En una de las visitas a su enamorada, Macías se  acercó a la ventana para correr las cortinas; lo  hizo con tanta fuerza que la vasija  rodó al piso y la planta  mostró sus raíces desgarradas y el follaje semidestruido. Enero  cayó  con un grito desgarrador, desvaneciéndose. Su madre que  conocía la enfermedad, la  acunó mientras esperaron la llegada del médico.

Poco pudo hacerse con una criatura tan frágil, el médico  aconsejó reposo  y que no la  dejaran sola.

 Llegado a este punto el grupo de amigas se distiende y comienzan a apostar si Enero despertará o no. Sara las mira con una sonrisa comprensiva; las conoce y sabe que no pueden callar por mucho tiempo. El parloteo sigue por unos minutos más hasta que un gesto de Elisa logra silenciarlas. El relato continúa:

 – Macías se  culpó por   lo ocurrido, se  sentó junto a la cabecera del lecho con la mano de Enero entre las suyas y, prometiéndose salvarla, inició un relato de dioses y héroes que  lucharían por recuperarla de las profundidades. No se dio  cuenta del transcurrir del tiempo. Su mente  era un espacio inagotable de ideas que volcaba sin darse cuenta exactamente de lo que  decía. Las luces se  encendieron dejando ver largas sombras de la habitación, el joven continuó hablando mientras retenía la lánguida mano de Enero. Le ofrecieron alimento pero él,  apenas calló, sólo  movió la cabeza rechazándolo. El sin tiempo  invadió la casona. Las luces se apagaron con el amanecer y el leve chasquido  despertó a Macias que  continuó   con sus míticas historias. Al cuarto día, un leve suspiro y un parpadeo  indicaron que Enero regresaba a este mundo. Sonrió a su enamorado y le  contó que  había estado en las profundidades del mar y hasta allí alguien igual a él había bajado para narrarle bellas historias;  y que  si lo hacía durante tres días seguidos, el rey que la tenía prisionera la liberaría.

 Sara se para y se estira como desperezándose mientras dice:

 – El médico la auscultó, la encontró recuperada y sin síntomas  –levanta los brazos al cielo y exclama: “¡Oh Dios, como me falta un Macías!”

 La respuesta no se  hace esperar: un coro de carcajadas y el grupo de amigas  alza los vasos simulando un brindis.

#Prosa Poética · #Sensaciones

Susurros en la penumbra

Estoy en un «déjà vu» permanente, no sé que será. Sueño con personas a quienes nunca he conocido… con lugares en donde nunca he estado… con situaciones que nunca he vivido. No se que significará. Quizás es mi vida en un mundo paralelo. Quizás es algo que me espera. Quizás es mi otro yo, a quien no conozco, y se presenta en este «déjà vu» permanente…

Lelia Di Nubila

#Pensamientos · #Reflexiones · #Sensaciones

Mi amiga la luna

Me gusta mirar la luna, imagino que camino sobre ella, levantando el polvo blanco, que dicen que la cubre. Lo que no puedo imaginarme es encerrada en ese traje con escafandra
y la mochila de oxigeno para poder respirar. No podría hacer eso. No podría disfrutarla.
Cuando miro el cielo, esas noches de luna llena, me figuro deleitándome con la vista del universo, parada en ella. Tan pequeña desde aquí pero tan luminosa, tan mágica. Caminar
por su superficie hundiendo mis pies en el polvo, asomándome a sus cráteres, mudos testigos de los golpes que recibiera desde su misma creación.
¿Qué sentiría? Que estoy parada en la cumbre del universo y desde allí puedo observar otros mundos, otras vidas. Sentiría la emoción de disfrutar de una soledad sin tiempo, donde todo puede ocurrir, dónde el cielo es un gran océano por el que puedo flotar y cada estrella una isla que me espera para ser descubierta.
Miro la luna desde mi ventana y siento que me invita, que su aura está al alcance de mi mano, sólo debo extenderla y me transportará donde yo quiera. Miro hacia atrás y en la cama de al lado mi hermana duerme plácidamente iluminada por su luz, se la ve distinta, como un ángel.
¿Existirán habitantes originarios de la luna? Los científicos dicen que no, que no sería posible la vida. Pero… ¿acaso nosotros tenemos la última palabra, porqué todo debe ser desde nuestro punto de vista? Es una duda que me persigue, quien dijo que somos los únicos habitantes del universo. Si nosotros podemos vivir en este mundo contaminado, ¿por qué otros seres no pueden hacerlo en los suyos? Sólo deben adaptarse a su clima.
La luna abre mi mente, rompe los límites que la lógica impone, me pierdo imaginariamente y camino… camino, sobre esa superficie blanca buscando ese ser que la habita y, que como yo, quizá en ese mismo momento está mirando a la tierra
investigando algo similar.
¿Qué sorpresa sería encontrarnos? ¿Cómo nos comunicaríamos? ¿Cómo será? ¿Qué impresión le causaré? ¿Le pareceré horrorosa?
Son demasiadas preguntas la que me hago mientas disfruto en mi ventana, con la cabeza apoyada en las manos transportada por tanta belleza y curiosidad.
No importa que el tiempo pase, las noches de luna llena me transportaré a ella y dejaré en su suelo una flor, “la flor de la amistad”.

Lelia Di Nubila -libro «Reconociéndonos»