Dilo, dilo bien fuerte, grítalo… para que pueda comprenderte.

Y con un simple movimiento de olas que se elevan y avanzan…
me rodea,
me abraza …
y se dispersan como una caricia.

Tengo miedo,
tengo miedo a la luz, al viento,
a la lluvia, al sol.
Tengo miedo,
que lo que ayer me hablaba de tu amor,
hoy me hable de tu olvido.
Temo la soledad en que dejarme pudieras.
Mas no se porqué, tanto miedo tengo.
Sólo se que temo.


Por mucho tiempo me he mantenido dispersa, activa en sitios de acuerdo con mis diferentes intereses y necesidades y esto es agotador.
No estoy dividida… soy un todo. Así soy…tengo variados intereses, me gusta escribir poesías, cuentos…porque de ese modo me resulta más fácil expresar mis sentimientos. Pero también soy yo en esa búsqueda interminable de mis raíces —que va más allá de un simple árbol genealógico—; soy yo quien, como Penélope tiene las agujas en un bolso bien a mano porque siempre está tejiendo algo; y soy yo quien hunde las manos en la tierra para trabajar con las plantas o quien pincel en mano arremete con los muebles, canastos, y todo aquello que quiero renovar.
¿Si la vida me permitió expresarme de tantos modos diferentes por qué decidió dividirme en tantas partes? Quizás porque mi obsesión me lleva a clasificar todo, hasta mis actividades. Puede ser… pero es muy agotador.