No sé si decirte que te quiero.
porque querer no dice mucho.
No sé sí decirte que te amo,
porque amar no dice todo.
Será quizás, que…
el amor no se dice con palabras.
Pero dime,
¿cómo puedo demostrártelo?

No sé si decirte que te quiero.
porque querer no dice mucho.
No sé sí decirte que te amo,
porque amar no dice todo.
Será quizás, que…
el amor no se dice con palabras.
Pero dime,
¿cómo puedo demostrártelo?

Hoy me pregunté: ¿por qué la vida?
Y alguien, no sé quien, me contestó…
¿porqué el sol con sus rayos te despierta cada mañana?
¿porqué la luna te adormece por las noches?
¿porqué el agua sacia tú sed,
toda vez que la necesitas?
¿porqué el árbol te cobija?
Para las cosas simples no hay respuestas,
la vida es simple…
¡aunque no lo parezca!
*libro Reconociéndonos

Tengo miedo,
tengo miedo a la luz, al viento,
a la lluvia, al sol.
Tengo miedo,
que lo que ayer me hablaba de tu amor,
hoy me hable de tu olvido.
Temo la soledad en que dejarme pudieras.
Mas no se porqué, tanto miedo tengo.
Sólo se que temo.

Soñar en voz alta es algo que me acompaña hace mucho tiempo. No siempre me escucho, pero cuando lo hago, es un placer escucharme dialogar con aquellas personas que hace rato que ya no están.
Anoche lo hice en una reunión, una divertida reunión con mi tía paterna. Una tía singular porque soy su homónima, porque me costó mucho aceptar el nombre que llevaba hasta que comprendí el significado del mismo. Estaban presentes mi tía, mis primas y yo hablando de historias pasadas…hablando de los últimos días de mi padre.
Esto, sólo puede ocurrir en sueños, porque mi tía partió mucho antes que mi padre, le contaba sobre su enfermedad y de mis conversaciones con él cuando ya estaba muy perdido, y ella me contestaba, si… me contestaba como lo habría hecho ella, con esa personalidad tan especial, tan única, de tía soltera que cobijó a toda la familia y que era su unión. Fue hermoso. Encontré respuestas a ciertas dudas que me acompañaban hace mucho, no se como expresarlo. Fue tan vívido, tan dulce . Fue otro de mis sueños en voz alta…

Hace nueve años decidiste partir y así lo creo porque diste una dura lucha en un plazo muy corto. No te fuiste madre, te siento rondando muy cerca mio, escucho tu risa, tus enojos, es un murmullo constante que no molesta, acompaña. Nadie te describió mejor que tu nieto al despedirte aquel 10 de septiembre de 2007:
A PACITA
Pacita, mi Pacita, la de todos los que la queremos, la que conocemos y que acompañamos su trajinar, hoy cerró los ojos para siempre.
Nadie, que la haya conocido, puede evitar recordarla, con su presencia furibunda, su verborragia incontenible y su capacidad para generar amores y odios con igual intensidad. Siempre presente y siempre protagonista, ella nunca pasó desapercibida. Tenía una manera particular de demostrar afecto, y más particular de pedir ayuda. Tuvo solo dos miedos en la vida, temor a la soledad y a la muerte. Soledad con la que convivió abrazada durante décadas, y muerte que no sintió, porque Dios quiso que parta en Paz.
Nació en Victoria, un 24 de enero de 1923 y ese calor de verano entrerriano marcó a fuego su temple y moldeo su temperamento extrovertido y visceral. Siguió a su hermana Estela Quattrochio a Resistencia – maestra del colegio Itatí y mujer de la cultura cofundadora del Fogón de los Arrieros – e inició sus pasos como docente en el Chaco.
Tuvo tres hijos Monica, Diego y Poupée – mi madre – de su único matrimonio, con Salvador Di Nubila, que luego de brisas y tormenta llegó a sin mas temprano que tarde. Sin embargo el siempre la recordó con cariño hasta el último día.
Fue maestra de campo en Colonia La Dificultad y tuvo una destacada carrera docente en Colonias Unidad y General San Martín, donde fue declarada la Primer Ciudadana Ilustre.
Allí, en “El Zapallar”, esa tierra de algodón y surco, de gringos europeos que dieron esplendor al pueblo con su sudor, fue una destacada vecina de sociedad, y la profesora de Literatura por experiencia.
De vuelta a Resistencia trabajo pocos años hasta jubilarse y crear su propio templo en Padre Cerqueira 125 – su Finisterre -.
En esa casa pasé muchos momentos de mi infancia y mi adolescencia, era mi refugio, mi lugar de juegos y de compañías. Ella era mi profesora y quien me malcriaba. Yo era su regalón… lo soy.
Muchos amigos de la cultura partieron antes a esperar su llegada, Eduardo Fracchia –su amor platónico nunca reconocido- y Ricardo Jara por ejemplo.
Allí están todos, con una sonrisa, en la antesala de una fiesta eterna. Tu mamá, esa de la que tanto te costaba hablar; tu hermana Estela, aquella que marcó tu vida y te enseñó que el amor duele y es difícil de sobrellevar; las demás con quienes te reencontrarás como en la infancia; y por supuesto Salvador, el del corazón grande y sin rencores, quien te abre la puerta y será el gran anfitrión.
“Acuario te pintó” abuela… y virgo te despide.
Pablo Javier Mujica

Tal vez un día,
cuando tus ojitos tristes miren hacia atrás,
veas la cara de mamá.
Mamá,
que te quería cada vez más.
Mamá.
Que soñaba tu futuro mejor.
Tal vez un día…
preguntes por ella.
Tal vez un día…
Te conteste yo.

-Memorias de una Princesa-
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