Adiós Dr. Alfonsin, siempre estará en mi corazón

03/04/2009 02:55:31 p.m.
No pude escribir antes,nuevamente se murió mi padre, lo lloré como tal y recién hoy estoy en condiciones de hablar sobre el tema. Soy de los que llaman la generación perdida, me crié, eduqué, fue estudiante universitaria en épocas de dictadura.
Me case y nacieron mis hijos en la mayor dictadura que asoló nuestro país. Puedo considerarme una sobreviviente, muchos amigos, compañeros y aún familiares estuvieron presos, perseguidos y fueron desaparecidos.
Nunca voy a olvidar como lloré la primera vez que escuché su  discurso de campaña,me conmovió hasta lo mas profundo y a partir de allí fui Alfonsinista. Cuando cerró la campaña en nuestra provincia asistimos al acto con mi marido y y mis tres hijos uno de ellos era un bebe y estaba sentado en su carrito,disfrutaron del acto, disfrutaron de la libertad que se respiraba y lloré recitando el preámbulo.
Fue un gobierno dificil para nosotros, la provincia estaba en manos del justicialismo, y cuando le hacian huelgas se cerraban las oficinas para que nadie trabaje. Y vaya si pelee… reclamé mi derecho al trabajo. Esos días era único personal, habría y cerraba la oficina, me habían dado una llave para esas ocasiones. Tenía la convicción de que debía acompañar a Alfonsin, era apenas un granito de arena pero me sentía importante …podía pelear contra el sistema, él me daba fuerzas para ello y ningún ataque podía cambiar mi decisión. El 31 de marzo volví a perder un padre….lo lloré,pero se que no se fue… me acompañará por el resto de mis días. ¡Gracias padre!, ¡Gracias Dr. Raúl Ricardo Alfonsin!, Ud. me enseñó a vivir en libertad y a decir todo lo que pienso, algo muy difícil en el momento en que vivimos.-
Lelia Di Nubila

Despedida

Acongojado la miro. Lucía, triste  y con  expresión totalmente ausente,  la cabeza inclinada, mirando un punto inexistente se aferra a mi mano para no caer; es la imagen misma del dolor. Siento una rara sensación, no sé discernir quién de los dos es el más fuerte, parece que nos sostuviéramos mutuamente.

La noticia de la muerte de su madre llegó inesperadamente, la sabíamos enferma pero no esperabamos un desenlace tan rápido.

Observo a Lucía y no puedo dejar de ver en ese rostro a Laura; es igual a ella, y los recuerdos me atormentan aún más.

Laura, de una belleza inigualable, con  larga cabellera rubia que suelta o recogida en una trenza era el marco perfecto. ¿Cuántas veces caminamos juntos por los senderos del jardín? ¿Cuántas veces besé su mano sintiendo el temblor que le producía? No lo sé, pero había tanta pasión en ese beso que lograba trasmitirle todo el amor que en mí cuerpo estallaba.

Fue inútil nuestro amor compartido; la familia buscaba un excelente matrimonio para su única hija y yo no era el mejor partido. Sólo era un joven noble que había perdido riqueza en una desafortunada vida de despilfarros. Era inexperto y me dejé llevar por las amistades, vivíamos cada día como si fuera el último, mis padres lo perdonaban todos y creían que si disfrutaba de los placeres de la vida luego sería un buen esposo, un esposo sosegado y austero.

En algo tuvieron razón: cuando perdí a Laura me convertí en un hombre sosegado y austero, pero de un solo amor. Nunca pude encontrar otra mujer, viví  en la sombra, a la sombra de su familia, disfruté alegrías y la acompañé en los pesares.

La imagino durmiendo el sueño eterno en aquella habitación que conocí cuando la visité durante  la enfermedad. Su cama que se recorta en el centro del ambiente con una imagen angelada en la cabecera;  ese rincón preferido, la pequeña mesa y una banqueta con todo lo necesario para escribir. La imagino durmiendo, pero imagino a mi Laura. La Laura que conocí hace veinte años.

La presión de la mano de Lucía,  me trae a la realidad. Laura se nos fue. Laura ya no está.

Lelia Di Nubila

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