LibroReconociéndonos · Pensamientos · Poema · Sensaciones y Sentimientos

Vida

Cuando la vida empieza a rodar y los años pasan,

vemos pasar nuestros sueños y dolores.

Las alegrías rápidamente,

las penas más lentas.

Y llega un día, sin darnos cuenta, volteamos la mirada

y vemos una senda larga,

son nuestras pérdidas y ganancias.

Hemos llegado al período de nuestra vida

donde el balance nos demuestra si supimos vivirla.

Miro hacia atrás… son tantos los rostros… son tantos mis fantasmas.

Pero en el balance estamos a mano.

Vida, me hiciste conocer dolores y alegrías y  todos ellos sumaron a favor.

Lelia Di Nubila -libro Reconociéndonos

LibroReconociéndonos · Pensamientos · Reflexiones de vida · Testimonio y sanación

LUCHA PROFUNDA

Se corresponde con una de las épocas mas oscuras de mi vida, cuando los «ataques de pánico» me consumían…cuando me sentía al borde de la muerte y en la soledad profunda, porque nadie, salvo los profesionales y quien los padece puede comprender. Cuando nuestros seres queridos llegan a cansarse y comienza el fastidio…

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Respirar profundo y no pensar en nada,
buscar una bella imagen,
concentrarme en ella y olvidar lo demás.

¿Cuántas veces este ejercicio
ayudó a superar mis crisis?

Respirar profundo y no pensar en nada…
Suena fácil, pero no lo es.
La mente se bloquea y no quiere obedecer.

Respirar profundo y no pensar en nada…
Es el momento en que el pánico
dispara la mayor infinidad de pensamientos.
Todos amenazantes.

Respirar profundo, muy profundo y fijar la mente
en esa bella casa en medio del prado.

La casa de mis sueños.
La casa protectora.

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LUCHA PROFUNDA

Respirar profundo y no pensar en nada,
buscar una bella imagen,
concentrarme en ella y olvidar lo demás.

¿Cuántas veces este ejercicio
ayudó a superar mis crisis?

Respirar profundo y no pensar en nada…
Suena fácil, pero no lo es.
La mente se bloquea y no quiere obedecer.

Respirar profundo y no pensar en nada…
Es el momento en que el pánico
dispara la mayor infinidad de pensamientos.
Todos amenazantes.

Respirar profundo, muy profundo, y fijar la mente
en esa bella casa en medio del prado.

La casa de mis sueños.
La casa protectora.

Lelia Di Nubila -libro Reconociéndonos

LibroReconociéndonos · Poema · Sentimientos

NOCTURNAL

Luna tú,
fiel testigo de amantes solitarios duerme tu cansancio,
velaré por ti desde mi ventana.

Cuidaré tu sueño mientras pienso en él… vagabundo incierto.

Tu rostro de plata tantas veces bañó mi figura
que cual estatua, de plata creí ser.

Duerme tus reflejos, descansa tu albura,
no estarás sola, no temas, yo te cuidaré.

En una almohada de rosas, reposa tu frente,
con manos de seda yo acariciaré
tus largos reflejos, de plateada luz.
No canses tu cuerpo, luna,
tu diario trajín, hoy lo haré yo por ti.

Lelia Di Nubila -libro «Reconociéndonos»

Historias de vida/Memorias · LibroReconociéndonos · Poema · Sentimientos

AÑORANZA

Extraño.
Extraño esos bracitos apretados a mi cuello,
extraño esos besos pegoteados,
extraño esas manitas enredadas en mi pelo,
intentando dormir.
Hoy recuerdo esos dulces bebés
y quiero redescubrirlos en los gestos
de estos jóvenes que me rodean.
Son ellos,
con sus mismas fortalezas,
con sus debilidades.
Son ellos, mis niños…que en el fondo del corazón no crecieron.

Lelia Di Nubila – libro Reconociéndonos

Cuentos y Relatos · LibroReconociéndonos · Sentimientos

La Caja de los Tesoros

En casa de mi abuelo, guardada en el rincón más escondido del desván, había una caja cerrada con llave. Era una caja
de madera labrada a la que todos llamábamos “la caja de los tesoros”.
Nadie se animaba a preguntar qué había dentro y menos pedir verla.
En nuestras correrías de niños muchas veces pasamos al lado de ella, la mirábamos con fascinación y continuábamos
nuestro camino.
Pasaron los años, crecimos, nos casamos, falleció el abuelo y la caja siguió guardada en el mismo lugar. Por ser la menor
de las nietas y no tener otro lugar donde vivir, quedé al cuidado de la vieja casona.
La amaba, era la historia misma de mi vida. Representaba el «sintiempo» porque allí me sentía niña, joven, mujer y madre,
era testigo de mi historia.
Como a casi todos nos ocurre, un día nos levantamos decididos a ordenar algo, y para mí ese “algo” fue el desván.
Subí las escaleras como si recorriera el túnel del tiempo, telarañas en el techo, viejos muebles que no tuvimos corazón
para deshacernos con la convicción de que en algún momento alguno de la familia lo iba a necesitar. Cajas con libros y cuadernos escolares, literatura de todo tipo a la que alguna vez me había hecho adicta. Cajas de juguetes, recuerdos de infancia, míos y de mis hijos. Allí estaba, en el rincón de siempre “la caja de los tesoros”.
En mis recuerdos era grande y difícil de abrir, el misterio familiar, ahora la miraba con añoranza de los tiempos idos,
tristeza porque me recordaba a aquellos que ya habían partido y curiosidad por descubrir su contenido.
La levanté en mis manos, acaricié ese pequeño baúl y descubrí colgada por detrás una llavecita dorada, muy finita, y con
pequeñas ornamentaciones. Vacilé por un momento mientras recorría en mi memoria la película de mi infancia, tomé la llave y la abrí lentamente, ceremoniosamente, hasta que quedó a la vista su contenido, “los tesoros”. Viejas fotografías de otro siglo, una moneda, un frasquito con tierra, una piedra, un pañuelo bordado con las iniciales de mi abuelo, un rosario, una libreta que hacia las veces de Diario de Viajero, una estampita de la Virgen María y un dibujo hecho por un niño.
Mi corazón dio un vuelco, “la caja de los tesoros” no era otra cosa que los recuerdos que mi abuelo trajera de Italia
cuando vino a probar suerte en la Argentina, las fotos eran de sus padres y hermanos que habían quedado allá lejos “… en la Italia”, y a quienes nunca más vería, los otros recuerdos eran los que le había dado su madre, para que Dios y la Virgen lo protegieran, el pañuelo bordado por sus propias manos para enjugar sus lágrimas a la distancia, una pequeña roca y tierra para que no olvidara su origen, su pueblo.
Hoy la caja de los tesoros ocupa el espacio más importante de la casa, el comedor, para que me recuerde los orígenes de la familia… de ese abuelo que muy jovencito se alejó para siempre de los suyos escapando de la pobreza y en búsqueda de un futuro mejor. Pasó a ser el símbolo de la familia que con tanto esfuerzo y dolor logró fundar.

Lelia Di Nubila – libro

«Reconociéndonos»