Dilo, dilo bien fuerte, grítalo… para que pueda comprenderte.

Cuándo alguien se enferma de gravedad en nuestro círculo de conocidos, nos vuelve tan vulnerables, nos recuerda que no somos eternos.
Que debemos dejar de proyectar a largo plazo para disfrutar del presente.
Que nuestros amigos de la vida no están tan lejos como pensamos y bien vale un reencuentro.
Que nuestra familia es el abrazo más acogedor que nos brindó Dios y debemos agradecerlo todos los días.
Que la naturaleza que nos rodea está aquí y ahora.
Debemos disfrutar todo lo bueno y aceptar lo malo porque de ello aprendemos.
De eso se trata la sanación.

Señor solo te pido paciencia para controlar mis reacciones. Estoy convencida en mis creencias pero me cuesta cerrar la boca a tiempo. Mi intención no es herir a la otra persona, solo quiero expresar mis sentimientos.
Si supiera escribir…
Escribiría la historia más triste de mi vida.
Si supiera cantar…
Cantaría la historia más triste de mi vida.
Sería como exorcizar mis demonios.
Librarme de ellos y vivir…
Vivir plenamente…
Pero si me preguntaras,
¿qué cosas no haría si volviera a nacer..?
No lo sé, repetiría mis pasos,
repetiría mis errores.
¿Por qué?
Porque creo en el destino y en la sabiduría de Dios.
*Libro «Reconociéndonos»