Poesía · Sentimientos

Poema XXVIII

(Ecos de la ausencia)

Mañana cuando despiertes amiga,

de la sonrisa fresca y la carita hermosa,

pensaré en ti.

Tejeré tus sueños de un hogar futuro,

en este individual de cuadrillé.

Mi amiga la luna prometió acariciar,

con sus dedos de plata tus rubios cabellos,

mientras tú sueñas con el hombre

a quien has entregado tu amor.

Mañana,

el almanaque habrá borrado otro día.

Mañana,

habrás olvidado el ayer.

No pienses, amiga…

El ayer, en ayer quedó.

-christian-schloe-

Poesía · Reflexiones

Poema LXV

Quisiera ser la brisa

que tus cabellos agitan,

ser aquél árbol,

que a su sombra pasas.

El viento Norte

que por cada poro penetra,

adueñándose de nuestros cuerpo.

El sol ardiente,

que nos recuerda que en el Chaco estamos.

La dulce llovizna,

que cual caricia,

se apodera de ti.

Ser yo misma.

Naturaleza, yo.

Ser todo aquello

que atándote no dañara.

Ser mucho

y  ser poco.

Ser solo yo.

Lelia Di Nubila-libro Reconociéndonos

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Cuentos y Relatos · Pensamientos · Reflexiones

Remembranzas

¿En qué pienso? ¿Me preguntas en qué pienso?

A mi edad rememoro el pasado. Evoco aquel arbolado parque que nos regalaba un pulmón de libertad. Pienso en Daniela. La veo tumbada sobre el césped, con un dejo de inocencia en su postura, con una mano sosteniéndose la cabeza, mientras que con la otra volvía las páginas del libro que estaba leyendo. Ella vivía la plenitud de la adolescencia, abierta a experiencias nuevas, y la lectura la llevaba por los senderos de los sueños, sueños que deseaba transitar.

Cómo me hubiera gustado cuando tenía sus años disfrutar del lugar tal lo hacía ella.

En ese momento me contentaba con ver pasar a la gente por los senderos y me entretenía la risa de los niños persiguiendo algún globo que había escapado de sus manitas.

Entonces me complacía observar a Daniela y a Esteban.

Esteban… tan joven, tan puro, todavía no había aprendido a disimular sus sentimientos; apuesto, miraba con embeleso el paisaje que se le presentaba. Sus ojos eran dos ventanas abiertas al mundo que lo maravillaba. No podía esconder la admiración que le despertaba Daniela. Sólo la acariciaba con la mirada.

¿En qué pienso? ¿Me preguntas en qué pienso?

Pienso en los años que pasaron. Hoy vi a Esteban, todo un hombre ya, reservado, su mirada perdida rozaba las cosas como si no existieran. El matrimonio con Daniela no tuvo un final feliz, debieron separarse para no seguir lastimándose, los celos fueron el centro de la discusión.

¿En qué pienso?

Pienso en Daniela que se refugió en la casa del lago, y cómo en su adolescencia pasaba los días tumbada sobre el césped con un libro en el regazo. Perdió la inocencia, pero no los sueños, los sueños navegan como los veleros que se balancean a la distancia.

¿En qué pienso? ¿Me preguntas en qué pienso?

Pienso en la vida que nos regala cosas, en tanto nos quita otras.

Lelia Di Nubila

Reflexiones · Sensaciones y Sentimientos

Desde el Sendero

Desde el sendero y tras el grupo de matas bajas que lo bordean, se distingue el pueblo. Es un pueblito cuyas casas de techos rojos se recortan contra el cielo; entre ellas se destacan algunas torres y desde allí pareciera que los fantasmas se entrometieran hasta el infinito.

Desde el sendero recorro el pasado cuadro por cuadro, como en una vieja película en blanco y negro, pero con destellos de color  en aquellos momentos que me afligieron.

Desde el sendero recuerdo a Eva, con la mirada altiva y el gesto despectivo, toda ella emanando perfidia.

Desde el sendero evoco aquel día… mi cuerpo erguido con los brazos en alto, bello en su desnudez, mientras me ponía las enaguas disfrutando del goce que la prenda me producía al resbalar sobre la piel. En ese momento me sentía sola, sola con mi cuerpo y hasta el aroma de las flores era más sutil y a la vez profuso; la atmósfera era envolvente; el deslizar de la seda sobre la piel me causaba un placer sublime. A mi lado, Rebeca luchaba con el cierre del corpiño sin percibir mis sentimientos. Fue una situación ingenua aunque confusa a los ojos de Eva, que espiaba desde la puerta con la picardía procaz que la caracteriza. Era la oportunidad que necesitaba.

Desde el sendero imagino que Eva no precisó mucho tiempo para urdir su desquite. Con lentitud se acercó Julián que se encontraba sentado en un sillón de en la sala, esperándome, fumando un interminable cigarrillo, relajado y tranquilo como si el tiempo no le pesara. Esta imagen enloqueció a Eva e hizo más colorido su relato sobre lo que creyó descubrir en la habitación.

Desde el sendero y entre la bruma del tiempo pasado la escucho hablar con saña y percibo la palidez del dulce rostro de Julián, tratando de comprender tanta maldad.

Desde el sendero me veo corriendo a sus brazos que se abrieron como un círculo de ternura y comprensión para cobijarme.

Desde el sendero vivo el instante y veo a Eva que tiesa cual estatua observa con odio la escena.

Desde el sendero recorro con dolor mi pasado, cuadro por cuadro…

Lelia Di Nubila

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