
Solo tú puedes mirar la luz de la luna en el cristal y no desesperar…

Solo tú puedes mirar la luz de la luna en el cristal y no desesperar…
Anoche conversé contigo, conversamos mucho, en sueños por supuesto. Eras la niña de antes, la niña de siempre, pero mas madura. Te reías, hablábamos de todo pero en ningún momento quisiste decir los motivos por los que decidiste irte ni del tiempo que pasaste alejada. Te estoy esperando…

Los sueños van, los sueños vienen, totalmente dispares entre si, casi a diario.
Esta vez recibí la donación de una casona, fue tanta la alegría cuando me enteré que no veía la hora de ir a conocerla. Estaba en medio de un pueblito, en medio de la nada. Cuando la vi….me enamoré, era una casona de estilo italiano de puertas y ventanas altas al igual que su techo, parecida a algunas antiguas estaciones ferroviarias, pintada de blanco, llena de telarañas y me dijeron «es suya la casona y el poco terreno que la rodea».
Me gustó aun así y pensé la quiero; no quiero venderla. La quiero…la quiero pintada de rosa fuerte…la quiero vestida con muebles de mimbres, algunos muebles antiguos y una hamaca colgante afuera.
Me parecía el lugar exacto de descanso, donde pasar días mirando el cielo, escuchando el arrullo de los pájaros y haciendo lo que más me gusta… escribir, leer, tejer.
Quiero caminar… caminar esas callecitas tranquilas…¿Será sólo un sueño, o es una señal?

Al festejo de Don Bosco no podías faltar. Allí estabas acompañando tus hijos que disfrutaban en sus comparsas, bailando alegres. Miré al otro lado de la avenida, y allí estabas…como siempre…pero esta vez vez tu presencia fue más fuerte… Allí estabas, con tu remera de rayas azul y blanca y el pelo al viento, saludando con la mano en alto y la sonrisa iluminando tu rostro. La emoción fue tan intensa que no me animé a compartirte y aún hoy cuando revivo ese momento las lágrimas resbalan por mis mejillas.
Se corresponde con una de las épocas mas oscuras de mi vida, cuando los «ataques de pánico» me consumían…cuando me sentía al borde de la muerte y en la soledad profunda, porque nadie, salvo los profesionales y quien los padece puede comprender. Cuando nuestros seres queridos llegan a cansarse y comienza el fastidio…