Prosa Poética · Recuerdos de Infancia · Reflexiones de vida

Las rutas de Entre Ríos

Los rutas de Entre Ríos marcaron mi infancia. Con su cuchillas  tapizadas de diversos colores —de verde o amarillo, dependiendo del cultivo— o la tierra recién roturada preparada para la siembra. Esas pendientes del camino vistas desde la ventanilla del ómnibus, se veían como algo irreal  para mi, una niña nacida en el Chaco de tierra llana y mucho monte.

Las rutas de Entre Ríos no solo quedaron grabadas en mis pupilas, sino también en mi corazón. Las recorría los veranos junto a mi madre que volvía a su terruño y al seno de su familia. Esas ciudades y pueblos como Victoria, Nogoyá, Gobernador Mansilla o Conscripto Bernardi, con sus construcciones antiguas y esos portales y rejas que maravillaban, los recorríamos visitando a la familia, o la tumba de mi abuela.

Los veranos pasados en Entre Ríos, sus casas, sus rutas, sus calles, sus pueblos y …el «coche motor» —el tren—  que tomábamos para llegar a Conscripto Bernardi eran toda una aventura en mi cabeza de niña.

Hace unos días, de regreso de Buenos Aires pasamos por el sur de la provincia de Entre Ríos y no pude evitar grabar un pequeño video para plasmar algo de mis recuerdos. Como mi blog no me permite subirlo, quizás unas tomas sirvan de muestra.

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Recuerdos de Infancia · Sensaciones

Mi profesora de piano

Cuando veo un piano pienso en ella, mi profesora, sentada marcando la partitura y corrigiendo con su voz cascada de tanto fumar. Era muy expresiva, si estaba alegre inclinaba la cabeza hacia atrás y reía con todo el cuerpo, sus manos temblaban permanentemente, pero bastaba que se posaran en el teclado para que lo hiciera vibrar con una melodía clásica o un tango.

 Esther era muy personal. Amiga de mi madre, compañera de viajes y secretos. Ambas estaban solas y con hijos, pero hacían de sus vacaciones periodos de soltería; creo que juntas lograron ese punto de locura donde el bien y el mal se unen para redimirse.

 ¿Como la veo a la distancia? La veo como ese cuadro de McNeill Whistler donde la niña vestida primorosamente de blanco, con balerinas negras atadas a los tobillos y los brazos cruzados apoyados con suavidad en el piano escucha a la profesora ejecutar el instrumento; la dama tiene un aire místico, el pelo recogido en la nuca deja el rostro al descubierto y con él sus sentimientos que se traslucen con el correr de los dedos sobre el teclado. La mujer y la niña son la representación del amor y la admiración. Esa pintura me la recuerda por la magia que lograba despertar en mí.

 Esther era de estructura pequeña y cuerpo esbelto, lucía polleras muy ajustadas o pantalones que marcaban su silueta, y tenía la sonrisa pintada en el rostro.

 ¿Cómo la veo a la distancia?, igual, eternamente igual, los años no pasaron para ella, siempre estaba igual.

 Un día enfermó de gravedad y con Esther sufrió mi madre, se perdían sus encuentros, la memoria compartida. Llegó la jornada de la despedida y también se fue el corazón de mamá. Nunca volvió a ser la misma, con la amiga partió parte del alma. Los secretos tan bien guardados por tantas décadas, los amores de verano, todo quedó enterrado en lo profundo de su ser y reflotó la pena y el resentimiento que la acompañó en el último período.

 ¿Como recuerdo a Esther? Como a la gemela de mi madre en un período en que lo guardaron para sí, un tiempo que permaneció en la nebulosa. La evoco con la imagen que quedó grabada en mí… riendo, mientras su cuerpo se agita tembloroso.

Lelia Di Nubila

Poema · Recuerdos de Infancia · Sentimientos

Santiago Facundo

Lo presentí, lo soñé, lo viví
antes que sus padres.

Sus ojitos me miraban
antes de nacer.
Cerraba los ojos y, rodeado de un halo violeta,
estaba nuestro bebé.

El bebé de la familia.
El primer nieto.

Fueron largos meses de espera, y hoy,
con sus siete ya cumplidos,
nos estira los bracitos desde el andador.

Gracias Señor…
Gracias por vivir este sueño.
El mejor.
El de los abuelos.

Lelia Di Nubila -Libro                                                                       Reconociéndonos