LibroReconociéndonos · Poema · Sentimientos

Hombre gris

Ayer, cuando te vi

con esa tristeza opaca que te da la melancolía,

sentí que toda tu tristeza adormecía mis sentidos.

Cuando tu paso lento se apagaba ante tantos pasos de gente como tú.

Llegué a pensar, hombre de mi ciudad

– hombre gris-, que tu cansancio,

era cansancio de siglos, de pueblos enteros.

Y me sentí cansada…

Ayer, cuando pude mirar en tus ojos,

y en ellos se reflejó un mundo,

de colores claros… apagado, cotidiano.

Temí que la rutina que te aplastaba sobre mis espaldas cayera.

Y quise huir… 

fue como si un ejército de hombres grises cubriera todos los caminos,

y recién entonces comprendí que el mundo está hecho

de hombres como tú,

que con sus pequeñas-grandes fuerzas, sostienen esta Tierra.

-1974-

7b8b926f04c896f371cf08a0a9de43e5

Reflexiones de vida

Navidades

Si tendiste una mano a alguien aunque sea una vez…

Si viste con dulzura a un niño deseando que crezca feliz…

Si se te estrujó el corazón cuando un niño se acercó ofreciéndote en venta alguna baratija…

Si  viste una manita tendida y te dolió profundamente…

Si reíste, si lloraste, si te emocionaste, si te enojaste…

No todo está perdido…

Todavía estás construyendo, la indiferencia no te ganó.

Gracias, por la mano tendida.

Gracias por la sonrisa.

Gracias por la esperanza…

1395244_679184798766438_1098686744_n

Pensamientos · Reflexiones

¿Ciudadanos…?

Hay una pregunta que nadie responde  ¿cuando dejamos de ser ciudadanos para transformarnos en «los otros»?
Nuestra sociedad se divide en los que gobiernan y aquellos que tienen otros ideales o simplemente viven su vida sin importarle los partidos políticos. En que momento se produjo este quiebre?, vaya a saber, nadie se querrá hacer cargo,siempre el culpable es el otro.
Nosotros, «los otros», no tenemos derecho a un buen trato en una oficina del estado, y si somos empleados de ella, pasamos a ser el enemigo al que hay que perseguir y aplastar.
Nosoros «los otros», no tenemos derecho a un empleo, por que no hay presupuesto, pero permanentemente se ven caras nuevas que se integran al ya colapsado estado porque tienen la suerte de estar entre los elegidos.
Nosotros «los otros», no podemos gestionar trámites personales en nuestro trabajo, porque tendremos la mala suerte de que se pierda la documentación, o se traspapele.
Nosotros «los otros», no somos  personas, no tenemos derechos, ni siquiera aquellos que nuestros padres nos inculcaron: el saludo y un «gracias» cuando la opotunidad lo requiera.
Nosotros, «los otros» perdimos la libertad de la palabra sin que se nos juzgue como peligrosos y para mantenernos controlados se hacen correr comentarios de mal desempeño en la función pública, pero siempre por lo bajo, que todos se enteren pero no quede nada escrito.
Si, pertenezco a «los otros», si, sufrí el acoso y la maledicencia, acusaciones que ensuciaron treinta años de trabajo honrado, pero como lo adivinó……..? ¡NO HAY NADA ESCRITO!
Lelia Di Nubila

9 abril 2009