Historias de vida/Memorias · Mundo Onírico · Pensamientos

Sueños

Te soñé. Te soñé diferente…

Hablábamos como siempre,  vos estabas en la casa de General San Martín, sentada con alguien conocido y a quien no recuerdo. La casa totalmente pintada de un tono vainilla, la pared externa del lado izquierdo cubierta por un  mural  que representaba a la Virgen y el Niño.

Era una situación extraña. Venía con mi prima de su casa , hablábamos de los niños, de una colonia de niños pequeños, como mis nietos, jugando a expresarse con música. Nuestra conversación estaba detenida en el tiempo y los niños de los que hablábamos eran mis hijos.

No sé si fue la música que sonaba en mi sueño o  los juegos de los niños los que me despertó y como era de suponer estaba sola y en el silencio más absoluto.

Cómo siempre… nos encontramos en mi próximo sueño…

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Poesía · Sentimientos

Mi ceibo coral

Hay algo que me pasa cada vez más seguido y es que no puedo entender a las personas que se comportan como vándalos.

¿Por que  un árbol que te brinda sombra  y en la belleza de su floración se cubre de un halo coral puede llegar a molestar como para prenderle fuego?

Mi ceibo coral, hermoso, rozagante, erguido en mi vereda como el gran vigía luego de que la tormenta hiciera estragos con el lapacho gigante, una noche ardió junto con las ramas del lapacho y la palmera emplazada muy cerca. Fue tanta la impotencia que sentí esa noche mientras hablaba con la policía y los bomberos trataban de apagar el fuego. No entendía el motivo y sigo sin entenderlo aún hoy cuándo lo miro elevar sus brazos quemados hacia el cielo tratando de lucir la mitad de su fronda verde.

Mi hermoso ceibo al que cuidé a partir de un pequeño plantín y me regaló años de belleza, me mira con tristeza preguntándose ¿por qué?

Historias de vida/Memorias · Homenajes/Recuerdos

Doña Elena Saquer de Puente

Doña Elena Saquer de Puente, para muchos una institución de General San Martín, para mi…significa otra cosa. Ella fue alumna de mi madre en el Colegio «Ntra. Sra de Itatí» de Resistencia. Cuándo unos años después nos mudamos a San Martín fue la amiga que la recibió con los brazos abiertos, que la hizo no sentirse tan sola en un lugar desconocido. Fue su amiga de toda la vida, con los vaivenes que esta puede tener, con las discusiones y reencuentros, con los abrazos y las disputas. Amigas…hasta el momento en que mi madre partió. Fueron muchísimos años.

Para mi, Doña Elena viene a ser como una tía, una tía a la que respetaba por que también la tuve de Jefa de Preceptores en el secundario, y para ella, allí no había familia, yo era una más y en muchas ocasiones sentí el peso del reglamento.

Haberla visitado después de tantos años y verla tan bien, tan lúcida, tan entera, fue como volver a recuperar la memoria de mi madre, y  sumado a ello  también   parte de la memoria de mi tía Estela Quattrochio.

Doña Elena… a quien nunca pude llamar tía, salvo ahora que me surgió naturalmente. Es la persona que me puede contar historias desconocidas de mi familia y otras que conozco a través de la visión de la niña que fui, que siempre tiene un tinte diferente.

Doña Elena… con sus ochenta y largos años, que sigue tan activa, ocupada con el teléfono, el celular, llamadas y agendas, organizando cosas… es parte de mi infancia, de mi adolescencia, de mi juventud y también de mi madurez. Siempre estuvo allí, como esas hermanas de nuestros  padres a quien quizás no vemos mucho pero sabemos que están y que podemos volver a ellos en cualquier momento, que nos escucharán y que se harán oír.. ¡oh sí! ¡se harán oír! Contarán todo lo que han tenido guardado durante tantos años, con ciertos retoques por supuesto, cada uno le pone el acento en aquello que más quiere o más le disgusta.

De muchas maneras ella es parte de mi memoria, parte de la memoria que perdí con la partida de mi madre.

elena y mamá.-

Historias de vida/Memorias · Recuerdos DeInfancia

Mi Escuela N°363

A casi todos nos pasa que cuándo recordamos hechos de nuestro pasado, imaginamos su entorno, lo vemos tal cual fue en la época que ocurrió. Cuando volvemos, podemos encontrarlo igual, peor o desconocido. Esto fue lo que me ocurrió en mi vuelta al pueblo.

Quise visitar la escuela donde viví muchos años e hice casi toda mi primaria. La escuela estaba cambiada, algo ampliada, bastante abandonada y su entorno desconocido. Mis sentimientos fueron tan dispares: alegría por volver y desilusión por lo que encontré. Mis recuerdos se agolpaban. El gran aserradero que existía enfrente hoy es un baldío, sucio y abandonado, no queda nada; la casa de los dueños, que estaba edificada detrás también desapareció. ¡Que tristeza!

Sé que no todos lo comprenden porque no vivieron la escuela de la que yo disfruté, de mi patio… Entre la casa y la escuela no habían divisorias; sus hamacas, sube y baja, balancín y galerías eran mis lugares de juego habituales los fines de semana y cuando las clases concluían. Podía disfrutar de  andar en bicicleta en su patio áspero que dejaba mis rodillas machucadas cuando me caía.

Fue una infancia solitaria pero de muchas aventuras. A unos cien metros había una  laguna donde buscábamos conchillas para después pintarlas y al anochecer se escuchaba el aullido de los monos carayá proveniente del monte cercano. No había luz, dependíamos del «sol de noche», lámpara que primero fue a querosen y luego a gas. Si nos sentábamos en el patio la luna y las estrella iluminaban para nosotras, siempre con los pies sobre un banco para evitar que nos sorprendieran las serpientes.

Hermosos recuerdos de una época que para muchos quedó en el olvido, pero para mí  sigue presente en la memoria.

Historias de vida/Memorias · Reflexiones

De madres y padres postizos

Algo que me caracterizó siempre durante el transcurrir de mi vida fue la búsqueda de la figura materna. Siempre he tenido «madres postizas».

Desde muy pequeña, mi madre estaba tan ocupada en trabajar y en tratar de sobrevivir a su manera que yo sentía que no la tenía. Sentía su ausencia y en muchas situaciones no estaba Siempre de alguna manera se daba  o yo  elegía aquella persona que cubría ese espacio. De pequeñita fue una vecina, pero hubo bastantes mudanzas y debía adoptar nuevas figuras:  vecinas o personas muy cercanas pero nunca familiares.

Durante mi adolescencia mi mamá postiza vivía a mi lado, más que una madre la sentía una amiga y como se trataba de un matrimonio también lo adopté a él. Eran ellos a quienes podía recurrir cuándo algo necesitaba. Durante el transcurso de toda mi vida siempre que volví a mi pueblo fui a visitarlos, así que siguieron formando parte de todas las etapas de mi vida: el inicio de nuestro noviazgo cuando aún vivía en el pueblo,  y ya casada mis embarazos, la presencia de los niños que iban aumentando. Siempre… incondicionalmente…tenía que visitarlos. Fueron y son una parte de mi historia.

Hace unos días cuando volví le pedí a mí esposo que me tomara una fotografía con mis «padres postizos», creo que nunca, nunca me había tomado una fotografía con ellos… no tengo memoria … para mí es la primera, pero quería guardarla porque ellos representaron ese papel que muchas veces estuvo sin cobertura. ¡Gracias Yiya y Víctor por estar para mi!

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