Poesía · Reflexiones

Poema LXV

Quisiera ser la brisa

que tus cabellos agitan,

ser aquél árbol,

que a su sombra pasas.

El viento Norte

que por cada poro penetra,

adueñándose de nuestros cuerpo.

El sol ardiente,

que nos recuerda que en el Chaco estamos.

La dulce llovizna,

que cual caricia,

se apodera de ti.

Ser yo misma.

Naturaleza, yo.

Ser todo aquello

que atándote no dañara.

Ser mucho

y  ser poco.

Ser solo yo.

Lelia Di Nubila-libro Reconociéndonos

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Historias de vida/Memorias · Poesía/Poema · Prosa Poética

Lejania

Lejos,

muy lejos, ha quedado un día,

un amor tan grande como el infinito.

Lejos,

tan lejos…

que ya es imposible vislumbrar su rostro;

más mi corazón, como un pobre ciego,

se ha formado imagen de aquel distante amor.

Las horas son largas…

Las horas son siglos, que vieron en mi alma,

la angustia de un lento pasar.

Mis noches turbadas por el llanto representan un teatro,

en cuyo escenario: Él y yo,

somos los actores que damos vida,

a tantos recuerdos, de un pasado feliz.

Qué pasa, ¿no hay público para esta comedia?

Sí lo hay, es mi corazón que solloza y gime

ante el recuerdo de un ardiente amor

Lejos,

muy lejos ha quedado un día…

un amor tan bello como el paraíso.

Lejos, muy lejos,

ha quedado un día…

El amor ingenuo de dos adolescentes,

A quienes la distancia está madurando ya.

Lelia Di Nubila

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Poesía · Sentimientos

Recordándote

En la fina llovizna
que a la ciudad mojaba.
En la bruma londinense
que a Resistencia asolaba.
Tu presencia estaba.

En el húmedo sol
que a la siesta asomó.
En el sueño
que a mi habitación me empujó,
tu sombra continuaba.

Eres más que una sombra.
Eres sol y lluvia,
bruma y sueño.
Eres todo y nada.
Solamente eres TÚ.

Lelia Di Nubila-libro Reconociéndonos

Poesía elegíaca

Un último adiós

Porque en tus últimos días nos dijimos
tantas veces cuánto nos queríamos,
porque, te acaricié y te dije al oído
lo que no te había dicho en una vida,
porque el dolor de tu última mirada fue la despedida.

Pensé que me costaría menos cortar raíces.
Pero dolió, fue como si te estuviera pariendo.

Y cada nuevo día arrastro mi cuerpo
por la casa queriendo volar nuevamente.

La otra noche volviste,
con tu cuerpo etéreo me envolviste como cuando era niña,
besaste mis mejillas.

Y te vi… Padre, sentada en la cama,
te vi partir con una sonrisa…

Lelia Di Nubila-libro Reconociéndonos