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Recuerdos de infancia

Si me remonto a mi infancia, en una casa dónde no faltaban libros y tampoco la libertad para leerlos, me viene a la memoria una niña de apenas ocho años recitando el «Piu Avanti» de Almafuerte y seguramente allí estaba mi madre sonriendo:

¡PIU AVANTI!
No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora…
Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!

(Pedro Bonifacio Palacios) Almafuerte

Historias de Familia · Reflexiones de vida · Sentimientos · Testimonio y sanación

10 de septiembre

Un 10 de septiembre decidiste partir y fue un dolor tan intenso que costó reflotar mi vida. El dolor y el enojo eran un freno potente.

El dolor se fue mitigando y el enojo se disipó, y por esas cosas mágicas de la vida te fuiste acercando.

Los años pasaron y esta fecha modificó su connotación.

El 10 de septiembre ya no es un día de despedida Madre, porque estás aquí, en mi día día.

Hasta mañana…

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Y allá en la distancia…

estás cada día más cerca mío.

Y desde la distancia añoro tu sentimiento de posesión natural, que me arrastraba.

Y desde la distancia extraño caminar a tu lado o un paso detrás,

no importa adonde, simplemente te seguía.

Y desde la distancia estiro el brazo pero mi mano no llega a tocarte madre.

Y desde el infinito me miras y pides que salte…

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LibroReconociéndonos · Poema · Sentimientos

Los hijos que Dios me dio

¿Cuántos hijos tenemos en la vida?
Los que concebimos y aquellos otros,
los hijos del corazón.

¿Cuántos hijos tengo en mi vida?
Muchos, muchos…

He pasado por la vida buscando amor,
amor de madre, amor de pareja, amor de hijos, amor…

He buscado hijos, los que concebí por amor
y aquellos otros que me regaló la vida, los del corazón.

¿Cuántos hijos tengo?
Muchos, muchos…
Siento la necesidad de proteger a todos.

Siento que me crecen alas, alas para abrazar.

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Christian Schloe

Cuentos y Relatos · LibroReconociéndonos · Sentimientos

Palabras Ausentes-Juventud-Cap.8

   Se mudaron de ciudad y comenzó la búsqueda de trabajo. No fue fácil, pero llegó y con él la libertad.
Ya no dependía económicamente de su madre y eso le permitía tomar sus propias decisiones aunque no por ello las disputas cesaron, siempre habría un motivo.
La única forma de salir de su timidez era la agresión, y cada acto de agresividad le traía más dolor a ella que a los demás,
pero hasta entonces no había encontrado otro medio de defenderse.
La convivencia era difícil, ocurrían cosas en su vida y no podía compartirlas porque la reacción de su madre era desmesurada, podía saltar como una leona para defenderla o vociferar día y noche haciéndola responsable de todos sus problemas y enfermedades.
Tanto insistir en el tema había logrado responsabilizarla de sus enfermedades y continuas descomposturas haciéndola temer por su muerte porque ella también sería su culpa.
Un vínculo tan enfermo era totalmente inestable y hacia que su modo de relacionarse con los demás fuera muy complejo y difícil. Pero hubo gente buena a su alrededor. De
algún modo surgía el abrazo protector que la levantaba y le prometía una existencia mejor de la que ella seria responsable y debía trabajar para no repetir errores.
Su noviazgo sufría altibajos como consecuencia de la influencia materna. La lucha diaria y el convencimiento de que juntos podían enfrentarla mejor los llevó a la decisión del casamiento.
Hubo que renunciar a muchas cosas, entre ellas la intimidad. Debieron convivir con su madre, transformando en un departamento las cuatro paredes de una habitación, pero todo valía con tal de estar juntos, sumaban fuerzas y caminaban hacia delante, con muchas frustraciones, pero nadie les podría quitar esa fortaleza que los unía.
Fueron tiempos duros, la economía estaba quebrada y ellos la sufrían aún más. Papá ayudaba como podía, aunque más no fuera acompañando, tenía otra familia, otros hijos y con ello más obligaciones, pero seguía siendo su niña y siempre que lo buscaba estaba allí.
La relación con su madre tenía altos y bajos, no se podía predecir su actitud.

Y llegó la noticia más hermosa… estaba embarazada, a partir de allí se sintió más fuerte aún, era el fruto del amor y lo único que importaba.

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