Poesía elegíaca

Un último adiós

Porque en tus últimos días nos dijimos
tantas veces cuánto nos queríamos,
porque, te acaricié y te dije al oído
lo que no te había dicho en una vida,
porque el dolor de tu última mirada fue la despedida.

Pensé que me costaría menos cortar raíces.
Pero dolió, fue como si te estuviera pariendo.

Y cada nuevo día arrastro mi cuerpo
por la casa queriendo volar nuevamente.

La otra noche volviste,
con tu cuerpo etéreo me envolviste como cuando era niña,
besaste mis mejillas.

Y te vi… Padre, sentada en la cama,
te vi partir con una sonrisa…

Lelia Di Nubila-libro Reconociéndonos

Historias de vida/Memorias · LíricaNocturna · Memorias y Afectos

Esa niña

Estoy acostada, la madrugada  está avanzada y mis fantasmas me rodean.

Lentamente mi mente vuelve al pasado; mi madre está parada a la vera de mi cama, se cobija a mi lado. Sé que ya no está, vi  cuando su cuerpo descendía a la fosa en ese turbador ataúd, pero el espíritu no quiso marchar y ronda por las noches.

Recorro mi vida, las imágenes saltan en mi derredor, alucino y el tiempo discurre sin medida. Hago un gran esfuerzo y vuelvo a la realidad pero me quedo colgada en un lejano recuerdo que recurrentemente retorna mientras duermo:

“Una pequeña niña sujeta a la mano de su madre camina por las calles con paso rápido y en silencio, tratando de no perder ese contacto que la hace sentir segura. La mujer, ensimismada sólo trasmite su presencia jugando con sus largas uñas en las yemas de sus dedos, es  un movimiento imperceptible   e inconsciente”.

Ese leve contacto va más allá de mi imaginación y mis sueños, es una sensación internalizada, lo intuyo y como un eco me repito:

-“Esa niña fui yo”

El cuadro  me retrotrae, en un juego irreal, a  la relación  con mi madre. Hasta su último día  fui esa chiquilla que con pasos rápidos perseguía un vínculo ideal.

Las horas pasan, con los ojos abiertos añoro el peso de los párpados como anuncio de  que el descanso está por llegar, pero se hace rogar y el juego continúa.

Busco palabras para expresar lo que siento y me resulta muy difícil. Nada  fue sencillo. Mi existencia fue una continuidad de pruebas a sortear y los golpes dolieron, y dolieron mucho.

Como una técnica de defensa  mi mente creó esos periodos de ausencia, que no sé si son descansos o pérdidas; vuelvo de ellos pidiendo permiso para ocupar mi espacio como si nunca me hubiera pertenecido. Durante ese tiempo fui la hija de mis hijos y me apena mucho.

-¡Oh, Señor…!- musito en el silencio- dame paz.

Se que no es tan simple, he rogado a Dios por años, y no he aprendido a escucharme, quizá deba comenzar perdonando y perdonándome y reiniciar el camino con quienes quedan a mi lado.

El dolor se hace intenso cuando pienso en mis padres, el rol de ellos quedó inconcluso, partieron porque el destino así lo quiso y porque en sus largas vidas habían  cumplido su etapa, no para mí,  me cuesta aceptar y no puedo cerrar el círculo; me faltan raíces y memoria.

Vuelve la niña con pasitos rápidos colgada de la mano de su madre y  siento la presión en las yemas de los dedos, que tortura…, un escalofrío me recorre.

Giro en la cama buscando alivio y veo la espalda de mi esposo que descansa con placidez, se me presenta  la necesidad de despertarlo para escuchar su voz tranquilizadora pero se que es un  pensamiento egoísta, regreso a la postura anterior, me distiendo respirando con lentitud, las imágenes se van perdiendo, la niña se desdibuja como si una nube la cubriera, mis párpados pesan…

Historias de vida/Memorias · Homenajes/Recuerdos · Poesía/Poema

Abuelo

Frágil figura, de un pasado tierno.
Dulce palabra, de una infancia triste.

Único sobreviviente de una generación ida,
la de los “abuelos”.

Te has ido también tú, a acompañar la soledad
de quien durante tantos años,
esperó tu retorno a la tierra.
Pequeña silueta que en tus noventa y tantos…
cargados de sabiduría,
volviste a ser niño.

Hijo, de tus hijos.
Caprichos ingenuos de niño enfermo,
la voz cascada por tantos años.
No me olvides, yo aquí te estoy queriendo…
¡Abuelo!

Lelia Di Nubila-libro Reconociéndonos
Giuseppe Di Nubila

Homenajes/Recuerdos · Poesía · Reflexiones de vida

Muerte Blanca

Luna que cabalgas esos cielos inmensos,
¿no viste a mi pequeño, sentado frente a Dios?

Su carita dulce, sus ojitos alegres,
¿no miraron tu albura
con ilusión de volver?

Se me ha perdido mi niño… luna,
ayúdame a encontrarlo.
Se me ha perdido mi ilusión… luna,
ayúdame a buscarla.

Quizás, en tu paseo por el infinito azul
veas mi ensueño caminar por luz.

Guárdame el secreto y ayúdame
se me ha perdido mi sueño.
Con su cunita de plata, sus pañales de nubes,
el oro de sus cabellos…

Se me ha perdido un ángel.
¿Cuándo lo encontraré?

Lelia Di Nubila – libro «Reconociéndonos»

Historias de vida/Memorias · Poesía dramática

Recuerdos y Pesares

Me miras, te miro,
somos dos desconocidos estudiándonos.
La vida tiene esas cosas Padre,
Yo envejezco y tú vuelves a ser niño.

Eres un niño asustadizo pero con voz cascada.
Eres tú,
el padre que siempre adoré,
y no te reconozco.

Cierro los ojos, esto es un sueño,
todo volverá a ser como antes.
Dios en su grandeza, me está regalando más tiempo
y no sé aprovecharlo.

Cierro los ojos, te veo, con esa mirada
que pide clemencia,
y siento un dolor tan profundo
que me cuesta contener las lágrimas.

Eres tú.
El padre que marcó mi vida,
te estás despidiendo, de a poco, de a puchos.

Nos decimos cuanto nos queremos,
nos besamos, te acaricio, das las gracias, sin reconocerme.
Cierro los ojos, esto es un sueño,
todo volverá a ser como antes.

Lelia Di Nubila- libro Reconociéndonos

Historia de Familia · Prosa Poética · Sentimientos

Reconociéndonos

Esa sombra que se recorta en la cama,
en el centro mismo de la habitación.
Me miras con los ojos perdidos, sin ver.

¿Quién eres?

No puedo reconocerte.
Me niego a reconocerte, Padre.

Sigo viéndote fuerte,
tu figura recortada en el vano de la puerta, cubriéndolo.

¿Quién eres?

No puedes ser tú,
me niego a reconocerte.

Lelia Di Nubila- libro Reconociéndonos