Mi ceibo coral

Hay algo que me pasa cada vez más seguido y es que no puedo entender a las personas que se comportan como vándalos.

¿Por que  un árbol que te brinda sombra  y en la belleza de su floración se cubre de un halo coral puede llegar a molestar como para prenderle fuego?

Mi ceibo coral, hermoso, rozagante, erguido en mi vereda como el gran vigía luego de que la tormenta hiciera estragos con el lapacho gigante, una noche ardió junto con las ramas del lapacho y la palmera emplazada muy cerca. Fue tanta la impotencia que sentí esa noche mientras hablaba con la policía y los bomberos trataban de apagar el fuego. No entendía el motivo y sigo sin entenderlo aún hoy cuándo lo miro elevar sus brazos quemados hacia el cielo tratando de lucir la mitad de su fronda verde.

Mi hermoso ceibo al que cuidé a partir de un pequeño plantín y me regaló años de belleza, me mira con tristeza preguntándose ¿por qué?

Hombre gris

Ayer, cuando te vi

con esa tristeza opaca que te da la melancolía,

sentí que toda tu tristeza adormecía mis sentidos.

Cuando tu paso lento se apagaba ante tantos pasos de gente como tú.

Llegué a pensar, hombre de mi ciudad

– hombre gris-, que tu cansancio,

era cansancio de siglos, de pueblos enteros.

Y me sentí cansada…

Ayer, cuando pude mirar en tus ojos,

y en ellos se reflejó un mundo,

de colores claros… apagado, cotidiano.

Temí que la rutina que te aplastaba sobre mis espaldas cayera.

Y quise huir… 

fue como si un ejército de hombres grises cubriera todos los caminos,

y recién entonces comprendí que el mundo está hecho

de hombres como tú,

que con sus pequeñas-grandes fuerzas, sostienen esta Tierra.

-1974-

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Tristeza

Esa tristeza profunda que se te cuela en el alma cuando escuchas palabras injustas de alguien a quien amas mucho y no reconoces. Esa tristeza profunda que sientes cuando esa persona que viste crecer ya no es la misma porque otras voces llenaron de murmullos sus oídos ensuciando sentimientos…duele, duele en ese rincón del alma donde habitan los amores incondicionales, aquellos que por mas lluvias y tempestades  que los azoten permanecen intactos como el primer día. Y desde ese dolor e infinita tristeza se escapa el resplandor de la esperanza de que llegará un día en que nuestros caminos vuelvan a unirse y un abrazo tierno volverá a fundirnos.