Las lagrimas se transformaron en sonrisas cuando cierro los ojos y veo los tuyos mirándome.
La sonrisa es la reacción inmediata porque se que estás allí en esa milésima entre mis parpados y tus ojos… tu rostro …tu imagen que me da las fuerzas que a menudo me faltan.
En la niñez y juventud todo se da por hecho. Allí está, allí debe estar… y cuando no lo está nos sentimos ofendidos. ¡Llenos de enojo!
Pasan los años, las responsabilidades son otras. Estamos tan ocupados en comprender a nuestros hijos, que nos resulta difícil entender a nuestras madres. Las notamos llenas de ñañas y damos por hecho muchas cosas…
Y siguen pasando los años y transitamos el mismo momento y los mismos pesares que ellas y es ahí cuando las comprendemos.
No todo estaba dado por hecho. Algo quisieron decirnos con sus acciones, tal vez no sabían demostrarlo con palabras, lo decían con un obsequio, un llamado de atención, o en silencio. Cuando eran mayores a veces con una rabieta.
Algo quisieron decirnos y no lo dijeron…
Es nuestra tarea entenderlas…para quienes tienen la suerte de tenerla y a quien no, aprender a vivir de otro modo.
¿Cómo comprender a una madre? Sólo experimentando sus mismas vivencias o parecidas.
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