poema

Déjame olvidarte

Siento que te quiero,

pero esto nada cambia.

Te mantienes lejos, a igual distancia.

Puedo hacer miles de cosas

pero antes de todas ellas, estas tú.

Ante cada libro, ante cada verso,

tu rostro aparece,

fantasma, de un pasado reciente

orlado de recuerdos sin fin.

Persigues mis noches.

Persigues mis días.

¿Porqué?…

Sino piensas darme tan sólo un minuto.

Deja tranquila mi imaginación.

Olvida que existo.

Esconde tu recuerdo para que no venga a mí.

Te quiero, pero ya nada importa,

tus noches se han ido muy lejos de mí.

Sólo tus recuerdos bailan en mi mente

al son de un disco de jazz.

Lelia Di Nubila

poema

Poema para tu olvido

No te importa

ni me importa,

aquello que vivimos.

No te importa, ni me importa,

aquello que no fue…

No me importa

el mundo que vivimos.

No me importas tú.

No me importa ser.

Recuerdos de un mundo que he soñado,

se queman en la hoguera del ayer.

Recuerdos de caricias que me has dado,

en el álbum del olvido ya han quedado.

No me importa tu existencia.

No me importan tus creencias.

No me importas tú…

Has muerto…!

Lelia Di Nubila

cuento

Mi profesora de piano

Cuando veo un piano pienso en ella, mi profesora, sentada marcando la partitura y corrigiendo con su voz cascada de tanto fumar. Era muy expresiva, si estaba alegre inclinaba la cabeza hacia atrás y reía con todo el cuerpo, sus manos temblaban permanentemente, pero bastaba que se posaran en el teclado para que lo hiciera vibrar con una melodía clásica o un tango.

 Esther era muy personal. Amiga de mi madre, compañera de viajes y secretos. Ambas estaban solas y con hijos, pero hacían de sus vacaciones periodos de soltería; creo que juntas lograron ese punto de locura donde el bien y el mal se unen para redimirse.

 ¿Como la veo a la distancia? La veo como ese cuadro de McNeill Whistler donde la niña vestida primorosamente de blanco, con balerinas negras atadas a los tobillos y los brazos cruzados apoyados con suavidad en el piano escucha a la profesora ejecutar el instrumento; la dama tiene un aire místico, el pelo recogido en la nuca deja el rostro al descubierto y con él sus sentimientos que se traslucen con el correr de los dedos sobre el teclado. La mujer y la niña son la representación del amor y la admiración. Esa pintura me la recuerda por la magia que lograba despertar en mí.

 Esther era de estructura pequeña y cuerpo esbelto, lucía polleras muy ajustadas o pantalones que marcaban su silueta, y tenía la sonrisa pintada en el rostro.

 ¿Cómo la veo a la distancia?, igual, eternamente igual, los años no pasaron para ella, siempre estaba igual.

 Un día enfermó de gravedad y con Esther sufrió mi madre, se perdían sus encuentros, la memoria compartida. Llegó la jornada de la despedida y también se fue el corazón de mamá. Nunca volvió a ser la misma, con la amiga partió parte del alma. Los secretos tan bien guardados por tantas décadas, los amores de verano, todo quedó enterrado en lo profundo de su ser y reflotó la pena y el resentimiento que la acompañó en el último período.

 ¿Como recuerdo a Esther? Como a la gemela de mi madre en un período en que lo guardaron para sí, un tiempo que permaneció en la nebulosa. La evoco con la imagen que quedó grabada en mí… riendo, mientras su cuerpo se agita tembloroso.

Lelia Di Nubila

poema

Poema LXV

Quisiera ser la brisa

que tus cabellos agitan,

ser aquél árbol,

que a su sombra pasas.

El viento Norte

que por cada poro penetra,

adueñándose de nuestros cuerpo.

El sol ardiente,

que nos recuerda que en el Chaco estamos.

La dulce llovizna,

que cual caricia,

se apodera de ti.

Ser yo misma.

Naturaleza, yo.

Ser todo aquello

que atándote no dañara.

Ser mucho

y  ser poco.

Ser solo yo.

Lelia Di Nubila-libro Reconociéndonos

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poema

Baty

El tiempo pasa,

y no te veré.

Tu niño crece,

y no volverás.

Los días pasan, formando meses…

Tu imagen se agiganta…

Amiga,

¿Porque nos abandonaste así?

¿No volveré a ver tu gesto de enojo,

tu orgullo de madre…?

¿Tus caprichos de niña…?

¡Ay …amiga,

que pronto te has ido!

Lelia Di Nubila