El pueblo dejó de tener calles asfaltadas y volvió a aquellas de tierra que tanto recorrimos. Volvieron los árboles frondosos y sus bellas flores tapizando las veredas.
Volvieron los pinos, ligustros y palmeras de la plaza y hasta podíamos escuchar las marchas patrias.
Hablábamos de cosas simples, disfrutábamos de nuestras amistades, los bailes al son de los discos de los conjuntos de moda en la casa de algún amigo.
Nos enamorábamos enlazados siguiendo estos ritmos.
Volvió mi primera casa en aquella escuela rural. El sonido de los niños en los recreos…
Tu y yo desandamos caminos recorriendo nuestra historia que comenzó casi niños ..
Tu y yo desandamos caminos y nos perdimos en la belleza del ayer.
No son truenos, mi amor, son los golpes sobre el parche del tambor, que baten para ahuyentar las nubes, cual corcel embravecido.
No son rayos, mi vida, son enjambres de luciérnagas que iluminan el cielo.
No temas mi niño que hay miles de corceles y luciérnagas en el cielo de este basto mundo.
Duerme mi niño, duerme que mañana un sol brillante posará sus rayos sobre tu rostro e iluminará tu día. El cielo de un celeste intenso, con sus nubes de algodón acompañarán tu risa.
Duerme mi niño duerme, que los tambores se alejan y las luciérnagas se apagan…
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