poema

Poema para tu ausencia

Extraño todo aquello que de a poco nos unía.

Extraño tus manos que mis cabellos revolvían.

Extraño el amor, en tus ojos reflejados.

Extraño tus brazos, que rodearon mis días.

Extraño tu boca que aprisionó la mía.

 

Extraño todo aquello, que hasta ayer fue mío.

Extraño tus silencios y tus risas.

Tus miedos y caricias.

Te extraño a ti.

manet
Manet

 

cuento

Mi profesora de piano

Cuando veo un piano pienso en ella, mi profesora, sentada marcando la partitura y corrigiendo con su voz cascada de tanto fumar. Era muy expresiva, si estaba alegre inclinaba la cabeza hacia atrás y reía con todo el cuerpo, sus manos temblaban permanentemente, pero bastaba que se posaran en el teclado para que lo hiciera vibrar con una melodía clásica o un tango.

 Esther era muy personal. Amiga de mi madre, compañera de viajes y secretos. Ambas estaban solas y con hijos, pero hacían de sus vacaciones periodos de soltería; creo que juntas lograron ese punto de locura donde el bien y el mal se unen para redimirse.

 ¿Como la veo a la distancia? La veo como ese cuadro de McNeill Whistler donde la niña vestida primorosamente de blanco, con balerinas negras atadas a los tobillos y los brazos cruzados apoyados con suavidad en el piano escucha a la profesora ejecutar el instrumento; la dama tiene un aire místico, el pelo recogido en la nuca deja el rostro al descubierto y con él sus sentimientos que se traslucen con el correr de los dedos sobre el teclado. La mujer y la niña son la representación del amor y la admiración. Esa pintura me la recuerda por la magia que lograba despertar en mí.

 Esther era de estructura pequeña y cuerpo esbelto, lucía polleras muy ajustadas o pantalones que marcaban su silueta, y tenía la sonrisa pintada en el rostro.

 ¿Cómo la veo a la distancia?, igual, eternamente igual, los años no pasaron para ella, siempre estaba igual.

 Un día enfermó de gravedad y con Esther sufrió mi madre, se perdían sus encuentros, la memoria compartida. Llegó la jornada de la despedida y también se fue el corazón de mamá. Nunca volvió a ser la misma, con la amiga partió parte del alma. Los secretos tan bien guardados por tantas décadas, los amores de verano, todo quedó enterrado en lo profundo de su ser y reflotó la pena y el resentimiento que la acompañó en el último período.

 ¿Como recuerdo a Esther? Como a la gemela de mi madre en un período en que lo guardaron para sí, un tiempo que permaneció en la nebulosa. La evoco con la imagen que quedó grabada en mí… riendo, mientras su cuerpo se agita tembloroso.

Lelia Di Nubila

poema

Para poder amarte

Viento, sol y lluvia,

Tres formas de acariciarte.

Tres formas de sentirte.

Tres formas de amarte.

Viento cálido.

Viento Norte que te abraza

Sin darte respiro.

Sol ardiente,

De este Chaco que nos dio la vida,

De esta tierra que nos cobijará en la muerte.

Lluvia,

Fresca y cantarina,

Canción de amor y esperanza.

Lelia Di Nubila-libro Reconociéndonos

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Enseñanzas para mi hijo

Enséñale a mi hijo

a sufrir cada embate.

Enséñale a vivir, con alegría.

Enséñale a morir, todos los días.

Enséñale a amar

a cada instante.

Yo te lo agradeceré toda la vida.

 

Que no pierda ni un minuto de tus días.

Que no llores por la ausencia de alegrías.

Que levante la cabeza con orgullo

y construya el futuro de su vida.

En cada momento de esta aventura,

yo estaré a su lado aunque no me vea.

Y en cada suspiro del viento

una caricia mía  vendrá.

Y en cada nuevo día

en un rayo de sol lo acompañaré.        

Lelia Di Nubila        

                                

poema

Francia 2981

Cuatro paredes, anidan mis noches.

Cuatro paredes sedientas de amor.

Cuatro paredes, repletas de sueños.

Cuatro paredes, de una pensión.

La más pequeña,

la última pieza de la casa.

Esa, es mi habitación, mi mundo,

mi hogar, mi ilusión.

Esas cuatro paredes cubiertas de afiches,

la mesa pequeña frente a la ventana,

el ropero en guardia frente a la cama,

Y en medio…

Ese cajón de frutas como mesa de luz.

Que hermosa es mi pieza.

Que hermoso su mundo.

Cuanta vida anida en ella,

En su humedad y desorden.

Cuatro paredes de un verde pálido.

Cuatro paredes color esperanza

Son cuatro paredes de una pensión.

Lelia Di Nubila