Historia de Familia · Homenajes/Recuerdos · Sentimientos

Un día como hoy

Hace nueve años decidiste partir y así lo creo porque  diste una dura lucha en un plazo muy corto. No te fuiste madre, te siento rondando muy cerca mio, escucho tu risa, tus enojos, es un murmullo constante que no molesta, acompaña. Nadie te describió mejor que tu nieto al despedirte aquel 10 de septiembre de 2007:

A PACITA

Pacita, mi Pacita, la de todos los que la queremos, la que conocemos y que acompañamos su trajinar, hoy cerró los ojos para siempre.

Nadie, que la haya conocido, puede evitar recordarla, con su presencia furibunda, su verborragia incontenible y su capacidad para generar amores y odios con igual intensidad. Siempre presente y siempre protagonista, ella nunca pasó desapercibida. Tenía una manera particular de demostrar afecto, y más particular de pedir ayuda. Tuvo solo dos miedos en la vida, temor a la soledad y a la muerte. Soledad con la que convivió abrazada durante décadas, y muerte que no sintió, porque Dios quiso que parta en Paz.

Nació en Victoria, un 24 de enero de 1923 y ese calor de verano entrerriano marcó a fuego su temple y moldeo su temperamento extrovertido y visceral. Siguió a su hermana Estela Quattrochio a Resistencia – maestra del colegio Itatí y mujer de la cultura cofundadora del Fogón de los Arrieros – e inició sus pasos como docente en el Chaco.

Tuvo tres hijos Monica, Diego y Poupée – mi madre – de su único matrimonio, con Salvador Di Nubila, que luego de brisas y tormenta llegó a sin mas temprano que tarde. Sin embargo el siempre la recordó con cariño hasta el último día.

Fue maestra de campo en Colonia La Dificultad y tuvo una destacada carrera docente en Colonias Unidad y General San Martín, donde fue declarada la Primer Ciudadana Ilustre.

Allí, en “El Zapallar”, esa tierra de algodón y surco, de gringos europeos que dieron esplendor al pueblo con su sudor, fue una destacada vecina de sociedad, y la profesora de Literatura por experiencia.

De vuelta a Resistencia trabajo pocos años hasta jubilarse y crear su propio templo en Padre Cerqueira 125 – su Finisterre -.

En esa casa pasé muchos momentos de mi infancia y mi adolescencia, era mi refugio, mi lugar de juegos y de compañías. Ella era mi profesora y quien me malcriaba. Yo era su regalón… lo soy.

Muchos amigos de la cultura partieron antes a esperar su llegada, Eduardo Fracchia –su amor platónico nunca reconocido- y Ricardo Jara por ejemplo.

Allí están todos, con una sonrisa, en la antesala de una fiesta eterna. Tu mamá, esa de la que tanto te costaba hablar; tu hermana Estela, aquella que marcó tu vida y te enseñó que el amor duele y es difícil de sobrellevar; las demás con quienes te reencontrarás como en la infancia; y por supuesto Salvador, el del corazón grande y sin rencores, quien te abre la puerta y será el gran anfitrión.

“Acuario te pintó” abuela… y virgo te despide.

Pablo Javier Mujica

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Reflexiones · Sentimientos

Aprender a decir adiós

Para quienes traspasamos la mitad de nuestra vida, hay experiencias que se repiten y nos hacen revivir otras que fueron dolorosas pero  de las que guardamos vivencias ricas.

Hoy me enfrento con la misma situación que pasé con mis padres, por momentos trato con un bebé y al rato hablamos del novio que está rondando. No importa el tema…es enriquecedor, porque la relación que tuvimos durante muchísimos años se transforma, los roles cambian y solo podemos agradecer a Dios estar allí para acompañarlos en esos diálogos extraños donde el pasado y el presente se juntan y a veces nos miran como a simples desconocidos, pero eso no importa…solo resta agradecer.

Poesía Breve · Reflexiones Personales/Pensamientos · Sentimientos

Poema para tu olvido

No te importa

ni me importa,

aquello que vivimos.

No te importa, ni me importa,

aquello que no fue…

No me importa

el mundo que vivimos.

No me importas tú.

No me importa ser.

Recuerdos de un mundo que he soñado,

se queman en la hoguera del ayer.

Recuerdos de caricias que me has dado,

en el álbum del olvido ya han quedado.

No me importa tu existencia.

No me importan tus creencias.

No me importas tú…

Has muerto…!

Lelia Di Nubila