Libro Reconociéndonos · poema · Sentimientos

Hombre gris

Ayer, cuando te vi

con esa tristeza opaca que te da la melancolía,

sentí que toda tu tristeza adormecía mis sentidos.

Cuando tu paso lento se apagaba ante tantos pasos de gente como tú.

Llegué a pensar, hombre de mi ciudad

– hombre gris-, que tu cansancio,

era cansancio de siglos, de pueblos enteros.

Y me sentí cansada…

Ayer, cuando pude mirar en tus ojos,

y en ellos se reflejó un mundo,

de colores claros… apagado, cotidiano.

Temí que la rutina que te aplastaba sobre mis espaldas cayera.

Y quise huir… 

fue como si un ejército de hombres grises cubriera todos los caminos,

y recién entonces comprendí que el mundo está hecho

de hombres como tú,

que con sus pequeñas-grandes fuerzas, sostienen esta Tierra.

-1974-

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Sentimientos

Sueños compartidos

En mi familia es común hablar dormido, nos persigue cierto sonambulismo. También «soñar en voz alta», en ese estadio del sueño liviano que nos confunde y no sabemos si lo que estamos viviendo es real o no, si la voz que escuchamos, que suena tan parecida a la nuestra sólo es escuchada por nosotros o hacemos partícipes a los otros.

Un día mi nieta, asombrada con el sueño que había tenido, con mucho entusiasmo comenzó a contármelo. Y, en ese momento, descubrí que disfrutaba de sus sueños tanto como yo, le pasé mi celular y le pedí que me lo grabara para poder compartirlo los mas exacto posible Aquí va el sueño de Abril:

Estábamos en dos cabañas pegadas, «había como seis mil…», encontré una gata igual que la Mimi, parecía perdida, empiezo a jugar y ella me guía hasta un lugar, entro y estaban todos, los tíos, los abuelos, todos .. todos…  en una ronda de silla y en el medio  sentada como indiecito la tía Vero, todos decían «que lindo bebé» y le tocaban la panza.

Entré escondida, porque con mi papá y mis hermanos estábamos en el lugar y no sabíamos que ustedes también y tampoco sabíamos que la tía esperaba un bebé. Le aviso a mi papá y él vino y se sentó en una esquina sin que nadie se diera cuenta, de pronto habló sorprendiéndolos. Agustín, Mateo y Emma eran mucho más grandes y andaban correteando por ahí.

Me despierto…vuelvo a dormirme y entro nuevamente en el sueño, pero vuelvo a la cabaña y sólo estaban los abuelos y la tía Celia, pregunto y me dicen que fueron al hospital. Nació el bebe al que le pusieron un nombre raro que no recuerdo, pregunté porque se llamaba así y la tía Vero me dijo que era el nombre del hijo de  su mejor amiga.

Me desperté nuevamente y volví a dormirme siguiendo con el sueño, los chicos eran más grandes, el bebé también…y yo… tenía como 13 años. Nos fuimos a comer para festejar «el cumple mes» del bebé y decían los chisten de siempre . Los chicos jugaban cada uno por su lado, se cae Emma y nadie hace caso  porque estaban todos atentos al bebé.

De pronto escucho Abril, Abril, Abriiiiiiiiiiiiil, pensé que era parte del sueño, me tocan, me doy vuelta y era Santiago que me llamaba para me levante porque ya era tarde…

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Christian Schloe
Sentimientos

Soñando en voz alta

Soñar en voz alta es algo que me acompaña hace mucho tiempo. No siempre me escucho, pero cuando lo hago, es un placer escucharme dialogar con aquellas personas que hace rato que ya no están.

Anoche lo hice en una reunión, una divertida reunión  con mi tía paterna. Una tía singular porque soy su homónima, porque me costó mucho aceptar el nombre que llevaba hasta que comprendí el significado del mismo. Estaban presentes mi tía, mis primas y yo hablando de historias pasadas…hablando de los últimos días de mi padre.

Esto, sólo puede ocurrir en sueños, porque mi tía partió mucho antes que mi padre, le contaba sobre su enfermedad y de mis conversaciones con él cuando ya estaba muy perdido, y ella me contestaba, si… me contestaba como lo habría hecho ella, con esa personalidad tan especial, tan única, de tía soltera que cobijó a toda la familia y que era su unión. Fue hermoso. Encontré respuestas a ciertas dudas que me acompañaban hace mucho, no se como expresarlo. Fue tan vívido, tan dulce . Fue otro de mis sueños en voz alta…

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Sentimientos

Un día como hoy

Hace nueve años decidiste partir y así lo creo porque  diste una dura lucha en un plazo muy corto. No te fuiste madre, te siento rondando muy cerca mio, escucho tu risa, tus enojos, es un murmullo constante que no molesta, acompaña. Nadie te describió mejor que tu nieto al despedirte aquel 10 de septiembre de 2007:

A PACITA

Pacita, mi Pacita, la de todos los que la queremos, la que conocemos y que acompañamos su trajinar, hoy cerró los ojos para siempre.

Nadie, que la haya conocido, puede evitar recordarla, con su presencia furibunda, su verborragia incontenible y su capacidad para generar amores y odios con igual intensidad. Siempre presente y siempre protagonista, ella nunca pasó desapercibida. Tenía una manera particular de demostrar afecto, y más particular de pedir ayuda. Tuvo solo dos miedos en la vida, temor a la soledad y a la muerte. Soledad con la que convivió abrazada durante décadas, y muerte que no sintió, porque Dios quiso que parta en Paz.

Nació en Victoria, un 24 de enero de 1923 y ese calor de verano entrerriano marcó a fuego su temple y moldeo su temperamento extrovertido y visceral. Siguió a su hermana Estela Quattrochio a Resistencia – maestra del colegio Itatí y mujer de la cultura cofundadora del Fogón de los Arrieros – e inició sus pasos como docente en el Chaco.

Tuvo tres hijos Monica, Diego y Poupée – mi madre – de su único matrimonio, con Salvador Di Nubila, que luego de brisas y tormenta llegó a sin mas temprano que tarde. Sin embargo el siempre la recordó con cariño hasta el último día.

Fue maestra de campo en Colonia La Dificultad y tuvo una destacada carrera docente en Colonias Unidad y General San Martín, donde fue declarada la Primer Ciudadana Ilustre.

Allí, en “El Zapallar”, esa tierra de algodón y surco, de gringos europeos que dieron esplendor al pueblo con su sudor, fue una destacada vecina de sociedad, y la profesora de Literatura por experiencia.

De vuelta a Resistencia trabajo pocos años hasta jubilarse y crear su propio templo en Padre Cerqueira 125 – su Finisterre -.

En esa casa pasé muchos momentos de mi infancia y mi adolescencia, era mi refugio, mi lugar de juegos y de compañías. Ella era mi profesora y quien me malcriaba. Yo era su regalón… lo soy.

Muchos amigos de la cultura partieron antes a esperar su llegada, Eduardo Fracchia –su amor platónico nunca reconocido- y Ricardo Jara por ejemplo.

Allí están todos, con una sonrisa, en la antesala de una fiesta eterna. Tu mamá, esa de la que tanto te costaba hablar; tu hermana Estela, aquella que marcó tu vida y te enseñó que el amor duele y es difícil de sobrellevar; las demás con quienes te reencontrarás como en la infancia; y por supuesto Salvador, el del corazón grande y sin rencores, quien te abre la puerta y será el gran anfitrión.

“Acuario te pintó” abuela… y virgo te despide.

Pablo Javier Mujica

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