poema

Recordándote

En la fina llovizna
que a la ciudad mojaba.
En la bruma londinense
que a Resistencia asolaba.
Tu presencia estaba.

En el húmedo sol
que a la siesta asomó.
En el sueño
que a mi habitación me empujó,
tu sombra continuaba.

Eres más que una sombra.
Eres sol y lluvia,
bruma y sueño.
Eres todo y nada.
Solamente eres TÚ.

Lelia Di Nubila-libro Reconociéndonos

poema

Ella, soledad

Cada hora que pasa,

siento el olvido más cerca.

Cada hora que pasa,

el mundo está más cerrado ante mí.

Siento la soledad

en su más dolorosa forma.

Ella está dentro mío.

Ha hecho nido en mi cuerpo.

La gente me rodea.

La gente está conmigo,

pero…no la siento.

Se ha apoderado de mí.

Mi cuerpo está con ellos.

Mi espíritu parece una pequeña isla

Rodeado por un océano que lo aprisiona.

Lelia Di Nubila

poema

Postrimerias

En los largos días de la espera.
En los tristes días de la larga espera.
Su enorme peso sólo acrecienta
el dolor intenso de esta soledad sedienta.

Las garras del tiempo
van dejando huella,
en mi espíritu inquieto de mujer enamorada.

Hoy,
la negra nube que cubre mi camino
anulando todo futuro,
me obliga a decir:
Adiós, amado.

Lelia Di Nubila-del libro «Reconociéndonos»

poema

Poema LVII

La noche te recuerda,
el día también.
Eres la sombra de algo inalcanzable,
lo definitivo.

Sé que te quiero,
pero amo lo ausente.

Sé que te extraño,
pero extraño la nada.

Eres fantasma de algo que sueño.
Eres TÚ, todo y nada,
pronombre de lo imprevisible.
Sólo sé que te espero.

Lelia Di Nubila

poema

Facetas

Hoy soy gitana puedo adivinar,
predecir el futuro y…
Mucho más.

Hoy soy pájaro puedo volar,
recorrer el mundo sin descansar.

Hoy, soy niña
y puedo jugar a mil cosas distintas pero…
no llorar.

Hoy soy árbol puedo dar
frutos de mil sabores,
cada vez más…

¡Hoy, soy mujer!
¡Y queriéndote… aún más!

Lelia Di Nubila-libro Reconociéndonos


poema

Un último adiós

Porque en tus últimos días nos dijimos
tantas veces cuánto nos queríamos,
porque, te acaricié y te dije al oído
lo que no te había dicho en una vida,
porque el dolor de tu última mirada fue la despedida.

Pensé que me costaría menos cortar raíces.
Pero dolió, fue como si te estuviera pariendo.

Y cada nuevo día arrastro mi cuerpo
por la casa queriendo volar nuevamente.

La otra noche volviste,
con tu cuerpo etéreo me envolviste como cuando era niña,
besaste mis mejillas.

Y te vi… Padre, sentada en la cama,
te vi partir con una sonrisa…

Lelia Di Nubila-libro Reconociéndonos