Sentimientos

La madrugada está avanzada y el insomnio hace que mis ojos estén muy abiertos en la oscuridad de mi habitación a pesar del cansancio que tengo. Sólo el ruido de los truenos lejanos y el ronronear del ventilador me acompañan.

Paso revista a mi pasado reciente y no tan reciente lo hago con la tranquilidad de que todo lo que he hecho lo hice con la mejor de las intenciones, los resultados no importan. Veo pasar las imágenes de mis seres queridos que ya partieron, que cada vez son más. Sonrío porque tengo una conexión directa con ellos, los veo, los sueño, me dicen que están en paz, que quedamos en paz, que nada nos debemos, que nada entorpece esta relación.

Se que cuento con ellos, son fieles. Ellos nos guardan  y en los momentos difíciles acudo a algunos  y le digo simplemente “tirame una soga”, y esa soga es la fortaleza que necesito en ese momento, y me la brindan.

Ha mediados de diciembre estaba sola, muy hipertensa y me preparaba para asistir al acto académico de mi nieto, pedí un taxi muy descompuesta y durante el viaje en silencio le pedí “tirame una soga” quiero estar presente en el acto de tu hijo ¡ayudame!. Llegué, busqué ubicación, y disfruté del acto… de ver a mi nieto portando la bandera y entregándola a su sucesor, emocionada y sin síntomas del malestar anterior. Si, ella estuvo allí presente!

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Sentimientos

Seguramente estas festejando tu cumpleaños… no podrías dejarlo pasar. Unidas en el infinito con Estela tu hermana jamás olvidada, tu madre, tus tías y esa abuela que con su gran corazón abrazó a todos tratando de protegerlos. Allí deben estar tus amigos los que partieron antes y los que se sumaron después. Que bullicio, todos juntos…  Brindo por vos mamá, por un nuevo cumpleaños!!

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Cerrando círculos

Hace unos años atrás, después de mucho postergar, pudimos viajar con mi esposo en la Semana Santa de 2012 a Entre Ríos.

Existían dos motivos muy importantes: visitar a la hermana menor de mi madre única sobreviviente de esa generación, la de mis tíos, la de mis recuerdos de infancia, y la otra trasladar los restos de mi abuela que se encontraban en Nogoyá.

Fue un viaje emotivo,  recorrimos en Nogoyá y Victoria: Cementerios, Municipios, Registros Civiles, Iglesias recolectando documentación y sintiéndolos rozár  mi cuerpo.

El final del viaje en casa de mi tía Julia en Paraná, un par de días irrepetibles, con ronda de primos, sobrinos y ella con sus 87 años, nos acompañaba hasta la madrugada, compartiendo anécdotas, historias familiares, música, “comida”, los infaltables mates y por sobre todo risas. No parecía que habían pasado 20 años de la última vez que nos vimos. Disfrutamos en familia. La tía me permitió escanear fotos que desconocía de mi madre y hermanos cuando eran  niños y del abuelo -fue la primera vez que vi  a Don Carlos Eliseo Quattrochio-

Ese viaje tenía un propósito, quería cerrar el círculo que mi madre había dejado abierto con su muerte, lo único que me quedaba por hacer era trasladar su madre de Nogoyá y su hermana del Cementerio Municipal para que descansaran con ella en el Jardín de Paz. Lo necesitaba, fue un proceso solitario, la única persona que me acompañó en él fue mi marido. Abrir urnas, trasladar restos y una ceremonia de inhumación que ellas se merecían. Al verlas descender me quebré por primera vez y me quedé allí por mucho tiempo, sentada mirando esa fosa que cobijaba mucha de la historia de mi vida.

Cuando voy al cementerio, pongo la mano sobre la lápida donde están grabados los nombres de las tres y sé que están en paz.

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Mi Escuela 363

A casi todos nos pasa que cuándo recordamos hechos de nuestro pasado,imaginamos su entorno, lo vemos tal cual fue en la época que ocurrió. Cuando volvemos podemos encontrar igual, peor o desconocido. Esto fue lo que me ocurrió en mi vuelta al pueblo.

Quise visitar la escuela donde viví muchos años e hice casi toda mi primaria. La escuela estaba cambiada, algo ampliada, bastante abandonada y su entorno desconocido. Mis sentimientos fueron tan dispares, alegría por volver y desilusión por lo que encontré. Mis recuerdos se agolpaban. El gran aserradero que existía al frente hoy es un baldío, sucio y abandonado, no queda nada, la casa de los dueños que estaba edificada detrás también desapareció. ¡Que tristeza!

Sé que no todos lo comprenden porque no vivieron la escuela de la que yo disfruté, de mi patio… Entre la casa y la escuela no habían divisorias, sus hamacas, sube y baja, balancín y galerías eran mis lugares de juego habituales los fines de semana y cuando las clases concluían. Podía disfrutar andar en bicicleta en su patio áspero que dejaba mis rodillas machucadas cuando me caía.

Fue una infancia solitaria pero de muchas aventuras. A unos cien metros había una  laguna donde buscábamos conchillas para después pintarlas y al anochecer se escuchaba el aullido de los monos carayá proveniente del monte cercano. No había luz, dependíamos del “sol de noche”, lámpara que primero fue a querosen y luego a gas. Si nos sentábamos en el patio la luna y las estrella iluminaban para nosotras, siempre con los pies sobre un banco para evitar que nos sorprendieran las serpientes.

Hermosos recuerdos de una época que para muchos quedó en el olvido pero para mí  sigue presente en mi memoria.

Mi sueño, Oppido Lucano

Mi sueño, conocer Oppido Lucano, “paese” de Giuseppe Di Nubila, mi abuelo. Quiero recorrer sus callecitas, tratar de imaginar como  vivió él de niño…en el seno de una familia numerosa que había plantado cimientos allí después que el terremoto de 1857  azolara  Montemurro.

Muchos miembros de la familia del bisabuelo Giovanni quedaron bajo los escombros, entre ellos su madre Orsola y sus hermanas Marzia  y Caterina.

¿Cómo vivió en esa familia, que como muchas otras debió seguir adelante, obviar sus flaquezas y dolores y enfrentar  los golpes que la vida le deparó apostando a la familia y al trabajo?

¿Cómo vivió de joven, huérfano de padre y con una “mamma” fuerte que trataba de mantener y educar a sus hijos con el fruto de las propiedades que se le fueron diluyendo?

¿Cómo decidió con sus hermanos probar la América y terminó en la Provincia de Corrientes, aquí en Argentina?

¿Mi sueño? conocer Oppido y encontrarme con mi abuelo.

 

¿Qué tendrá la princesa?

El célebre Rubén Darío escribió:

La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

No es el caso de nuestra princesa Abril, brillante, espontánea y de mucho carácter.

¿Qué tendrá la princesa? Nuestra princesa está estrenando un nuevo año en el calendario de su vida. Le ha llevado días organizar su cumpleaños y gracias a la tecnología, whatsapp de por medio, las  cosas fueron más fáciles.

Subida a sus roller baila al son de sus canciones favoritas inventando coreografías. La princesa ha ganado energía, sus ojos brillan, sus mejillas sonrojan.

¿Qué tendrá la princesa? La princesa está alegre. La princesa está cumpliendo años!!