Palabras Ausentes-Cap.5

Su madre consideró que tenía mucho tiempo libre y había que ocuparlo en algo más que juegos solitarios y lectura, un día apareció con un cuaderno pentagramado, lápiz y borrador y le entregó simplemente diciendo: “A partir de mañana vas a estudiar piano…”

Sintió miedo ante esta decisión pero la acató sin una palabra, sin un gesto. Obediente, tomó sus clases pero además de aprender a ejecutar un instrumento le sirvió para desarrollar sus habilidades educativas, ocupaba el tiempo ayudando a la profesora, dando clases a aquellos que estaban en un nivel más bajo.

No fue suficiente, su madre le incorporó el estudio de tejido y bordado en un colegio religioso. El resultado fue el mismo: ayudaba a atender los pequeños del jardín de infantes que allí funcionaba y luego, hasta que la buscaran al anochecer para el regreso a su casa, se unía a las monjas en la oración de la tarde. Era un cuarto muy acogedor, austero, sólo tenía unos bancos y una mesita pero se sentía muy confortada en ese círculo de paz.

La madre no lo entendió así, le parecía tiempo perdido, no veía resultado en el aprendizaje de las labores, ella no percibía que lo que estaba haciendo era el aprendizaje de la vida y del servicio. Las monjas que la comprendieron desde el primer momento, se dieron cuenta que allí era feliz e intentaron retenerla. Fue inútil cuando su madre se proponía algo no había retroceso.

Era más fácil su relación con los adultos que con los niños. Sorprendentemente el desparpajo y la desinhibición con la que los niños hablan la hacían sentir avergonzada y su timidez se agudizaba aún más. No podía compartir juegos porque no disfrutaba. Era un adulto escondido en el cuerpo de una niña.

Pero por suerte se abrió una nueva puerta. Por propia iniciativa pidió permiso para estudiar danzas y se lo concedieron, fue su logro personal. La conjunción de la música y la danza la hacían vibrar y vivir con toda su intensidad, podía expresar sus miedos y alegrías, sus dolores y fantasías. Fue el lenguaje que le permitió liberarse y la acompañó toda la vida.

Pero había algo que se mantuvo como una constante, su disociación, cuando debía enfrentar cosas difíciles se enroscaba en si misma, oía y veía todo a través de una ventana, escuchaba su voz y observaba desde afuera, desde el espacio.         

Sus mejores momentos eran cuando deambulaba por el campo como un animalillo salvaje, descalza y con pantaloncitos cortos, disfrutando con su amigo de correrías a la orilla de la laguna juntando conchillas que después decoraría. Volvía desgreñada, llena de arañazos de las plantas y moretones por los golpes pero conforme con la aventura, no se quejaba y su madre no lo notaba.

Adoraba la libertad y la lograba leyendo. Durante sus expediciones, eran los únicos momentos en que podía sentirla en la realidad, por ello se relacionaba mejor con varones, ellos no competían, ni lloriqueaban, compartían pequeños descubrimientos como grandes hechos históricos, ellos no preguntaban.

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Dolores

Tantas veces reí.
Tantas veces lloré por pequeñas cosas.
Tantas veces sufrí por grandes dolores,
que a la distancia son granos de arena.


Gracias,
gracias Señor, por enseñarme a ver mis penas,
a través de los dolores ajenos.

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Sueños compartidos

El sueño de Abril:

Me levanté y le pregunté a mi papá donde estábamos.  Era una casa hermosa con vista a la playa…estaban ustedes los abuelos, los tíos:Vero, Mati y Celia, los primos: Agustín, Mateo y Penchi, mi hermano Santiago, papá y yo.

Papá me  explicó: -Vos dormías y no te querías levantar así que te trajimos dormida. Nos mudamos a Miami.

-¡Mudarnos! ¿creí que estábamos de viaje?

-Nos mudamos, compramos esta casa y el tío un local para vender remeras.

-¡Queeee!-

-Vamos a disfrutar de la playa- dijo papá.

Me puse la malla, todo re bien. En la playa vi una cosa semienterrada en la arena, la levanto y era una piedra envuelta en un papel que decía “Abril” y en la otra punta de la playa había otra que decía “corazón”. Le pregunté a mi hermano a que estábamos jugando y él me contestó “que palabras”. Le pregunté a mi papá porque escribió esas palabras, me contestó que no lo había hecho y así sucesivamente todos.

Pensé que no era una casualidad y nadie conoce mi nombre. Las guardé en un libro de los estantes de mi pieza. A la tarde las saqué para ver de quien era la letra, pero no coincidía con nadie de mi familia, dí vuelta el papel y detrás decía “soy yo”. Pensé que era una broma, hay diez mil yo.

Salimos a caminar con vos abuela, recorriendo el centro de Miami, entramos a un shopping, quisiste ir al baño, te esperé, en ese momento las personas comenzaron a correr hacia la calle, sorprendida no entendía nada. Habían anunciado un tornado, y nosotras también corrimos.

Llegamos a la casa, cerramos todas las puertas, en ese momento se me voló el papel que decía “Abril”, quería correr tras él y no me dejaban, logré salir y lo perseguí hasta el agua, lo agarré, volvió a volar por el viento del tornado, logré regresar a la casa y en ese momento… ¡Puff….! me levantaron para el colegio…Era un sueño!!

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Cristian Schloe

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Visiones

Cierro los ojos lentamente y allí están …esos ojos que miran a la distancia, y otros  hacia  mí. Son ojos de niños, jóvenes y ancianos, unos de dulce mirar y otros con el cansancio a cuesta.

Siempre que cierro los ojos los visualizo.

¿Quienes son?  No los conozco, pero  allí están.

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Palabras Ausentes-Cap.4

La infancia transcurre con altibajos, con muchas piedras en el camino, las que sirvieron para que creciera espiritualmente y aprendiera que siempre alguien nos protege.
Una parte muy importante de la infancia transcurre en la escuela, para ella era una prueba diaria, resultaba muy difícil integrarse, la vivía desde afuera como espectadora.
Lo contradictorio era la participación que tenía en todos los actos patrios, no sólo en la escuela, también en aquellos que se realizaban en la plaza del pueblo con toda la pompa que se les otorgaba. Parecía que recitando, actuando o llevando una ofrenda floral, se transformaba y allí sólo estaban ella y su voz, disociadas, ella flotando en el aire mientras caminaba delante del público.
En ese instante no era la tímida niña, era otra persona que vivía el momento a través del vidrio de una ventana.
La vida tiene esas cosas, las aceptamos o sucumbimos y ella aprendió que en su refugio íntimo nadie podía herirla, allí todo era amor, calor, color y belleza, allí practicaba formando familias con elementos insólitos, familias felices, donde mamá y papá estaban juntos y protegían a sus hijitos.
Unas vacaciones en casa de papá le prestaron una caja llena de lápices de colores de todos los tamaños, para que se
entretuviera a la siesta sin molestar su descanso. Nunca había visto tantos lápices, ni esa gama de colores tan completa y contrariamente a lo que hubiera hecho cualquier niño que era pintar, ella los separó por colores y creo familias, los mosaicos de la cocina se transformaron en casas con sus diferentes habitaciones donde vivían los rojos, con sus familiares rosados y vecinos azules y amarillos. En tan fecunda imaginación la cocina se transformó en un barrio, con adultos y niños viviendo
las rutinas comunes a cada uno, conviviendo en un ambiente alegre y amoroso. Como siempre todo terminó mal, con una crisis de llanto de su hermana porque había tocado sus lápices.
En casa de su mamá su habitación se transformaba en escuela, colocaba en fila los medicamentos, ubicando los frascos de acuerdo al tamaño, los chiquitos delante y los grandes detrás. Podía pasar horas dándoles clase y haciendo hincapié en los modales que debían mantener.
Esos juegos infantiles fueron su escudo y perduraron en el tiempo más allá de la infancia.
¿Cuál era el motivo de esa transformación? Ni ella lo sabía y menos que ella los demás, porque estas situaciones eran de las que “… no se hablan, no se cuentan, no se pregunta”.
Existía un mandato tan fuerte que no era necesario averiguar, ya se sabía la respuesta.

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Acuario te pinta madre

Si, ya lo sé, un nuevo aniversario de tu partida se cumple.

Pero..¿ acaso no estás, acaso te fuiste?

Tu figura inquieta aún recorre la casa.

Tu temperamento avasallante empuja mis días.

Acuario sigue mostrándote explosiva y ardiente en el recuerdo de quienes te conocieron.

Acompañas mis sueños con tu verborragia de siempre.

Hace diez años te despedí con todo el dolor aplastando mi ser.

Pero no te fuiste, aquí estás rondando mis días.

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