Pesares

Me miras tan triste…
Me miras sin ver…
Eres mi padre, el padre que amo y amaré.
Ya no me reconoces,
y yo no te reconozco.
Miro tu rostro y en el se reflejan los golpes que te dio la vida.
Tu cuerpo tan frágil y etéreo
no se parece a aquel otro,
voluminoso y de caminar cansino.
Poso mis manos en tu cabeza,
acaricio tu cuerpo,
Tus ojos se cierran y te relajas.
Estás en paz.

Noviembre de 2004-libro Reconociéndonos

salva

Poema para tu ausencia

Extraño todo aquello que de a poco nos unía.

Extraño tus manos que mis cabellos revolvían.

Extraño el amor, en tus ojos reflejados.

Extraño tus brazos, que rodearon mis días.

Extraño tu boca que aprisionó la mía.

 

Extraño todo aquello, que hasta ayer fue mío.

Extraño tus silencios y tus risas.

Tus miedos y caricias.

Te extraño a ti.

manet

Manet

 

Soledad

Un día,

me gustaste como nombre;

mas recién hoy, conozco tu verdadero significado.

Te veía rodeada de un halo de misterio.

Distante.

Lejos mío.

 

Hoy te conozco,

tal cual eres:

Fría, triste, desesperante.

Hoy podría llamarme Soledad.

 

Cuanto llanto hay detrás de tu nombre.

De cuanto sufrimiento te ves acompañada.

Soledad…

Tú me haces recordar:

“días grises en que mis ojos vueltos a la lejanía

miran lo inalcanzable,

o noches negras y largas en que tumbada dejo deslizar por mi rostro

lágrimas de impotencia ante el presente”

 

Estas poblada de recuerdos,

de recuerdos y sueños.

Estas plena de rostros que desfilan ante mí,

detrás de la bruma del tiempo transcurrido.

Cada día eres más espesa.

Cada día me envuelves más con tus tentáculos de pulpo

que no quieren dejar escapar la presa.

Me oprimes.

Me desgastas.

 

Hay días que veo de cerca el pavor de no volver a verlo.

Mis fuerzas flaquean…

creo no llegar al fin  de la senda.

 

Soledad,

hoy eres mi única compañera.

La amiga que sabe de mis sufrimientos.

 

Me has rodeado,

construyendo un mundo aparte donde tú reinas,

donde mis únicos compañeros son:

“recuerdos…recuerdos…

a veces tristes, lo más felices,

pero sólo recuerdos……”

 

Christian Schloe

Caos en la oficina

-Es Juan, el hombre que reparte la correspondencia, enloqueció y cree que lo están acosando.

El desorden lo cubre todo, la gente corre desesperada mientras unos yacen en el suelo. El caos es tan grande que solo piensan en salvarse.

Desde mí puesto de observador miro como en una película lo que está sucediendo a mí alrededor. No puede ser Juan quien haya sacado el arma y disparado a mansalva. Lo veo a diario, recorre las oficinas repartiendo la correspondencia, es un hombre tranquilo, que para cada uno de los empleados tiene una palabra amable.

Hoy vino desquiciado,  nos miró con desconfianza, y se sentía perseguido y gritaba frases incoherentes. Solo entendí  que se dirigió al gerente diciendo:

-¿Me ha estado observando? -inquirió con una mirada rencorosa dibujada en su cadavérico rostro.

 El gerente es un hombre que no acostumbra mentir.

-Confieso -dijo- que he observado su comportamiento y que ha despertado mi interés y curiosidad en el más alto grado.

El hombre sacó un revolver  que tenía oculto en el pecho, giró sobre si mismo y comenzaron los balazos.

-Es Juan, el hombre que reparte la correspondencia, enloqueció y cree que lo están acosando –me repito para que no me queden dudas.

Veo algunos compañeros tirados en el piso con graves heridas, otros escondidos tras los escritorios. ¿Yo?, estoy aquí detrás de él, oculto pues me molestaría mucho que me acosaran con preguntas; afortunadamente Juan no me ha visto. Las sirenas se escuchan muy cerca, los gritos continúan y yo sigo diciéndome, no vaya a quedar alguna duda:

-Es Juan, el hombre suave y cordial que todas las mañanas me da la correspondencia.

gustave courbet-le-désespéré